Para Martín David Rincón
Por Jhon Sebastian Suarez Rincón
Un anciano olvidado es como un libro viejo sin
leer. Por eso quiero contar algunos rasgos de la vida de mi abuelo. Una persona
que tuvo que salir del campo para enfrentarse con la ciudad, una gran mole que
para una persona que viene del campo es más difícil de llevar; también narro parte
de su vida y todo lo que tuvo que pasar aunque hoy en día él no se acuerde de
lo que hizo el día anterior y así vaya a suceder por el resto de sus días.
El 5 de julio de 1949 nació mi abuelo Martin David
Rincón en el pequeño pueblo de Santa Rosa de Viterbo; sus padres se llamaban
Rosendo Rincón y Evangelina Rincón y tuvo que vivir con 7 hermanos. Todos dormían en una sola pieza; solo cursó hasta
segundo de primaria en una escuela de Santa Rosa de Viterbo.
Santa Rosa es un pequeño pueblo muy tranquilo con
su iglesia y su parque. Cuando mi abuelo era un niño, el parque estaba rodeado
de casas de adobe y barro.
En ese entonces las personas no tenían Facebook ni
existían los teléfonos inteligentes que hoy en día nos facilitan nuestra vida
diaria; no todos los niños tenían la posibilidad de estudiar por falta de recursos.
Esto es curioso porque hoy en día cuando el estudio es gratis lo único que
hacen los jóvenes es meterse en su celular a chatear porque eso es lo único que
les gusta leer.
Mi abuelo es un hombre que no tuvo la posibilidad
de estudiar por falta de recursos. A sus doce años tuvo que dejar su niñez
atrás y comenzar a enfrentarse a un mundo lleno de obstáculos; dejando su hogar
y a sus padres aprendió que solo
luchando y trabajando podría llegar a ser alguien en la vida.
Debido a su corta edad pudo trabajar como ayudante
de un camión vendiendo comida en diferentes ciudades como Duitama, Tunja y
Bucaramanga.
Mi abuelo fue una persona que logró encontrar su
propia forma de trabajo; y yo creo que se trata de un arte mítico, eso digo yo,
porque no creo que esto se vea frecuentemente
en la sociedad; para sacar a su familia adelante se desempeñó como comerciante
y conductor de su propio camión con el cual llevaba mercancía (cotiza) a
diferentes lugares de Arauca y el Tolima; con este trabajo logró comprar su
casa, y darle educación a su hija, algo que a él no le dieron
Cuando pregunto cómo hizo mi abuelo para aprender a
manejar; la respuesta se dirige a la infancia de mi abuelo. Luego de salir muy
joven de la casa paterna porque no estaban bien económicamente con lo poco que
cultivaban y podían vender en la plaza de mercado, se fue a trabajar con su tío
Juan, quien le daba la alimentación y un lugar para dormir; también le enseñó a
manejar, le ayudó a sacar el pase y así fue como comenzó.
Después de esto se fue a Venezuela a echar machete
en una platanera; estuvo una año y siete meses en una hacienda que estaba muy
alejada del pueblo (Estado Táchira); en este trabajo ganaba ocho bolívares
diarios, en un mes eran doscientos
cuarenta bolívares; pero se devolvió porque extrañaba a su esposa y a su
hija quien ya tenía un año y ocho meses de nacida.
Después comenzó a ahorrar para comprar su camión y
ya no depender de los demás, y en este transcurso conoció a un señor llamado
Pedro García en el pueblo de Santa Rosa de Viterbo. Éste señor le habría
enseñado a elaborar una alpargata y con é empezó a viajar a Tame,
Saravena y Arauquita. Mi abuelo me cuenta que al comienzo le daba miedo viajar
porque había guerrilla y los podían bajar del camión y quemarlo; él decía que
después de un tiempo no le daba miedo porque ya lo conocían y sabían que lo
único que él hacía era transportar la cotiza también; me dice que cuando hacían
retenes él se bajaba del carro y les gastaba un tinto a los guerrilleros que ya
lo conocían.
Esto fue así durante unos trece años, hasta cuando
lo robaron en un restaurante en la vía Tame - Saravena porque sabían que
llevaba más o menos unos quince millones de pesos de ganancia; él dice que tal
vez le pudieron dar una sustancia en la sopa porque empezó a sentir mucho sueño
y tuvo que parar en un hotel más adelante y ahí fue donde lo robaron; también
sé que el lugar donde ocurrió esto ya no existe; cuando despertó estaba en un
hospital porqué lo había llevado su amigo Alfonso Niño.
Después amenazaron con matarlo si volvía a ir a
estos lugares, así que no volvió y como sus únicos clientes estaban en estas
ciudades dejó de fabricar la cotiza y se dedicó a trabajar con su camión ya
viejo, en Duitama.
Con el tiempo se enfermó de sus rodillas y sus
brazos, y pronto tuvo que dejar de trabajar por el dolor que le causaba; los
médicos le aconsejaron que se jubilara y pues él se resignó y tuvo que vender
su camión; además cuando lo vendió lo robaron porque no le dieron todo el
dinero; y el viejo camión lo vendieron por partes y por chatarra; eso es lo que
me contaba mi abuelo con dolor.
Hace poco más o menos un año él había empezado a
vender comida (cochinitos) en la calle con un canasto; él iba de taller en
taller y pues así él estaba volviendo a sentir útil y podía volver a contribuir
con los gastos de la casa; todo iba bien hasta que el 28 de diciembre de 2013
él tuvo un A.C.V (accidente cerebro vascular).
Nos dijeron que él ya había tenido tres episodios
anteriores; duró varios días en el hospital y en este transcurso olvidó quien
era, o qué era lo que hacía, o quién fue en el pasado; lo único que recordaba
era a su familia; hace un mes nos dieron la noticia de que él iba a olvidar las
cosas y de que él no se iba a recuperar y que lo único que podíamos hacer era
pasar con mi abuelo, el mayor tiempo posible, hasta que se fuera…
Por eso lo único que digo es que hay que aprovechar
a estos héroes que nos pueden sorprender con sus historias que parecen algunas
veces de ficción pero que son ciertas.
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