martes, 16 de septiembre de 2014

EL NO-LUGAR PARA LOS ENAMORADOS

El siguiente texto ha resultado ser uno de las mejores crónicas de nuestro proyecto. Para motivar a los tomasinos a escribir sus respectivos trabajos vale la pena leerlo

EL NO-LUGAR PARA LOS ENAMORADOS
Por Mayra Salazar

Hacia 1928 en el municipio de Duitama, perteneciente al departamento de Boyacá, se pensaba de manera inocente y ambiciosa en un sistema de acueductos que recibiera abastecimiento de los recursos hídricos naturales.

La administración del acueducto de la ciudad, ubicada en el valle de cuatro montañas propensas a generar corrientes de agua, que desde lo alto descienden hasta el municipio, emprendían la búsqueda de un lugar que no fuera riesgoso para excavar y para construir estanques de reserva  de enormes proporciones, un lugar deshabitado y lejano de las miradas de los curiosos habitantes, del bullicio de las festividades típicas de los pueblos y cercano a cauces de ríos. Al norte de la ciudad se encontraba una colina en donde el agua fluía de modo subterráneo (agua proveniente del páramo, en donde se situaba la laguna Pan de Azúcar), un lugar casi secreto en el cual se podía explotar el recurso hídrico necesario para la población. El acueducto inició allí las construcciones, como se había previsto, almacenó el agua en estanques enormes y al cabo de unos meses estaba abasteciendo a la gente.

De manera clandestina, desde el comienzo del funcionamiento de esta parte del acueducto, las parejas de jóvenes se reunían para iniciar allí los amoríos inocentes o los amores eternos de la época. Besos, detalles y sonrisas se compartían alrededor de tres estanques repletos de agua. Durante cuatro años la colina se usó para dos destinos: represar las aguas y atestiguar los amores. En 1932 Luis A. Soler, alcalde del municipio, decidió llamar al lugar “Parque de los enamorados”. Lo bautizó y lo condenó al auge y a la popularidad, algo hasta el momento no previsto, provocando que junto a los estanques se iniciara la construcción de canales por donde fluyera el agua de manera agradable; pequeños estanques de estructura diversa: uno en forma de trébol y otro de laberinto; puentecitos de madera para cruzar los canales y unas sillas, también la presencia de un parquero de apellido Vargas quien vivía en una de las casas aledañas y realizaba sus rondas con bastón en mano.
Las jovencitas, usando como pretexto ir a comer helado con sus hermanitos, se desprendían de sus padres; en efecto se dirigían a la heladería Panamá, en donde compraban helados y luego iban al “Parque de los enamorados”; algunas jóvenes se encontraban con sus novios; otras se sentaban en el pasto cerca de los estanques a cortar tréboles; en espera de un novio si el trébol era de cuatro hojas y en la desdichada soltería si era de tres.

Los visitantes podían ir a ver los insólitos patos en los estanques; en una visita de un grupo de escolares, quienes realizaban recorridos juguetones y desprevenidos, uno de los niños con una edad no menor a los doce años se resbaló  en un estanque y  se ahogó, sus amigos no pudieron auxiliarlo, lo que reforzó la mala reputación del parque y la privacidad de los enamorados, como recuerda el profesor Alberto Parra Higuera en su libro “El pozo de las imágenes” (1995).

De manera muy conveniente en 1935, se construyó cerca al parque la empresa Bavaria S.A, permitiendo llegar a un acuerdo con el acueducto de Duitama, haciendo que una parte del agua en almacenamiento se destinara a la empresa – con objetivo fijado en la producción de cerveza –. Esta empresa fue una de las primeras en establecerse en la ciudad. En la década de los Cincuenta hacían su aparición compañías nacionales y multinacionales como Indumil, Sofasa Renault y de modo indirecto Cementos Paz del Río, que se encargaron de crear centros recreativos y barrios para sus trabajadores, modificando la estructura del municipio. Por tanto la administración del acueducto  dejó al Parque de los enamorados a su suerte. En 1960 el parquero dejó de trabajar, los sedentarios habitantes encontraron centros de diversión  más cómodos – el parque del Solano, el del Carmen, el de Las Américas –  y el único provecho que se podía tener del antiguo sitio para tanques de reserva en aquel momento era su lejanía.

 Por otra parte, veinticinco años después,  las entidades cívicas tradicionales – Club de Leones y Cámara Junior,  de las que hacían parte los hijos de los hacendados del municipio – se encargaban de “embellecer” la ciudad, realizando arreglos a los lugares derruidos por el paso del tiempo; en 1985 el Club de Leones y la administración del municipio empezaron a reconstruir el parque. Iniciaron por los puentes de madera, luego limpiaron los canales llenos de basura; pintaron las sillas de piedra; plantaron unos pinos; establecieron nuevos senderos de concreto y un salón de recepciones. Algunos habitantes y sus costumbres modificadas no daban paso a la entrada de los recuerdos, tal vez los nostálgicos volvieron, pero el parque estaba una vez más destruido, nadie detuvo el proceso natural de las cosas construidas por el ser humano, es decir, nacen, son utilizadas y mueren;  al mismo tiempo los jóvenes que regresaban de la capital llenos con drogas en los bolsillos –popper, ácidos… - encontraron en el parque, un lugar perfecto para consumir. El último respiro de vida, de la mano de las apariencias, se dio para el paso de  la ruta del Mundial de Ciclismo en 1995 puesto que  construyeron unas escaleras para hacer más fácil el acceso, o, mejor, para que se desviara la atención de la cima de la colina.

El Parque de los enamorados se ha ido convirtiendo desde entonces en sede para los marginales, incluso algunos de ellos han buscado  la manera de habitarlo de modo permanente.


 El silencio es escalofriante cuando se llega, y se es recibido con una imagen: unas escaleras con ladrillos y materas en el medio junto a las faldas de la colina. En el momento de subir, al final de las escaleras, un sendero natural y un grupo de árboles de más de diez metros de altura hacen calle de honor; entre un par de árboles se encuentra una silla de piedra, por los vestigios de color que aún le quedan entre rayones de aerosol se podría deducir que era blanca; más adelante al final del sendero natural se pasa a uno de concreto, sendero que conduce a un canal con un pequeño estanque en forma de trébol y a los trozos que aún quedan de lo que fue un puentecito de madera; siguiendo el camino trazado por los canales, se pueden encontrar desviaciones hacia los lados, uno de los caminos  conduce de regreso a la fuente del trébol y el otro a los estanques grandísimos que se adornan de basura en el fondo; los estanques son tres, cuadrados y cubiertos de maleza en las esquinas, son unidos por canales superficiales por donde antes fluía el agua y ahora lo hace la basura; si se avanza, se encuentra uno pequeño con una estructura en forma de laberinto, decorado de la misma manera que los estanques enormes, unas escaleras con peldaños descendentes llegan al fondo de este estanque; volver al camino es fácil, basta con observar la estructura de lo que sería un salón social hundido en el pasto y sin techo , con una profundidad de más de cuatro metros, tapizado por la podredumbre; la estructura es acompañada por una superficie, la entrada al antiguo acueducto, en el centro de esta una escotilla cuadrada con unas escaleras, la luz no ha llegado en años pero se conserva intacta. Éste es quizás  uno de los pocos lugares invisibles desde la falda de la colina. Los recuerdos son grises si se piensa en las miradas de los jóvenes que alguna vez disfrutaron del parque, porque el olvido ya se lo tragó y nadie hoy por hoy sabe de él.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

UNA GUERRA SIN FIN

Por Jeniffer Triana

Caminando por las calles de Otanche-  Boyacá, sus veredas y pueblos aledaños; disfrutando de su clima, su gente, sus paisajes y admirando el esfuerzo y amor con que trabajan muchos habitantes en  las minas de esmeralda -incluyendo aquí a miembros de mi familia-, me di cuenta de que el aire que se respira allí no es totalmente de paz; sentí que en estos lugares había sucedido algo que provenía del dolor, del  rencor y de la ambición; estuve allí en el  lugar donde hace casi 21 años la esmeralda era causa de esclavitud y muertes; en ese entonces reinaba el dinero por encima de la conciencia.


Escribir es una travesía y a través de este relato contaré una historia que ha cambiado mi forma de ver el mundo; me he encontrado con algunos personajes y estoy segura  de que ellos vivieron  cosas terribles en este rincón de Boyacá; uno de estos personajes es alias “El Burro”, uno de tantos hombres a quienes en este sitio, el dinero y la esmeralda les quitó el corazón,  y en cambio les puso un balde de lodo; tuvo mucho dinero, estuvo bajo el mando de  grandes e importantes ‘’patrones’’ en los tiempos en que la esmeralda tuvo su apogeo; era la década de los 90, patrones como el ya fallecido Víctor Carranza o Pedro Orejas que eran muy importantes en esta región; pero hay quienes dicen que  alias ‘’Burro’’ aparenta ser un hombre noble sufrido como muchos campesinos, pero que en realidad es un hombre frío y ambicioso; en sus ojos se ve su crueldad , hoy en día su silencio dice más que las palabras… y solo voy a agregar que fue uno de los sobrevivientes de la guerra de la esmeralda.
En este rincón de Boyacá se ve lo bueno y lo malo; su húmeda y verde  naturaleza refleja la humildad de su gente y maquilla un pasado tenebroso, aunque por sus calles corrió  sangre de inocentes que se esclavizaron por la belleza y riqueza de una esmeralda; en este lugar se limpió con lágrimas el rojo de la sangre fresca que derramaron los amantes de la lujuria y el dinero; cada gota de agua cuenta un guión distinto de esta novela de terror grabada en las montañas.

Fotografía de diario de campo. Jeniffer Triana.
Bajo el cielo de este municipio encontré a tres personas de distintas edades, con vidas diferentes que tienen en común esta guerra, un conflicto que acabó con muchos niños soñadores, con madres, padres, y que dejó muchas historias intrigantes con crueles moralejas; sin embargo el balance es que mató muchos, se sufrió mucho, enriqueció a algunos pero que en realidad ha dejado poco. 
 En medio de tantas imágenes crueles e inimaginables, llegué a casa de Nidia Espitia; tiene treinta años; es una mujer hermosa y valiosa, tiene una pequeña familia estable, tres hijos y su esposo Oscar; viven en Calamaco Bajo, una vereda ubicada a 3 km de Santa Bárbara, un pueblo aledaño a Otanche; ellos tienen con su esposo un mini mercado; su familia es una de las muchas que han vivido los cambios sociales y económicos del occidente de Boyacá. Jazmín es humilde y luchadora , también trabaja en un plan de gobierno llamado creciendo a pasitos y su mini mercado lo atiende una de sus amigas; no me contó mucho pero lo que  sí es seguro, es que ella fue una mujer víctima de abusos terribles, que comprueban que el hombre es una bestia incontrolable y que la mujer en territorio de guerra no es más que un objeto o incluso un animal; ella lo menos que quiere es recordar esa amarga  época en la que su vida se volvió un libro de recuerdos amargos; opina que esa guerra fue el inicio de la decadencia económica y social de la ‘’mina’’; el inicio de una cadena de rencor y deudas pendientes  que muchos no han superado como ella. La relativa paz ha permitido que la “mina” brinde progreso y que sea segura; son humildes pero felices; ahora la esmeralda es sólo un complemento económico.
 Don Juan Gómez es un hombre de 80 años, simpático, fue minero, escolta (pájaro) y capataz, actualmente es dueño de una pequeña finca donde siembra pitaya, yuca, cacao y plátano; es un anciano reservado, también víctima de maltratos por parte de sus patrones; nunca tuvo libertad de decidir lo que quería hacer con su vida; es de Cajamarca-Tolima y vive en Otanche desde sus 20 años; tuvo que salir con su familia de ahí porque a su hijo menor lo mataron por ambicioso, se fue a vivir a  Chiquinquirá. Sostiene que los jóvenes estamos en la gloria, que somos afortunados de no haber vivido esa guerra; describe los caminos de herradura llenos de muertos en caballos guiados por la muerte. De la guerra no dice más que fue un momento de su vida que no quisiera haber vivido.

Fotografía de diario de campo. Jeniffer Triana.

La señora María Torres, tiene cuarenta años, es alegre y descompilada; atiende una tienda en La Loma; ha luchado la mayor parte de su vida sola y con cuatro hijos cargando en su memoria la imagen de su mejor amigo degollado frente a ella; lleva marcado su cuerpo por hombres sin conciencia que robaron su niñez y su inocencia; es una guerrera que sonríe sin importar lo que pase, siempre con una mentalidad positiva frente a todo; considera que la guerra fue algo demasiado doloroso para ella y su familia.
Muchas personas se creían los reyes y dueños de todo, entraban y salían de donde querían, usaban a las mujeres como se usan los platos desechables.
Agrega que vivió en Duitama cuando era muy pequeña consideraba que era el cielo a comparación del Otanche donde conoció el infierno y que el mayor error de sus padres fue ir detrás de una ilusión económica de la esmeralda.
A veces la historia debe ser contada para poder superar el pasado;  agradezco a las personas que conversaron conmigo; debo decir que es una región en la que a veces se niegan a hablar de su pasado. Espero que mediante este escrito muchos de ustedes, piensen que vale más lo poco que tenemos con amor que lo mucho que alcanzamos por ambición y que es bueno lo que se consigue sin hacerle daño a nadie.
 Por último quiero agregar que  sería triste si se vuelve a desatar la guerra pues con el atentado que le hicieron a Pedro Orejas (http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-1317619z) empezó de nuevo de ceros el deseo de venganza y la obsesión por el dinero; empezaron inocentes a pagar por la demencia de estos asesinos; tal vez lo que dejó el Zar de las esmeraldas es mucho, o es importante para muchos pero por ello no es justo que niños y jóvenes o ancianos, mujeres o incluso hombres paguen y sean víctimas de cosas tan atroces; eso es vergonzoso.

Ahora ¿Qué pasara con la mina?
Del Diario de campo. Jeniffer Triana.

Podemos estar seguros de que lo que va a pasar si de nuevo decenas de inocentes se esclavizan y mueren por defender su tierra, por tener dinero o fama: la mina será rica de nuevo y empezará la nueva guerra de la esmeralda.


¿Por qué? Sencillo, porque ha sucedido antes. El apogeo de la esmeralda es la guerra. Parece ser que esta piedra de millones de pesos que sacia el hambre de muchos, necesita sangre y maldad, para cumplir el objetivo de un pueblo o de una persona con poder.

domingo, 7 de septiembre de 2014

UNA PEQUEÑA HISTORIA DETRÁS DE UN JUEGO DE PEQUEÑAS MANUALIDADES

Por Duván Andrés Leguizamón Moreno

“El día empieza a empalidecer y
el hombre también”

Aliria Emperatriz Becerra


Este trabajo es un reconocimiento al trabajo que lleva a cabo Doña Aliria Emperatriz Becerra, día tras día. Creando pequeños manualidades tiene el sustento para ella y su familia y siempre ha trabajado las artesanías, así que puedo decir que más que un trabajo ella y su oficio, son la columna principal de la casa.

Hija de campesinos, nació el 7 de Septiembre de 1951 en la finca Yerbabuena en la vereda Santa Barbará, zona montañosa de Duitama; cuarta hija de seis hermanos. Padres artesanos por tradición; la abuela paterna realizaba alpargatas, la abuela materna canastos, los dos abuelos  eran agricultores.

Doña Aliria cortando el pino
Prácticamente desde el nacimiento de Doña Aliria Emperatriz Becerra empieza a percibir la magia del trabajo con la madera. Ya que sus padres don Santos Becerra y doña Emperatriz Pedraza realizaban manualidades y artesanías, sin ayuda de las máquinas como los tornos o laser de  grabado. Doña Aliria creció mirando el oficio de sus padres y con el tiempo desarrolló habilidades que le permitieron ganarse el sustento con este oficio; a  los 16 años ella ya tenía el conocimiento suficiente para comenzar a trabajar de manera independiente.

Realizó sus estudios en una pequeña escuela en Santa Barbará  hasta grado segundo, y con tan solo dos años de estudio ella obtuvo el conocimiento necesario para vivir. Se casa a los 25 años con  don Hernán de Jesús Vivas, con quien tiene tres hijos; Hernán Vivas Becerra y Eva Vivas Becerra con discapacidad auditiva y Doris Vivas Becerra; a los 37 años queda viuda; sola cuidando a sus tres hijos. A los 59 años pierde a su hija Eva Vivas Becerra, dejando un niño en la tierra, del cual se hace cargo Doña Aliria guiándolo por el buen camino para que sea una persona de bien en un futuro.

Un trabajo artesanal y familiar
Para su oficio dice que es buena la madera del pino, pero agrega que debido a la deforestación, esta madera es prohibida utilizarla. Cuando enfatizo mi pregunta sobre el pino ella dice que debe tener unos 10 años, para que pudiera utilizarse, “la madera verde es de más fácil manejo. Cómo en esta zona no hay pino ella debe comprarlo a mayoristas que la traen de donde sí hay y de donde aún se puede utilizar; se la compra a mayoristas, quienes a su vez compran lotes de pinos para después vender la madera por m2.

Esta se recorta dependiendo al tipo de artesanía que se quiere lograr; por ejemplo, para hacer cucharones se utilizan trozos entre 90cm y  60cm, para una cuchara se pueden utilizar trozos de 30, 20, 15 o 10 centímetros; o dependiendo de lo que necesite el comprador. Se pueden elaborar juegos de cucharas, tenedores, cuchillos, palas, monenillos.

Doña Aliria me cuenta que el procedimiento para hacer estas manualidades es el siguiente:

Listas para la venta
-    Se raja; se sacan las diferentes medidas en las que se necesita.
-     Se ochava; se da forma a la cuchara.
-     Se empareja.
-      Se pica; se saca la forma interna.
-  Se redondea; dar la forma exterior de la cuchara.
-   Se arregla; dejando la forma interna y externa lista.
-       Se raspan; para moldear bien la  cuchara.
-       Se coloca al sol; esto es para que la madera se seque.
-       Se lija; para quitar las pequeñas estillas que quedan.
-        
Hay comerciantes mayoristas, que compran estos productos para comercializarlos dentro y fuera del país.

En la realización de este producto hay mucho trabajo aproximadamente en un día de tanto esfuerzo se pueden hacer de 4 a 5 docenas trabajando desde las 7:a.m. hasta 7:p.m.

HERRAMIENTAS

-       Serrucho.
-       Hacha.
-       Cuchillos.
-       Voceadores.
-       Suela plana.
-        
El mantenimiento debe ser continuo ya que entre mejor corte tengan las herramientas, con más facilidad se podrán hacer las artesanías; para que tenga un buen corte se utiliza una piedra lima, piedra esmeril, piedra de grano fino.


En este año 2014 Doña Aliria vive feliz con sus dos hijos y su nieto en su casa, en el Barrio Cerro Pino; viviendo de este trabajo tan interesante como lo son las artesanías en madera, dando gracias a Dios por el trabajo que ella puede realizar a diario.

SUFRIR POR UN FUTURO


Por Carlos Andrés Álvarez Flores

La casa de mis abuelitos está ubicada en el barrio Alpes Bajo en la ciudad de Duitama, calle 19 entre carreras 33 y 34. El barrio limita por el norte con en barrio San José, por el suroeste con el colegio Simón Bolívar, por el este con la urbanización Robledales y por el oeste con la carrilera del tren.

Fofografía de mi diario de campo
Mi abuelita cuenta que en el año de 1948 cuando el país vivía la violencia por el las disputas políticas entre rojos y azules, las oportunidades eran mínimas, sobre todo en el municipio de  (SATIVA NORTE BOYACÁ) y sus veredas (EL SALITRE); en esta época se une en matrimonio mi bisabuelo Rito Estupiñan y mi bisabuela Clementina Pineda. En aquel entonces,  el  hombre dominaba, golpeaba a su esposa de una manera salvaje y esta agresión no generaba ningún rechazo, era normal.

De este matrimonio nacen tres hijos: Ana Julia (1949), Pascual (1950) y Servando (1952); un hogar extremadamente pobre donde se sufrían muchas necesidades. En el año 1955 muere mi bisabuelo Rito Estupiñan, y mi bisabuela Clementina Pineda, sufre el rigor de ser madre viuda y cabeza de familia con tres hijos para alimentar.

 Entonces mi abuelita Ana Julia por ser la mayor, tuvo que recolectar leña para llevar a pueblo de Sativanorte (Boyacá),  para venderla o cambiarla por alimentos como panela, manteca, arroz y sal.   El estudio en ese momento no era prioritario, el  analfabetismo (es decir, la falta de conocimientos básicos de lectura y escritura, entre otros, brindados por la educación escolar), era común y no habían oportunidades  de trabajo, así que en el año 1959, por sugerencia de su tío Santos Pineda, llega a Duitama, y se refugia en una humilde vivienda en la vereda la Parroquia.

Cartografía de la memoria. 
En ese entonces mi abuelita Ana Julia sigue buscando sustento como empleada de servicio doméstico. En 1964 fallece mi bisabuela Clementina Pineda, esto la obligó a internarse como empleada de servicio doméstico de una reconocida familia (Briceño). Mi abuelita dice que trabajó cuatro años con ellos y que es uno de esos trabajos que no permiten el progreso ni el estudio, y que además era mal remunerado, porque se trabajaba más y el pago era poco.

Pasado un tiempo, en 1970 se conoce con mi abuelito Gustavo Flórez, un hombre de media estatura, piel trigueña y ojos oscuros, quien se convirtió en el enamorado y supuesto salvador de aquella explotación laboral.  En el transcurso de tres años de noviazgo toman la decisión de contraer matrimonio el 30 de junio de 1973, por lo cual mi abuelita Ana Julia decide retirarse de su trabajo como empleada de servicio doméstico para atender su hogar.


 De dicha unión nacen cuatro hijos, en 1974 nace mi mamá Mireya Flores Estupiñan, en 1975 nace mi tía Fabiola Flórez Estupiñan, en 1980 nace mi tío  Raúl Flórez Estupiñan y en 1981 nace mi tío Gustavo Flórez Estupiñan. Como era de esperarse en muchos de los hombres de este país, mi abuelito resultó ser un hombre irresponsable y bebedor, y muy de vez en cuando, colaboraba con las necesidades del hogar. Esto obliga a mi abuelita a rebuscarse el diario vivir para sostener a sus cuatro hijos quienes vivían en una casa humilde que además carecía de agua y luz. Era casi imposible sostener a sus cuatro hijos, así que mi abuelita nuevamente tuvo que dedicarse a lavar ropas en casas de familias, planchar y ayudar en la cocina, con un salario miserable que no alcanzaba para sostener a sus cuatro hijos. En el año 1985, y quizás angustiada por la necesidad de buscar dinero, se vuelve comerciante de la plaza de mercado (plaza real de la ciudad de Tunja). Allí trabajaba el día viernes, y el resto de la semana luchaba a diario con largas jornadas de lavado y planchado de ropa, para conseguir el diario para poder alimentar a sus cuatro hijos, por lo que no contaba con el apoyo económico de mi abuelito Gustavo Flórez. Mi mamá (Mireya) empezó a crecer y darse cuenta que el dinero no alcanzaba, así que ella a temprana edad (10 años), inicia también el trabajo en la plaza de mercado de Duitama y de Tunja para colaborar con los gastos del hogar. Fueron años de bastante sacrificio.

 En 1989 sucede otra tragedia familiar, mi abuelito Gustavo en su derroche de vida sufre la enfermedad del síndrome de Guillain-Barré (el síndrome de Guillain-Barré es un trastorno en el que el sistema inmunológico del cuerpo ataca parte del sistema nervioso causa hormigueo, debilidad muscular y parálisis); fue llevado de urgencias a la ciudad de Bogotá al  hospital la Samaritana. Allí dura recluido ocho meses, y su recuperación tardó un año. Por supuesto la crisis económica se agudizó; esto obligó a mi abuelita incluso a pedir limosna en Bogotá y en Duitama.

Hoy me pongo a pensar que fue una situación muy dura, pero entre comidas, los gastos médicos y los transportes, quizás no hubo otra opción; supongo que esto podría llamarse pobreza absoluta. Estas son las razones por las cuales yo admiro a mi abuelita y a mi mamá Mireya Flores, su fortaleza contra los problemas, nunca abandonó a sus hijos, les dio estudio para que no fueran analfabetas y tuvieran mejores oportunidades; siempre les inculcó la honestidad, la responsabilidad y la humildad ante todo.

Mi abuelita
Mi abuelita nos dice y nos aconseja que siempre aprovechemos el estudio y cuanta oportunidad tengamos de ilustrarnos. Siempre nos ha inculcado el respeto, la obediencia y la humildad. En pocas palabras los valores de cualquier ser humano rico o pobre deberían tener.

Ella vive muy aterrada de la juventud de hoy en día; al no tener respeto ni por ellos mismos, la degradación de los muchachos por las drogas; es cómo si la juventud hubiera perdido el norte de la vida; de los objetivos que cualquier ser humano quiere realizar.

La felicidad más grande de mi abuelita es ver que pudo sacar a sus cuatro hijos adelante y que son grandes seres humanos, útiles para  la sociedad.

Quizás sus sueños de juventud fueron aprender a leer e ilustrarse, pero cada día que pasaba lo veía más difícil, y entonces pasó a ser, antes que superarse en ese sentido, lograr tener un hogar con algunas comodidades. Hoy en día mi abuelita tiene 64 años de vida, goza de una excelente salud y es el punto de encuentro de toda la familia. 

MI VIEJO TELAR

MI VIEJO TELAR
NESTOR ANDRÉS PAIPA C.

Mi viejo telar se convierte en un lugar de memoria cuando de una forma ocasional hago una visita al pueblo boyacense de Nobsa, famosa porque muchos de sus habitantes poseen estupendas habilidades artesanales. Visitamos Nobsa en busca de una ruana para  mi padre; recorriendo distintos negocios encontramos al catalogado como mejor artesano del pueblo, quien amable y orgullosamente, antes de decirnos cuánto cuesta la fabricación de una ruana, nos invita a seguir a su taller y nos enseña su viejo telar. Luego nos explica paso a paso cada una de las actividades que realiza para llegar a la elaboración final de la típica ruana boyacense.
Fotografía del diario de campo de Néstor Paipa

Su nombre es Julio Ramón Cristancho Fagua; tiene 56 años y dos hijos, Ricardo Andrés Cristancho Peralta de 25 años, quien actualmente estudia Mecánica Industrial y Yamile Andrea Cristancho Peralta de 29 años, que estudia Ingeniería Civil.
Don Julio Ramón es un artesano de profesión, y elabora ruanas en Nobsa; participó en la elaboración de la ruana más grande del mundo, que rompió el Guinness Récords, el 13 de mayo de 2008 con medidas de 35 metros de larga, por 25 metros de ancha, y que pesaba 700kg. Esta ruana fue elaborada con lana pura.  Para subirla a la Iglesia se hizo un montaje con una máquina Tinfor que levanta 5 toneladas, andamios, y tubos para rodarla y conseguir el objetivo. La fabricación de esta ruana duró un mes, fue fabricada por don Julio Ramón y su grupo de trabajo; formaban un equipo de unas 25 personas  aproximadamente.

La idea de hacer esta ruana fue de Willson Carreño,  el Secretario de Gobierno y Urisol Daniel Carreño, un periodista. Ellos querían llamar la atención y ganar reconocimiento para el pueblo ya que fue un mérito estar en el libro de los Guinness Records. El contrato lo hizo la Alcaldía,  “la misma que desechó la ruana en la plaza de mercado para que los ratones se  la comieran” según declaró una vecina de don Ramón.

Don Julio Ramón Cristancho Fagua
El costo en total de su elaboración fue aproximadamente de cuarenta y dos millones de pesos. Don Julio Ramón dice lo que importa no es el dinero sino el esfuerzo y la dedicación que se le imprimió a aquella empresa, aunque el sentimiento que genera el destino es de tristeza. Agrega sin embargo que lastimosamente ese orgullo que se obtuvo en ese momento no duró mucho ya que la alcaldía no valoró su trabajo. En ese tiempo el alcalde era Oscar Tiatino.

Esta misma ruana que está en la memoria de las personas que presenciaron este hecho y en algunas fotografías. Es absurdo que la hayan dejado deteriorar  y tuvo que ser tirada a la basura. Es lógico en este país; proyectos que llaman la atención del mundo terminan en la basura. Se hubieran podido sacar más de 360 ruanas o 280 cobijas para regalárselas a los pobres.  

Don Julio Ramón desde los 7 años aprendió este bello oficio de la textilería artesanal en telar. Esta es una costumbre de ancestros de principios del siglo pasado. Uno de los pioneros en este arte fue, Luis Felipe Cristancho, abuelo de don Julio. También le aprendió esto a su padre Carlos Julio Cristancho, enseñanza que se ha transmitido de generación en generación, Julio Ramón es la tercera generación.

Catedral de Nobsa-Boyacá
Don Julio que también enseña a tejer, se siente orgulloso de hacerlo ya que muchos jóvenes ahora solo quieren consumir drogas. Afirma que no es difícil, y que todo depende del alumno y la actitud y el entusiasmo del que enseña y del que aprende. Qué lección de pedagogía nos da el artesano.

Don Julio Ramón trabajó en Indumil por 15 años, 5 años en Bornaza y otras compañías. También es certificado del Sena y tiene un diplomado en la Uptc. Nunca dejó su pasión por los tejidos hasta que finalmente el gran esfuerzo y dedicación que hizo  lo llevaron a ser reconocido y poder vivir de su viejo telar que tiene más de cuarenta años. Pero no fue fácil llegar a la cima en la que se encuentra, ya que cuando sus hijos estudiaban la situación económica era otra.

La ruana más grande del mundo
Julio me contó con alegría de su taller, y cómo sus ruanas han llegado a Sudáfrica, España, Canadá, Venezuela, Francia, Italia, Argentina, Estados Unidos y otros países. La ruana más reciente fabricada para exportar al exterior fue para enviarla a España al jugador de futbol profesional Radamel Falcao García, la cual llevaba el logo de la selección Colombia, en un gesto de apoyo en su recuperación para el Mundial, y agregó que próximamente se pondría en la tarea de hacer una para James Rodríguez.

Cuando le pregunto por la súper ruana; don Julio se queda recordando ese momento tan importante y tan destacado de su vida. Tiene en su poder una pequeña fotografía de la ruana en la iglesia con un aviso que dice ¡EXCELENTE! Y esa es la memoria, quizás una fotografía que detiene el tiempo. 

lunes, 25 de agosto de 2014

LA CALLE EL HOGAR DE LOS IGNORADOS


POR OSCAR JIMÉNEZ

Mi interés para realizar este proyecto se centro  en dos relatos de personas que se ganan la vida de la calle; pienso que es muy importante para crear conciencia ya que en Duitama se ignora mucho a las personas y ancianos sin entender la aventura que tienen que vivir en la calle; otros personajes son los que tocan instrumentos musicales y quienes desde su mundo ganan dinero porque no pueden trabajar en otras cosas.

En mi proyecto intenté analizar esta situación. Algunos de los hechos que me impresionaron y sirvieron de motivación fue ver a ancianos pidiendo dinero de casa en casa o el músico que se ubica en la calle 17 con carrera 15, un señor ciego que se hace cerca al colegio La Presentación a pedir plata,  sin observar a esa persona generosa que le obsequia una moneda.

Me senté a observar cerca de una hora a este cieguito músico que pide monedas. En este tiempo contabilicé cerca de 60 personas que pasaron por su lado sin que ninguna le diera una moneda o le prestara atención.

El otro caso es el de una anciana de 87 años  Doña María Clemencia Bustos de Herrera, quien e al verse sin salud para trabajar y sin dinero, ha tenido que salir a la calle a vivir la aventura de pedir mercado en las casas. Me contó que “le da pena  pedir dinero” y añade que fue abandonada por sus hijos. 

Quizás si nos pusiéramos en el lugar de estas personas ayudaríamos más en esta sociedad.

El músico ciego al que se hace referencia  me pide que no revele su nombre. Me cuenta que nació en Bogotá; tiene una  edad de 37 años; tiene una enfermedad de tipo degenerativa. Agrega que hizo hasta tercero de primaria y que vive en arriendo con su  mamá. Está muy agradecido con las personas que le enseñaron a tocar el acordeón, un instrumento de origen polaco, de viento, con teclas parecidas a las del piano.

Me dice que al día recoge unos $10.000 aproximadamente, lo que implica un salario de $300.000 trabajando todos los días; sin embargo unos días recoge más que otros por lo que su salario es de unos  $280.000; no trabaja los fines de semana porque su mamá se dedica a hacer aseo en un edificio.

Creo que este hombre le da una lección a la sociedad ya que la música le permite ganarse la vida. Él reconoce el esfuerzo que hace su madre ya que lo ha apoyado siempre; dice que es difícil pedir ya que ese oficio se ha desprestigiado por otras personas que se hacen pasar por discapacitados. Agrega que muchas personas le reconocen el talento para tocar el acordeón y la guacharaca al mismo tiempo; dice que la comida que le prepara su mamá es la mejor del mundo porque ha sido conseguida con esfuerzo y dedicación.
Veo que valora el dinero conseguido con trabajo y esfuerzo de una forma honesta; dice que quizás hacen falta más instituciones que les enseñen a hacer más cosas.

Otra persona a la que entreviste es la anciana de 87 años llamada María  Clemencia Bustos de Herrera. En ella vi  una  alegría y una sonrisa mejor que la de muchos jóvenes de hoy en día; su sonrisa dice que es feliz, dice que prefiere pedir “mercadito” o “alguito de comer” a pedir dinero. Caminamos juntos por la carrera 17 y me dijo que le daba mucha tristeza ver que su único hijo la abandonó.

Me contó que cuando llegó a Duitama  empezó a trabajar en una papelería. Consiguió esposo y empezó a vender sus tejidos y a trabajar en floristerías o haciendo aseos para ganarse la vida con su esposo. A los 27 años tuvo a su hijo al cual llamó Hugo… Dice que la abandonó por irse con su novia. Su esposo falleció hace 14 años.

Le agradece mucho al padre Pérez porque le da de comer. Dice que su comida favorita es chocolate con pan. Vive cerca al Cerrito Encantado. Es feliz porque no tiene que pagar el arriendo ya que vive en una casa que es propia; cuando le pregunté sobre la función del estado dice que debe apoyar a personas como el padre Pérez para tener en dónde comer.

Pienso que la función del estado es ayudar a toda la sociedad y que personas como el músico ciego o la anciana, quienes no tienen una forma de subsistir, tendrían que recibir apoyo estatal; un salario que les permita vivir con dignidad.

Todos debemos concientizarnos de que algún día podemos sufrir una discapacidad y que absolutamente todos llegamos a ancianos; debemos ponernos en el lugar de estas personas para  ayudarlos ya que no tienen con que vivir cada día; veo tantas casas que prometen; algunas de ellas deberían dárselas al músico cieguito.


La mejor manera con la que podemos ayudar es votando correctamente por personas que sepan y se concienticen de cómo se siente la aventura de vivir de la calle y a veces en la calle. Si votamos bien a lo mejor algún día todos podamos vivir con dignidad. 

FILOSOFÍA DEL REBUSQUE


Por Patricia Castro Fuentes


Son las sietes de la noche en la cuidad de Duitama y nos encontramos por los lados del terminal;  las calles parecen ríos de transeúntes; yo voy al lado de una señora trigueña, cabello negro, y metro y medio de estatura que viste tenis blancos, jeans oscuros, saco negro remangado hasta los codos, una cachucha roja; lleva con ella un carro de frutas cogido por su mano derecha… atravesamos la ciudad casi invisibles.

La noche ya se había tomado la cuidad y yo iba a su lado; ella tenía los labios secos por el frío, y ahí comenzó a contarme su historia: -Yo me llamo Nancy Polanía, nací el 22 de marzo de 1964 en Villavicencio, mi infancia como ya le había dicho en conversaciones anteriores  no fue nada fácil; para 1971 nos vinimos para Duitama con mi madre Elena Cabiedes (yo tenía 5 años); me tocó duro porque por un lado ella no tenía medios para alimentarme y por el otro mi padre nos abandonó, así que me tocó trabajar de empleada de servicio desde muy pequeña para que mis jefes solo me dieran la comida, porque mi “analfabetismo” no me permitía reclamar mis derechos, y la gente abusaba de ello para hacerme trabajar sin pago; ahora comprendo por medio de la palabra de Dios y de muchos hechos alrededor del mundo que me duelen, que el trabajo para los niños es algo inhumano y que es aún más triste ver hasta los límites que tienen que llegar por la desprotección que les da el gobierno.

La observé con mucho cuidado y hubo algo que me llamó la atención, eran sus manos indescriptibles, se veían llenas de coraje, de las marcas que solo pueden dejar el trabajo y el sufrimiento.  Ahora entramos a un negocio; la señora Nancy saluda a su cliente con algo de monotonía y costumbre; el tiempo que lleva en esto ha hecho que algunas de las personas a las que le vende sus productos diarios, le tomen cariño y confianza; en medio de una charla corta Nancy le cuenta a su clienta alguna de sus dificultades durante el día, y después, la señora decide comprarle una bolsa de limones; se despiden, y salimos otra vez a esa calle fría e inundada; entonces seguimos nuestro camino porque aunque ya habíamos recorrido varias cuadras, todavía nos faltaban más para terminar la ruta que ella había planeado para ese día.

Luego entramos a otro almacén, pero el saludo no fue el mismo que el anterior; se sintió en aquel lugar un cruce de miradas de conmiseración, esas que hacen que un ser humano se sienta disminuido e inferior, pero Nancy no dijo nada y antes de que me diera cuenta, ella ya había salido del lugar porque el señor no le quiso comprar nada.

Caminamos en silencio, el suceso se había llevado las palabras y yo solo encontraba más razones para hacer de la vida de ella algo para resaltar; me parecía tan injusto todo; pero después de cómo tres cuadras ella decide romper el silencio y seguir el relato; sus labios se abrieron para contarme  su historia: - Mi adolescencia fue igual, yo vivía con mi madre  y más o menos para 1986, conocí a Alirio quien se convirtió en mi esposo, pero él no me trataba bien; al año de haberlo conocido y ya estando casada, quedé embarazada; pasaron los meses y mi hijo estaba creciendo en mi vientre. Debido al esfuerzo que implicaba mi trabajo, tuve varias complicaciones que no fueron atendidas con la importancia necesaria, y al pasar el tiempo llegó la hora en que nació mi bebé; fue algo que me trajo mucha felicidad pero lastimosamente a los veinte días se me murió por una enfermedad que se llama hidrocefalia (que es cuando al bebé le crece más la cabeza que todo el cuerpo).

Con lágrimas en los ojos me dijo que la enfermedad de su hijo era grave y que las medicinas seguramente serían costosas pero que eso no le importaría claro si estuviera vivo porque ella hubiera hecho todo lo posible; comprendí que no hay  sentimiento más puro que ese amor de madre.

Duraron nueve años de casados con Alirio; los sentimientos de Nancy no habían cambiado  aunque él fue una persona muy injusta con ella;  la situación no mejoraba así que para 1995 ella decide separarse del esposo porque le había sido infiel; lo dejó y se fue a vivir con su madre, quien murió en el 2009; ella era un apoyo incondicional, porque aunque no pudiera trabajar era su mejor compañía; ahora se quedaba sola y el recuerdo de esas personas que son tan importantes le generaban ganas de seguir adelante.

Por situaciones económicas a veces deja la venta de frutas para salir a vender tintos, pero no le va muy bien debido a que muchas personas buscan en la venta de tintos el sustento diario y además los clientes la buscan es por las frutas.  Ya habíamos terminado el recorrido, ella iría a descansar, no le había ido muy bien pero afirma que a veces le ha ido peor; con una sonrisa en la cara me dice que tuvimos suerte de que no lloviera y luego nos despedimos; ella termina por hoy, pero todavía esto va a tener que repetirse para que ella no se muera de hambre; pienso que se trata de una de esas mujeres que va a luchar hasta el final, hasta que sus fuerzas se agoten.

Ella está intentando validar noveno en el colegio La Nueva Familia; ella cree mucho en Dios, por eso es una servidora en la renovación Carismática Católica de Boyacá, ministra de la comunión en la parroquia de la Misericordia y pertenece a  la Escuela de Misioneros Juan Pablo II, la cual se encarga de que las personas que quieran colaborar vayan a diferentes partes de Colombia a evangelizar; por lo menos ella cuenta que ha ido con mucho esfuerzo a paz de Ariporo, Paya, Labranza Grande, Pisba, Miraflores, Cali, Tuta entre otros, y aunque esto signifique pérdida para ella en el trabajo, no le importa porque cree en su ayuda para que la gente conozca la palabra de Dios.


Sólo queda decir que el apoyo del estado para que ella consiga una casa sería una muestra de que al gobierno si le importan los pobres; a que ella le toca vivir en inquilinatos y sus ingresos son pocos y le alcanzan solo para lo necesario; no puede ahorrar, entonces pensando en un futuro imagino que vivirá de la llamada limosa que por pesar le den. El látigo de la limosna. Las personas deberían tener garantías para su vejez pero como eso solo funciona para los que tienen dinero, pues a ella le tocara seguir conformándose con las migajas del sistema.