jueves, 25 de junio de 2015

EL CENZONTLE O SINSONTE COMO SÍMBOLO DE RESISTENCIA

POR MIYER PINEDA




La palabra cenzontle viene del náhuatl, y quiere decir 400 voces. Esta palabra es profunda y cargada de significación, y es una de esas palabras que provocan extrañamiento por su cercanía a la belleza. Son cuatrocientos abismos dentro del ave. Cuatrocientas formas de decir, de señalar la masa a la que se refieren por igual Silvio Rodríguez y don César Vallejo, el del Perú. El poema de Vallejo se puede asociar a lo que pasa en este país, o por lo menos a lo que podría pasar, y dice así:

MASA

Al fin de la batalla,
y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
y le dijo: «No mueras, te amo tanto!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Se le acercaron dos y repitiéronle:
«No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,
clamando: «Tanto amor, y no poder nada contra la muerte!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Le rodearon millones de individuos,
con un ruego común: «¡Quédate hermano!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Entonces, todos los hombres de la tierra
le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;
incorporose lentamente,
abrazó al primer hombre; echose a andar.

Ese “ay” del poema, o esa tristeza del cadáver que se emociona, se levanta y se echa andar, por eso que en la modernidad se llama fraternidad, el poder del amor, la capacidad de sentir el dolor del otro, podría proponerse para señalar por ejemplo, a los campesinos de Las Pavas, quienes han sido desalojados de sus tierras, desplazados, asesinados, silenciados. Hoy en día se dedican a cantar como el sinsonte, y a través de sus cantos hacen resistencia a las multinacionales de la palma y a los paramilitares.

Es curioso, ahora recuerdo la otra cara de la moneda, muchos paramilitares en algunas de las masacres cometidas tocaban instrumentos musicales mientras asesinaban campesinos, y en los campos de concentración nazis, se ponía música de fondo a la barbarie, así como sucede hoy en día en los centros comerciales. La masacre de El Salado es el ejemplo más terrible de esa atmósfera de la bestialidad del asesino en este país. Una masacre que se dio a finales de febrero del año 2000. Llegaron 450 asesinos y pusieron a andar el infierno en ese pueblo. Fueron asesinadas más de 60 personas de las maneras más atroces. Los asesinos sacaron los instrumentos musicales de la Casa de la cultura y tocaban porros mientras la gente era torturada, mientras algunas niñas y mujeres eran violadas; luego celebraban cuando algunas de esas personas fallecían.

Sin embargo esos artistas de la muerte son producto de un sistema que busca que los seres humanos sean banales, así es más fácil banalizar la existencia. Por eso el artista de hoy en día debe esforzarse por el rigor en su producto cultural. El sinsonte cuando señala la injusticia se vuelve peligroso, se vuelve incómodo. Uno de los ejemplos más notables en el campo de la literatura a éste lado del Atlántico, es el asesinato de Roque Dalton; lo asesinaron sus propios camaradas; lo acusaron de ser informante de la CIA. La extrema izquierda que él representaba no soporta lo que representa el Sinsonte, ese moscardón de la resonancia estética. Otro ejemplo de esta barbarie, el trágico destino de don Víctor Jara. Asesinado por los militares durante la dictadura de Augusto Pinochet. A un guitarrista le cercenan los dedos de la mano con la que toca la guitarra y le dicen: - “Ahora si cante hp” mientras lo rellenan de metralla. Años después un grupo ya casi imbuido en el mercado le hace un homenaje, la canción Matador de Los Fabulosos Cadillacs, en una de sus líneas dice: “No tengo por qué tener miedo. Mis palabras son balas, balas de paz, balas de justicia, soy la voz de los que hicieron callar sin razón, por el solo hecho de pensar distinto”

Quizás eso es lo que diferencia la música social del sinsonte de otros géneros y estilos musicales; tiene la obligación de no callar ante la muerte, tiene la obligación de resistir, de sobrevivir y cantar la dignidad. Esa es una de las lecciones de la película de El Pianista de Roman Polanski, en esa Varsovia arrasada y destruida sobrevive el músico, el poeta, el sinsonte, porque alguien tiene que cantar lo humano y la justicia en contra de los bárbaros. El pianista que tocaba Chopin y que sobrevive el ataque de los nazis, Vladislav Szpilman, soporta la muerte, o lo salvan sus contemporáneos porque alguien tiene que cantar-contar la tragedia. 

El Sinsonte nos enseña a desalambrar, eso lo cantó Víctor Jara. Desalambrar todas las formas de alienación de lo humano. La canción social del sinsonte es lo fraterno, ese amor por lo humano que se opone a lo inhumano. Por eso no es gratuito que al igual que Vallejo, Roque Dalton proponga el amor como una forma de resistencia. Este es su poema Alta hora de la noche:

ALTA HORA DE LA NOCHE

Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre
porque se detendría la muerte y el reposo.

Tu voz, que es la campana de los cinco sentidos,
sería el tenue faro buscado por mi niebla.

Cuando sepas que he muerto di sílabas extrañas
Pronuncia flor, abeja, lágrima, pan, tormenta.

No dejes que tus labios hallen mis once letras.
Tengo sueño, he amado, he ganado el silencio.

No pronuncies mi nombre cuando sepas que he muerto:
desde la oscura tierra vendría por tu voz.

No pronuncies mi nombre, no pronuncies mi nombre.
Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre

He aquí una vez más el sinsonte, esa voz, la campana de los cinco sentidos, que haría que volviéramos desde la oscura tierra. Así que “compañeros de música, tomando en cuenta esas politonales y audaces canciones, quisiera preguntar, me urge, ¿qué tipo de armonía se debe usar para hacer la canción” del sinsonte? Por ahora un poeta colombiano responde

CENZONTLE

Pájaro numeroso el Cenzontle
Ahora es una violina
después un azulejo, un muchacho que silba
un sangretoro, un turpial

De cuatrocientos cantos habla la etimología náhuatl
Pero, a veces, pareciera cansarse
de ser tantos pájaros
y ensaya un misterioso silencio

Todo su adentro calla
Como si se escuchara a sí mismo callando
Como si descubriera que en su silencio habita otro pájaro que canta
suspendido en su ramaje interior

Es, quizás, entonces, más cenzontle el cenzontle


Ya para terminar, un ejemplo de como el poema es una radiografía de un país que se volvió carroñero y que pregona la necesidad de la muerte. El retrato de un país en el que si nos atenemos a cifras oficiales, matan en promedio a 43 seres humanos al día. El texto es de uno de los grandes poetas de este país, e incluso de la lengua castellana; el poeta Juan Manuel Roca, a quien la Universidad Nacional le otorgó un Doctorado Honoris Causa, y quien dedicó sus palabras ese día nada más y nada menos que a don Alfredo Molano, como recalcando una vez más que la poesía es el ungüento de la historia.  


ESTATUA DE BRONCE

Primero haremos, si el Cabildo de la ciudad lo permite, el caballo.
Un alazán en bronce con sus patas delanteras levantadas
Como ejemplo para cruzar obstáculos y abismos.
Luego fundiremos el hombre,
Pues un caballo sin jinete no es digno de una plaza
Y ni siquiera puede llamarse monumento.
Que todo el burgo aporte llaves, aldabones, candelabros,
Monedas, candados, espuelas, medallas y cubiertos
Para fundir el hombre a su caballo.
Después discutiremos el lugar para la estatua y la forma de su pedestal.
¿Un recodo cercano a las montañas
Entre bosques de sauces y eucaliptos?
No estaría mal construir en el sitio elegido
Un pequeño parque que permita a las mucamas
Citarse con sus novios al pie de la escultura.
Debe amoblarse el espacio con bancas de madera:
Los oficinistas comerían emparedados a la hora del receso.
Bella será la sombra al mediodía
De caballo y jinete sobre la grava y el asfalto.
Las hojas caídas de los árboles
Tejerán un tapiz crujiente al paso de los estudiantes.
Los viejos fotógrafos
Sacarán los domingos sus cámaras de cajón
Y harán que los enamorados prolonguen el tiempo de los besos.
Todo concertado con autoridades eclesiásticas, civiles y militares.
Luego vendrá la discusión.
¿Quién debe ser el hombre encima del corcel?
Sabios hay pocos. Guerreros y héroes son dudosos.
Un filósofo a caballo
No puede replegar su pensamiento.
Los poetas viven recostados en la hierba.
Los campesinos no montan caballos de viento.
Los directores de orquesta no pueden dirigir
Desde una montura de bronce y el lomo inclinado de un caballo.
Los jubilados prefieren cabalgar nubes
Y permanecer sentados en los bancos.
Los pintores trazan caballos pero no se atreven a montarlos.
Los arquitectos pierden la perspectiva.
Los almirantes prefieren las crines de las olas.
Las bailarinas no necesitan pedestal para su vocación de aire.
Los astrólogos son una franca minoría.
¿Quién podría ser el jinete de bronce
Sobre el imponente y brioso caballo de bronce?
Deberá ser alguien que muchos ciudadanos admiren,
Un hombre que sea su propio mentor,
Que haya luchado a brazo partido por su gloria y su fortuna.

Ya está. Erijamos una estatua al asesino.

domingo, 10 de mayo de 2015

MENOS MUERTE MÁS CULTURA

MENOS MUERTE, MÁS CULTURA


Por Tatiana Camargo y Manuel Vargas 


Estudiantes de la UPTC Seccional Duitama. 

Tatiana Camargo adscrita al programa de Administración Turística y Hotelera. 

Manuel Vargas adscrito al programa de Diseño Industrial. 


“Era callejero por derecho propio; 
su filosofía de la libertad fue ganar la suya, sin atar a otros y sobre los otros no pasar jamás.” 

“Era el callejero de las cosas bellas y se fue con ellas cuando se marchó; se bebió de golpe todas las estrellas, se quedó dormido y ya no despertó.” 

Alberto Cortez 


ANUNCIO AL LECTOR 


Intuición es la esencia de este texto, el arte de la fotografía genera un vínculo con el ambiente callejero y sus habitantes caninos; cada representación tiene su historia; invisible para muchos de nosotros al igual que sus personajes; no hay referencias estadísticas de la situación ya que el razonamiento y la buena lectura proporcionaran una percepción clara e inmediata, estimulando la autonomía del lector y así determinar la diferencia entre lo humano y lo animal. 

Es muy poco probable que alguna persona que conozca, trate un instante en comprender la vida de otra; todos los días tenemos contacto con la sociedad, vemos personas pasar, algunas con caras largas, otras con rostros torcidos, uno que otro feliz, triste, enojado o lo que sea que sienta como persona; ancianos con sus marcadas arrugas, niños eufóricos con sonrisas dibujadas, adultos, mujeres, hombres, jóvenes etc. Y no tengo ni la más mínima idea de quien en este mismo instante (…) cumple años, pelea con su novio o novia, quien está a punto de casarse o igualmente de suicidarse, y no sé quién no ha comido en todo su maldito día. 

Sientes emoción al ver una película graciosa o tristeza cuando vez una triste; somos humanos, personas sensibles o al menos eso dicen o eso tratamos de creer, pero, ¿qué pasa con el resto? No solo las demás personas, sino aquellos animales inocentes, testigos de lo bueno y lo malo, caminantes de la ciudad llenos de hambruna, sed y sueño, ¿ya sabes a quienes me refiero? o te doy otra pista, bueno, pues de los animales chandosos y callejeros que vemos a diario; ahora si entiendes, ya que nuestra sociedad así lo ha esquematizado y así estamos acostumbrados a llamarlos. 

Bueno, la ética es aquello que nos incita a pensar cómo vivir, como utilizar mejor nuestra conciencia, a cómo interferir positivamente en la realidad de la sociedad; no estoy diciendo que quien maltrate un animal no es ético, puede que sea ilegal según las nuevas leyes que están surgiendo en este país de leyes que no se cumplen… quizás todo depende de su “yo” interior. 

De hecho de esto se trata el arte, de sensibilizar la sociedad, de mostrarnos lo que tenemos por dentro, lo que somos y lo que sentimos, porque en muchos casos somos víctimas de la ignorancia y quizá hacemos muchas acciones sin previo razonamiento. Tampoco estoy justificando a nadie, no quiero justificarlos; ninguna razón es válida para semejante atrocidad. 

Hablo de esos modelos de eliminación del exceso de “testigos inocentes” que se han implementado actualmente “limpiando” ciudades, ¿limpiar qué? Si lo único malo que hay que erradicar es la falta de cultura, no habría lugar para animales desamparados ni tampoco habría basuras que escarbar. 




SOÑÉ QUE TENÍA UN COLLAR Y UNA PLACA DE LUJO CON BRILLANTES 

Es jueves en la tarde; sé que es un atardecer porque siento la luz mientras tomo una siesta sobre algún andén de cualquier calle; bueno, intento lograr la siesta que deseo porque me distraen los sonidos de pies, son niños saliendo todos de un mismo hogar mientras cierran sus bolsas y tal vez ríen y gritan, no sé cómo hacen todo eso al mismo tiempo; además, llegan chatarras con sus estallidos que no me dejan meditar y me pregunto por qué se abren; guardan algunos niños y luego se van con más ruido, aunque, agradezco que se vayan. 

Creo que ya estoy logrado distinguir entre la siesta y el escándalo; por fin voy a soñar, aclaro que no tengo idea de qué es soñar, pero creo que es cuando logro ver con los ojos cerrados pues me ha sucedió antes, ya me adormecí… 

Fotografía José Manuel Vargas Suárez
Porque tengo esto en el cuello una placa en forma de hueso con brillantes pero no tiene nombre y porque algo me tira del cuello mientras voy caminando; miro hacia atrás y veo que tengo una correa como esas que llevan los perros que tienen dueño; pero, mi correa no tiene dueño y alguien me tira hacia atrás, pero, no hay ¡nada! Sinceramente no me sorprende en realidad ni dueño tengo, continúo el recorrido que no puedo dominar; parece que mis cuatro patas tienen vida propia y me asusta que puedan pensar; ya voy llegando, veo una casa enorme con un patio trasero muy grande, la puerta se abre sola; “ya lo suponía”; la casa está vacía; se cierra la puerta ¡alto! Ya no me tiran hacia atrás creo que “nada” me ha dado libertad, sinceramente no me sorprende en realidad soy libre. 

Sobre el suelo hay una taza para mi comida, se supone que debe tener algún nombre escrito, pero, no lo tiene y se supone que debe tener comida, pero, no hay comida, creo que una vez más no sentiré el deleite de saborear un trozo de carne en mi hocico, ni en mi panza, mejor me voy a jugar con ese peluche en forma de hueso que tampoco tiene nombre. 

Llevo un día jugando con este peluche parece que por más que lo muerdo y lo castigo no se deshilacha, y ya se está tornando aburrido jugar solo, por eso tomo la difícil decisión de invadir ese cojín que debería tener un nombre para darme el lujo de soñar. 

Siento mucho frío y el cojín insiste en desaparecer; mi panza cruje y mi hocico le responde; ya no siento la luz del atardecer; mis patas se están estirando como si estuvieran cansadas, mis orejas se ponen firmes otra vez y se agrietan mis ojos ¡Desperté! Mi conclusión es que estaba soñando, sinceramente no me sorprende en realidad vivo soñando. 

¡YO TAMBIÉN SIENTO! 

Entrando la noche, miro una esquina, miro la otra y rebusco a cada lado y orilla que veo; y no la encuentro, donde está, por qué no llega, me duele su partida; era su turno de buscar nuestra comida, pero dónde está, me desespero, me duele de nuevo y me sigue doliendo, brotan mis lágrimas después de un tiempo y sigo sin verla, comienzo a pensarla, a buscarla en mis recuerdos, en mis sueños, pero tampoco la encuentro. 

Siento frío y nadie me abriga; sus calurosas patas me desampararon, su precioso pelo me abandona, su hocico afeminado no me besa, y me duele…Ya no me importa el afán de los pasos que me rodean, ya no me importa que me griten, ya no me importa un pisotón, me importa ella, su figura delgada y matiz sensual aunque sea por el hambre, aquella hermosa criatura que me hace caminar kilómetros por verla, aquella rabiosa hembra que me eriza el pelo. 

Aún más noche, aún más desespero; aunque me duelen las tripas iré a buscarla; me apresuro en busca de ayuda, en una iglesia quizá los religiosos me ayuden, pero por el contrario me sacan a patadas, me siento indignado pero no le doy importancia; me importa ella y solo ella. 

A unos pasos veo un camioneta, un humano gordo y calvo me mira a través del vidrio; me da miedo y quiero huir, pero me detiene el chillido de ella, no puede ser? Está en la camioneta, no lo entiendo ella es rápida, quizá la ha sorprendido distraída. Me acerco con detenimiento, y sé cuál será mi futuro, no le recibo su maldita comida; sé lo que es y lo que quiere, iré por mi propia voluntad, entro y miro sus ojos llorosos, la miro con ojos enamorados, me recuesto en su panza y duermo. Quisiera no despertar jamás… 

Fotografía José Manuel Vargas Suárez

Pero me arrastran, me apartan de ella, de nuevo, y me duele, me venden y me sacan de ese lugar, ¿pero ella? ... Cuando pude me escapé; dejé aquel lugar por buscarla; regresé a donde me dejó, y no estaba; desde entonces la espero y la seguiré esperando hasta que muera. 

¡CAPITÁN! UN PERRO GUARDIÁN 

¡No han llegado! Doy una vuelta por la cuadra regreso y ¡No han llegado! Doy tres vueltas por la cuadra regreso y ¡No han llegado! Doy más y más vueltas por la cuadra regreso y ¡No han llegado! Doy como 70 vueltas a la cuadra -¿Cuándo aprendí a contar?-, me detengo unos cuantos momentos para respirar, porque, también lo necesito, regreso y ¡No han llegado! Completo exactamente 100 vueltas por la cuadra, como siempre todo tiene un 100% regreso, y ¡oh sorpresa! ya vienen, los veo, veo sus sombras mientras se acercan caminando hacia a mí; me fijo en uno de ellos, ¿Qué engancha en sus manos? ¿Qué hay en el fondo de esa bolsa?, quiero imaginar, me quiero ilusionar; es extraño, siento que hay una nube en mi pecho que se infla y desinfla rápidamente, los voy a saludar, porque después de dar 100 vueltas por la misma cuadra reconozco que los extrañaba y mi cola parece estar 100 veces más feliz. 

Ya estamos juntos, ellos me dicen “hola Capitán como estas” pero no me llamo así; los de dos patas son raros, en otros lados me llaman káiser, manchas o chandoso, que confusos son, si me preguntaran como me llamo… -¡Alto!- No tengo nombre, creo que soy el de los 100 nombres y las 100 vueltas. Por el momento respondo al nombre de Capitán, me acarician y aumenta mi felicidad, entonces escarban el fondo y vacían la bolsa, al fin arrullo mi panza con un trozo de pan y carne, y para pasar los bocados tengo acceso al charco más cercano, doy gracias por que ayer llovió; los de dos patas se despiden de mí, ya se internan en su hogar a descansar. Buscaré un andén cercano a la puerta de la casa de los de dos patas, “los tengo que cuidar”; esta noche soy su guardia, mientras tanto contemplo la huida de la luna tolerando su frío y su brillo. 

Mañana debo madrugar; tengo 100 puertas por vigilar, responderé al nombre de manchas o a uno nuevo; volveré a dar 100 vueltas por las mismas cuadras; me emocionaré e ilusionaré; soy un perro guardián el de los 100 nombres y los 100 dueños. 

Fotografía José Manuel Vargas Suárez

MI SOLEDAD 

Me da vergüenza tener que mostrar mi trasero azul, pero tengo que denunciar esta falta de respeto; no sé quién goza del dolor ajeno, pero lo hacen; me han lavado en pintura por solo gusto; me siento enojado e impotente; me he limpiado el cuerpo pero no alcanzo mi trasero y me siento cagado, como si arrastrara mi propio excremento. 

Ya no puedo caminar en paz, ni caminar a gusto; me da vergüenza, aunque solo sea un poco de pintura, aquella pitbull se ha burlado y ha incrementado mi pena. Me he recostado a pensar qué pasa; solo quería dormir y era un lugar cómodo; no estoy deprimido ni mucho menos aburrido pero sí me gustaría escapar del mundo; vivir en un mundo de solo perros; conocer el amor verdadero y tener montañas de comida, quizá ser de otro color, otro tamaño o quizá ser otro tipo de animal, quizá ser un humano. 

Fotografía José Manuel Vargas Suárez

Comienza a lloviznar y comienzo a llorar; no entiendo el porqué de mis lágrimas resbalándose por mi rostro; no entiendo esta nostalgia que me invade cada vez más; no comprendo porqué quisiera tener otro estilo de vida, pues tengo libertad, libertad de seguir el rumbo de esta sociedad. Después de tanto pensar, mi mente grita incesante qué es lo que me falta…Ya sé qué me hace falta: compartir con alguien más, estar en sociedad, tener una familia, quien se preocupe por mí, porque me siento solo e infortunado, o si tan solo conociera a mis padres o a algunos amigos, o a cualquier otro perro que me haga compañía, sería más completa mi vida, y luego recuerdo que yo fui quien provocó esta situación; yo fui quien quiso quedarse solo. 

QUE NO SEA LO QUE PRESIENTO 

Que no sea lo que presiento. Solo quiero jugar; ya han pasado muchas chatarras con sus estallidos y me dan ganas de cazar una; pero “sola” no es divertido; estoy esperando hace días a Picasso, hace meses a Lisa y a Da Vinci, hace años a Van Gogh y Botticelli, siempre los he estado esperando y seguiré haciéndolo; cuando llegue ese grandioso día del encuentro ya lo tengo todo planeado; primero rastrearemos un olor que acaramele nuestra nariz, segundo nos revolcaremos sobre algo putrefacto, puede ser en las bolsas de regalo que tiran los de dos patas sobre el prado, y por último cazaremos esas chatarras de estallidos ladrándoles para que se alejen cada vez más. En tanto permaneceré aquí con mis ilusiones y espero que no sea lo que presiento. 

Sigo aquí en la esquina, me siento invisible, los de dos patas no perciben el misterio; saben lo que sucede; sin embargo, no saben que yo no lo sé, y no platican junto a mí, ni siquiera un susurro al lado derecho o al izquierdo de mi coca; me las he tenido que arreglar para discernir una que otra palabra que deambula por mis orejas caídas. 

Fotografía José Manuel Vargas Suárez

Soledad, sinónimo de mi condición; creo que ya no van llegar; pasará un día más y aun así mantengo la esperanza. Hoy es un día más en la misma esquina y recuerdo que hace unos días le escuché a Capitán algo sobre una conmemoración a los artistas por su atrevimiento ejecutado en las calles; no sé a quienes aludía; imagino que eran valiosos, como esas creaciones ocasionales que he visto en los prados; esas magníficas obras elaboradas con mugre escarbado de las bolsas de regalo, o esos rastros permanentes de los que no tienen nombre, sobre el cemento fresco ¡sí…deben ser todos unos artistas¡ por el momento me destino a esperar en esta esquina, y ya se está acabando el día; mañana sí los veré me voy a descansar, mañana volveré. 

Voy viajando a la esquina, pero me detengo porque veo a una de las chatarras con sus estallidos y tiene una mancha en su frente; parece que recibió un impacto o quizá impactó algo porque siempre transitan de afán, y no me gusta lo que piensa mi pecho; espero que no sea lo que presiento, ya extraño demasiado a mis colegas, espero que hoy sea el grandioso día del encuentro para cumplir el plan; viajo rápidamente a la esquina de siempre y veo una porción de carne acomodada en el piso; creo que la ha dejado uno de los de dos patas, ¡hoy desayunare!. Esa pequeña degustación me dio felicidad, pero he percibido la fragancia del veneno. 


PAZ CON JUSTICIA SOCIAL 

Caminaba, trotaba, soñaba; ejercía movimientos y volaba de nuevo pero en medio de mi rutinario recorrido, me llamó la atención una rara asimetría, que es eso? Letras?, creo que alguna vez en mi larga vida de experiencia callejera le escuché decir a un compadre lo que eran y cómo leerlas, pienso que no soy tan analfabeta si entiendo; esto me dijo, pero no sé; me inspiró mucha fortaleza escuchar sus palabras, y no estoy seguro porque (…) P..A...Z paz; si paz dice la primera palabra, qué es paz, me grita mi estómago, qué es paz trata de razonar mi mente, qué es paz maldita sea, me vuelvo loco si no lo comprendo, paz finalmente recuerdo esta olvidada palabra, y me digo es el contrario de la guerra, ahh entonces es en contra de los humanos que nos hacen la guerra día a día, o no? Me responde mi hambre. 

Y luego caigo en mi misma conclusión, ¿por qué me odian? , acaso soy feo, acaso soy gordo, digo flaco, acaso tengo mucho pelo o acaso no merecía haber nacido? No sé pero estas preguntas son tan duras como las respuestas, no le veo claridad!!! No encuentro una razón del porqué los humanos y mi raza no podamos convivir en paz, anqué llega a mi mente la vez que dos humanos se pegaron tan fuerte que me salpicó sangre en mis pequeños bigotes y en mi enredado pelo y me confundo porque no tienen paz ni entre ellos mismos, así que como van a siquiera pensar tener paz conmigo o con mis hermanos, son muy fuertes y rudos pude notar, pero son muy brutos y bobos al no entender que por un papel no se mata, pues pienso yo, eso no se come y lo digo porque ya lo probé, lo más importante es el agua y la comida que sacia a mi organismo. 

Fotografía José Manuel Vargas Suárez

Continúo y dice: “paz con justicia social” quizá lagrimeo un poco pero me da nostalgia; Justicia social, me dice que quizá hay esperanza porque hay humanos que sí piensan en los demás; solo espero que piensen en mí. Miro de reojo atrás de mí, y recuerdo de nuevo los golpes de aquellos humanos; no entienden, no entenderán. 

ANÓNIMO 

Un héroe anónimo de metrópoli, muchas veces ignorado por los que caminan de afán entre el peligro oculto en cada esquina sucia de esta bendita ciudad; ellos viven en el interfaz de sus aparatos atrapados en una seducción artificial y olvidan que están navegando en un lugar desconocido; soy una nueva versión de héroe anónimo dispuesto a no hacer nada. Me es costumbre caminar entre la niebla generada por sus habitantes; ya es costumbre olfatear el exceso de alcohol en el ambiente; vicios descontrolados actuando en el inconsciente de estos animales que generan arte contemporáneo salpicando calles y muros con colores del prójimo. 

Ya viene, se acerca la oscuridad descifrando pasos de los que serán sus víctimas en esta noche; manifiesto que no los puedo salvar a todos; por lo menos a los que no se lo merecen; aislar la maldad de todo lo demás es complejo; solamente soy un canino que pretende ayudar, pero opto por no hacer nada. Tal vez ella y su condición buscó ser agredida, o alguien y su condición la buscaban a ella; sé que él prefirió esa calle, pero no decidió morir perforado por ir al trabajo que tanto buscó, o aquel animal que conducía esa chatarra y decidió esculpir la ciudad a golpes llevando por delante aquella familia que solamente creaban un recuerdo. 

Fotografía José Manuel Vargas Suárez

Me alarma un llanto entre la basura -¡sí, esos regalos!- mi olfato identifica la situación y mis ojos lo comprueban; aúllo cerca de la criatura simulando pedir ayuda; sigo siendo ignorado por ellos y comprendo que debo actuar como anónimo; retiro esos abrigos pestilentes de soledad que para él son una molestia y logro que sea visible su realidad; al fin se acercan muchos de ellos y lo toman en sus brazos; por primera vez los veo unidos y veo que ayudan a alguien de su especie; sé que ahora va a estar bien; me alejo del lugar y sé que volveré a encontrarme con la criatura; tal vez este sea el mayor acto heroico que he realizado; me alejo prefiero permanecer incógnito, no divulgaré mi nombre. 

¿ACASO SOY FAMOSO? 

Un extraño me toma fotos, me mira demasiado, me sonríe, ¿acaso soy famoso?... 

Fotografía José Manuel Vargas Suárez

Estaba buscando un lugar sequito para dormir, pero durante un tiempo me sentía perseguido; un humano con barba me sigue; quién puede ser; la verdad solo admito que me sigan hermosas cachorritas; me produce miedo pero como soy valiente me le acerco; le bato mi rabo y me da comida !humm esta tan rico! No había encontrado nada delicioso en todo el día; saca un aparato extraño; pequeño y raro; lo acerca a su rostro y sale una luz, ¿qué es eso? Me entra la intriga, lo miro aun con más detenimiento y vuelve a salir la luz; alzo mis orejas y vuelve a salir aquella luz; de hecho me hace sentir bien, importante, alguien nota que existo pero no es para golpearme, me alegro y me gusta sentirme así; por un instante, por un pequeño instante me siento famoso, no como una estrella de Hollywood, sino famoso como alguien que es notado y hoy lo sentí. 

GOTAS DE ALEGRÍA 

Uy qué es esto? Algo roza mi rosto; son unas gotas de lluvia; creo que será el mejor día de mi vida; a pesar del frío me encanta que llueva; esas pequeñitas gotitas que caen de lo alto me inspiran a jugar, a saltar en los charcos, a sentirme libre, ahhh, y obvio me ayudan a bañarme; siento que alguien piensa en mí, y me las envía con todo el cariño del mundo; a pesar de que son frías, siento un calor extraño y perpetuo que me acompaña siempre. 

Muchos huyen de la lluvia, mientras que yo no hago más que buscarla; de hecho la otra vez una humana tiraba agua de un piso alto, y yo muy contento me mojaba, en serio, creí que era lluvia; al recordarlo no puedo evitar dibujar una sonrisa en mi rostro, me recuerda lo infantil que puedo llegar a ser. 

Fotografía José Manuel Vargas Suárez


Recorriendo el mundo me imagino de charco en charco; siento la misma adrenalina como cuando corro detrás de un carro o cuando trato de coquetearle a una cachorrita; sí, aquella adrenalina que sientes cuando sucede algo muy intenso; así me siento cuando llueve; siento cada fibra de mi cuerpo, siento mi corazón latir bombardeando con intensidad mi sangre; siento una inmensa alegría y al mismo tiempo un miedo grande por sentir tanta satisfacción; pienso que en este mundo está prohibida. Muy de acuerdo o desacuerdo de lo que pase en donde habito seguiré disfrutando de cada día y de cada lluvia, y haré como si solo viviera para esto, para mojarme, para ser feliz y con una sonrisa en mi rostro me marcho para el siguiente charco. 


NOTAS ENCONTRADAS 

En una caja abandonada se han encontrado las notas de un declarante anónimo; como introducción ha escrito lo que le ha ocurrido en su último día y no entiendo mi vida, siento que cada vez es más pesada y cruel, siento que la soledad es mi cómplice, pero, mi almohada, me duelen las patas, la panza, el hocico, no veo, ni olfateo como antes, me canso con facilidad y esto me asusta. Cruzo las calles y ya no reconozco en donde está mi caja vacía, aquellas pertenencias que con mucho esfuerzo pude conseguir y ni hablar de mi memoria, no recuerdo ni mi propio nombre, si es que tengo. Avanzo otras cuadras y doblo la esquina sollozando miro a lo lejos una manada de cachorros, se siguen en fila india, no comprendo pero deduzco el porqué, que triste suerte la de ese pobre animalito. 

Fotografía José Manuel Suárez Vargas


Como puedo sigo avanzando; algo me detiene; es mi cadera; se me ha fracturado un hueso; me hace soltar un alarido pero seguiré a rastras; no me importa, este dolor no me detiene, dejaré mi nota en la caja; no moriré en vano; sé que a alguien le importo; sé que a alguien le intereso; alguien me quiere aunque aún no me haya encontrado y sé que a alguien le ayudarán mis notas. Pero en verdad, quisiera que tú las encontraras, que recordaras cuando corríamos detrás de los autos, cuando lamíamos el helado pegado en el suelo o cuando dormíamos en cualquier sitio; arrunchados el uno con el otro, para que entiendas que después de tantos años después de tu partida aún te recuerdo aquí conmigo; me seguiré negando porque sé que volverás por las notas. 

“Lloro con un maldito adiós y escribo estas notas entre cortadas palabras, quisiera que mi tortura se acabara; dejaré mis notas entre mi caja, si recuerdo donde está; mi mente es rara, se distrae con cualquier bobada pero tengo la certeza que me recuerdas como te recuerda mi panza; pronto estaremos juntos, espérame que ya casi llego” 


CALLEJERO 

Alberto Cortez 

Era callejero por derecho propio; 
su filosofía de la libertad 
fue ganar la suya, sin atar a otros y sobre 
los otros no pasar jamás. 

Aunque fue de todos, nunca tuvo dueño 
que condicionara su razón de ser. 
Libre como el viento era nuestro perro, 
nuestro y de la calle que lo vio nacer. 

Fotografía José Manuel Vargas Suárez


Era un callejero con el sol a cuestas, 
fiel a su destino y a su parecer; 
sin tener horario para hacer la siesta 
ni rendirle cuentas al amanecer. 

Era nuestro perro y era la ternura, 
esa que perdemos cada día más 
y era una metáfora de la aventura 
que en el diccionario no se puede hallar. 

Digo "nuestro perro “porque lo que amamos 
lo consideramos nuestra propiedad 
y era de los niños y del viejo Pablo 
a quien rescataba de su soledad. 

Fotografía José Manuel Suárez Vargas


Era un callejero y era el personaje 
de la puerta abierta en cualquier hogar 
y era en nuestro barrio como del paisaje, 
el sereno, el cura y todos los demás. 

Era el callejero de las cosas bellas 
y se fue con ellas cuando se marchó; 
se bebió de golpe todas las estrellas, 
se quedó dormido y ya no despertó. 

Nos dejó el espacio como testamento, 
lleno de nostalgia, lleno de emoción. 
Vaga su recuerdo por los sentimientos 
para derramarlos en esta canción. 

Fotografía José Manuel Suárez Vargas




domingo, 3 de mayo de 2015

PEDALEANDO POR LA GLORIA


Por JONATHAN DAVID NIÑO BECERRA

 “Si hubiera parado por un café ellos hubieran hecho
lo mismo, ellos nunca se despegaron de mi rueda”.

Fabián Cancellara “SPARTACUS”

Pocos deportes han realizado el vertiginoso viaje que acumula el  ciclismo en los últimos años; lograr paralizar a un país con las magníficas victorias de nuestros compatriotas: Lucho Herrera, el Cochise Rodríguez, Fabio Parra, Santiago Botero o Mauricio Soler, hasta llegar al mítico Nairo Quintana más conocido como “Nairoman”, y claro, cómo olvidar al paisano Rigoberto Urán.


Mi tía y Nairo Quintana
Quizás este deporte resiste tantos escándalos por dopaje y demás, debido a que no sería difícil demostrar qué tan lejos podría llegar un ciclista sin ayudas químicas. Quizá porque “lo peor ya ha pasado”, eslogan que se pronuncia luego de finalizar una carrera.

A este respecto vale la pena citar el caso del estadounidense Lance Edward Gunderson, más conocido como Lance Armstrong, siete veces consecutivas ganador de la carrera ciclística más prestigiosa del mundo, el Tour de Francia. Armstrong afirmaba que muchos de los que llegaban a la meta por detrás de él  también lo hacían, es decir, también se dopaban, pero que la diferencia radicaba en el acoplamiento y la forma  en la que el cuerpo se adaptaba al doping, ya que, todas las personas son diferentes.

¿A cuántos colombianos les robó el triunfo esa discutible práctica del dopaje? En Colombia se puede decir que este deporte está hecho o se desarrolla todo a base del sufrimiento. En ocasiones te hace perder la conciencia, luego de llevar a tu  cuerpo por encima de las 220 pulsaciones por minuto.

Era necesario  este preámbulo para poder contar que mi primera bicicleta me la regalaron cuando tenía cuatro años de edad; me acuerdo que era una Hammer verde aguamarina, pequeña, con ruedines; fue un regalo que se lo tengo que agradecer a mis padres; esas dos personas que crearon valores deportivos en un niño pequeño para que no eligiera un camino equivocado; mi bicicleta me transporta por buenos caminos y me aleja de las malas andanzas.

La bicicleta es una forma de superación; siempre serás tú el que quiere llegar más lejos e ir más allá del horizonte que ven tus ojos. Cuando me monto a la bicicleta, siento satisfacción y me siento  privilegiado; de hecho, mi hobby o mi pasión es el ciclismo y quiero que llegue a ser mi trabajo; quiero ese estilo de vida. Mi lucha en la bicicleta es contra mí mismo, intento pelear por lo mío y defender lo del equipo.

Para conseguir el éxito debes desear mucho algo, y perseverar para alcanzarlo; la familia en las buenas o en las malas siempre estará con uno; así mismo las personas que me rodean son las que se alegran cuando yo triunfo y las que sufren cuando yo sufro. Principalmente la afición hace que este deporte sea majestuoso ya que a los ciclistas solo se les da ánimo; es muy raro que haya faltas de respeto como sí sucede en otros deportes, en otras pasiones. Solo basta comparar aficiones.

En el ciclismo la afición siempre hará parte de la carrera; a veces la gente dura muchas horas esperando a “ver pasar los ciclistas por las calles de Colombia” pero la emoción es tan exclusiva que se va en la carrera, ya que en cuanto los ciclistas pasan, no habrá por qué seguir esperando. Esperar tanto tiempo para verlos pasar unos momentos en esos caballitos de acero.

En el deporte de las vielas solo gana uno de trescientos y mucha gente llega a clasificar a los ciclistas colombianos como héroes. Es cierto, querer dejar en alto el nombre de un país como éste que se complace en matarse. En todas las pruebas del mundo hay colombianos pedaleando para que la imagen del país sea distinta, y de paso para alcanzar la gloria.

Un ejemplo claro de un acto épico sería esta comparación:                        
Cuando un futbolista se cae y se lesiona, le cambian y lo atiende un médico. Cuando un ciclista se cae de su bicicleta lo que hace es volverse a montar para  seguir en la carrera sin importar en que condición esté. ¿Qué difícil es parar un penalti? - ¿Qué difícil es subir el alto de La Línea?

Compromiso, humildad y  sentimiento por el equipo, son una muestra de los valores con los que se forjan muchos ciclistas; otros prefieren forjárselos ellos mismos a partir del empirismo que les va dejando este deporte día a día.


Sería un poco apresurado relatar mi vida ciclística como los grandes del ciclismo boyacense: Félix “El Gato” Cárdenas, Aristóbulo Cala, Fernando Camargo, Edgar Fonseca, Giovanny Báez, Jeffrey Romero, Leonardo Páez, Freddy Montaña, Winner Anacona, Dayer Quintana, y por último, su hermano, el mítico Nairo Quintana.

Aquí en el Santoto hay ciclistas en formación y yo hago parte de ellos, el reconocimiento por parte de la prensa boyacense “Extra Boyacá” se ha hecho notar; en los pasados juegos intercolegiados se trazó un camino; en cuatro años he conseguido 9 triunfos.

Una lección para la sociedad; si un país funcionara como lo hace un equipo de escarabajos, las cosas estarían mejor; llegaría a ser un gobierno representativo con el pueblo y aparte cruzaría las metas que se trazó junto con todo su equipo de gobierno.

He aquí un glosario para profanos:

Escarabajo: Un escarabajo en ciclismo es el término con el que se conoce a los ciclistas colombianos. Este "apodo" surgió en 1952, con la popularización del ciclismo en Colombia y la creación de la Vuelta ciclista a Colombia, popularizándose en Europa en la década de 1980 debido a la explosión de los ciclistas colombianos en el concierto internacional.
Vertiginoso: Que produce vértigo. De movimiento rápido y mareado.
Compatriota: Persona que viene de la misma patria.
Paisano: Del mismo lugar o provincia que otra persona.
Preámbulo: Lo que se dice antes de dar principio a la materia principal.
Ruedines: Se utilizan para estabilizar la bicicleta.
Afición: “amar a” o “amador de” sin la intención de ganar dinero.
Alto de la línea: El “Stelvio” colombiano. Atraviesa la cordillera central uniendo Armenia e Ibagué llegando a una altitud de más de 3265 m.s.n.m.
Stelvio: Situado en Italia es el paso de montaña de mayor elevación en los Alpes orientales con una altitud de 2757 m.s.n.m.
Humildad: Virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades.
Empirismo: La experiencia es la base del conocimiento.












LOS OJOS QUE QUERÍAN SER MARIPOSAS

 Por Juan Sebastián Higuera Corredor

Para mi abuela y mi mamá


“Los poetas son personas que han
conservado sus ojos de niño.”

León Daudet

“Una madre es una bahía
en el naufragio.”

José Lezama Lima


Cuando contaba  tan sólo con doce años de edad, sintió por primera vez ese abrazo desgarrador de la tristeza. María Helena, mi mamá, por mucho que le hablaras, jamás se tomaría la molestia de dejarte conversar sólo. Camina siempre hacia adelante, con un gesto melancólico en su rostro; ese mismo que le arrebató  la sonrisa de niña. Para mi mamá, recordar aquellos momentos dónde comenzaba a vivir cómo una persona adulta, era un acto reflexivo; se trata de una forma refinada en sus actos, a veces bastante complicados; en pocas palabras, pienso que todo esto que le ocurrió a mi mamá de niña, es quizá la causa que le haría olvidar por completo, esa  anhelante ambición de sentir de frente la gratificante ausencia de la felicidad.

Mi mamá es una mujer de aproximadamente unos ciento cuarenta centímetros de estatura. Su cabello es liso y de color negro; su cara es redonda, de cejas pobladas, bien definidas; sus ojos son chiquitos de color café; nariz pequeña, tiene una boca grande, muy sofisticada. Su color de piel es claro, y  su peso es más o menos de sesenta y cinco kilogramos. Mi mamá a primera vista da el aspecto de ser de mal genio,  pero al conocerla más a fondo se darán cuenta de que es muy tranquila; su ternura desaparece casi todo el tiempo, cuando tiene que llorar lo hace sin prejuicios. Mi mamá es algo  sobreprotectora conmigo. Es muy directa, dice las cosas como son; no las adorna sin importar los sentimientos. Nunca ha utilizado la violencia para corregirme, pero lo mejor es que  ella piensa muy bien las cosas para no tener que arrepentirse más adelante. Mi mamá es una manzana que se deshace en la boca; sus cosquillas me despojan varias lágrimas; con su aspecto taciturno, pienso que mi mamá es la mujer más alegre del mundo.

La vida de mi mamá no pudo llegar a ser perfecta, pero siempre trata de olvidarlo. Ella expresa sus designios siempre de una manera melancólica, posiblemente porque a ella se le borró por completo el significado de la felicidad. Luego de un tiempo,  mientras mi mamá  arrebata con el cuchillo su porción de carne para azar, comenzamos a platicar de una manera no tan apagada como antes,  pero sí con unos límites de seriedad impresionantes. Con la suavidad con la que corta ese tramo de filete, se nota  que en ese momento piensa en algo distinto que no fueran problemas.

En estos momentos son las tres de la tarde;  los sábados son los días más sosegados para mi mamá. Le pregunto por uno de sus cumpleaños, pero en el momento en el que le hago la pregunta, mi mamá enjuaga sus manos en el lavaplatos y dirige toda su atención en la puerta de la cocina; exactamente donde yo me encontraba, pero veo que no sabe por dónde empezar. No obstante, decide no referirse al tema, porque para ella ninguno de sus cumpleaños fue agradable.

Ninguno de esos episodios tan nostálgicos  se reanudaron de nuevo  hasta el día del cumpleaños de mi hermano menor. Mientras mi mamá veía la vela con fervor y producía una sonrisa casi  real, pensaba en esos bellos momentos donde recibía aquellos humildes regalos. Una muñeca de trapo llamada Sofía, un rompecabezas y un saco de algodón de color azul, fueron algunos de los  obsequios que recibió cuando apenas acababa de cumplir los siete años. Mi mamá describe a Sofía como su hermana mayor; conversaba con ella casi todo el tiempo, incluso, se tomaron la molestia de componer una melodía que simbolizaría su unión;  un sonido que mi mamá siempre entona con los ojos;  pero mayormente con el corazón.

Cuando nos encontrábamos en la azotea de la casa, mis hermanos menores alimentaban sus gritos por medio de sus juegos y pasatiempos; era el momento perfecto para conversar con ella; es cuando se me ocurre preguntarle sobre su nacimiento; ella se impresionó mucho, a pesar de ser azotada por su pasado; admiro esa fortaleza que mi mamá posee para ignorar estos sucesos.

El 27 de julio de 1971, mi mamá  nació bajo la ausencia de mi abuelo; este hecho produjo cierto odio por el cariño que le debía tener; por ello, en ciertas noches, me tomo la molestia de pensar en aquella parte, esa que exalta de una manera muy poética los valores más prodigiosos de mi mamá; sólo sentía que ella era un poco mayor que mi abuelo, supongo que cuando hablo con ella, se ve más enriquecida de memoria que él. Yo siempre presumía los valores de mi mamá cuando me encontraba con mis primos y mis amigos; les explicaba que “ella no necesitó nacer niña, por eso desde siempre ha sido tan grande”; yo pienso que nunca le faltó su niñez para ser feliz, porque ella es aún una pequeña niña desviada en el tiempo; castigada por los caprichos del destino.

Quizás sea la hora de hablar de mi abuela,  María Ricarda Higuera; es una mujer de metáforas; aquella dama que sigue perdida en el mundo;  quizás  porque el alcohol se concentró en lo más profundo de su vientre, desperdiciando así gran parte de su vida en el licor y en el bullicio. De pronto, saca del bolsillo de su abrigo una caja de cigarros, mientras observa por la ventana de su habitación la humilde travesía de los autos; retira uno de ellos y empieza a fumar  tan tranquilamente, conversando con el humo que sale tan deprisa como si los problemas no le arrebatasen su existencia.

Discutir  de su  pantalón adormecido, es platicar sobre ese pasar de los años excesivamente descuidados por causa de las pésimas relaciones familiares;  tampoco debemos hablar de sus sandalias, que definitivamente no serían capaces de resistir tanta angustia,  ni mucho menos de sus ojos, que se notaban desesperadamente demasiado afligidos. Sus ciento setenta centímetros de estatura parecían casi interminables como sus setenta y cinco años de edad. La ironía, su cualidad más exorbitante, hacen de ella una mujer desmedida; está repleta de tanta grandeza que la hace ver muy admirable para todos los miembros de mi familia, en especial para mí.  Mi abuela es una mujer muy simpática, servicial, es elegante y humilde. Ella no es más alta que yo; pero aún así pienso que me falta bastante para poder alcanzarla. Su cabello es corto,  lacio y de color castaño. Sus ojos son de color negro, brillantes y pequeños. Su boca es fina, cómo un durazno, y su rostro es  ovalado; casi cómo las estrellas.

A mí  personalmente me gusta conversar con mi abuela porque siempre tiene algo bueno qué decir; algunas veces nos contamos nuestros secretos… y otras, se toma la molestia de regañarme; para mí  es la persona más amable de todas así su pasado la delate tanto.

El tiempo se apresura; mientras mi abuela permanecía allí y culmina algunas de sus labores, le pregunto detalles de su hogar; cuando mi mamá aún era una niña.  El campo donde ellas vivían era una despensa silvestre; estaba ubicada en la vereda “Los Rosales”, localizada en la avenida que conduce hasta la ciudad de Bucaramanga. En el lugar se hallaban  todo tipo de flores; las orquídeas eran las que más brotaban en todo el lugar, incluso, son las preferidas de mi mamá; su cofre abarcaba más de treinta tipos distintos; jazmines, rosas y azucenas hacían parte de esta gran colección. También había dos manantiales, por cierto, verdaderas moradas para las aves. Además, centenares de árboles majestuosos con troncos colosalmente bien pulidos,  eran los que más se notaban por todo el lugar. Seguramente no había cuidado más delicado que el que mi mamá le otorgaba a su hogar. Transcurren ahora varios minutos; mi abuela se alza de su mecedora, y se dirige hacia el pasillo dónde me encontraba. Su voz cada vez se extingue más cuando se aproxima. Luego de que se recoge el cabello con la mano derecha; mi abuela me recita uno de sus proverbios; pero éste es un poco más extravagante:

― ¿Te acuerdas que una vez, yo dije que cuando la pobreza entra por la puerta, el amor se escapa por la ventana?
― Sí.  
― La verdad, pienso que eso era lo que habría de esperarse.

Tal vez mi abuela dijo esto porque está muy desilusionada con los problemas económicos que la rodean;  el consumo es el principal factor  para que el desempleo, el hambre y la necesidad existan. A paso lento continuábamos con la conversación; siempre supe qué mi abuela dijo eso porque lo que me respondió lo aclara todo:

― ¿Por qué lo dices abuela?
― Es esta “pobreza” la que consumió mis más anhelados sueños.

Al fondo del comedor se oían los gritos inagotables de Esteban, mi hermano menor; y más al fondo los de mi abuelo. Apenas llega en su coche, (uno de esos mercedes de clase GIK), lo percibí  al instante, porque oí el sonido de su bocina; por cierto, qué ruidos que producía esa cosa. Mi abuela y yo aún seguimos discutiendo, y para asombro nuestro, observamos su figura en la entrada de atrás. Cuando sobrepasa la puerta, se hace sentir el estruendo de su personalidad: la de viejo cascarrabias; un hombre con la felicidad muerta. La verdad no tengo idea de por qué él regresó de un humor mucho peor al de todos; supongo que mi abuela ya no siente la misma angustia de antes; desde ese instante; su rostro habla por ella. En ese momento, mi abuelo empieza a lanzar un montón de gritos que parecían ladridos de perros frenéticos. A mi abuela se le extingue esa sonrisa que desde toda la mañana parecía interminable; entonces mi abuela se retira del lugar, y se dirige a su habitación a descansar; posiblemente porque ya está bastante sofocada de vivir en esa miseria desagradable.




Cuando terminamos todos de almorzar, me dirigí a la cocina junto a mi mamá; quería preguntarle muchas más cosas:

-¿Mamá, cómo fue tu primer encuentro con el amor?

De pronto, sus ojos comienzan a tomar un color deprimido, desde ese entonces comprendí que fue el amor el que la destrozó por completo. Con cierta duda que le quedó después de oír mi pregunta, responde:

-Fue algo bastante inaudito, como lo acostumbraba hacer; “siempre me disponía a  realizar las actividades de la finca, y siempre “topaba” con la casa de un vecino, compañero de la escuela”. Me aclara una experiencia muy grotesca, un noviazgo que perduró un largo tiempo, un amor entorpecido, que sólo ellos dos podían dominar. Mi mamá admite que muchas personas le hicieron sentir un sentimiento enfermizo. Para ilustrar su comentario, me cuenta que en varias ocasiones tuvo que escaparse de casa en las noches, para “toparse” con ese tipo, utilizando una señal para encontrase en un lugar que ella describe como libertino pero aun así soberbio.

Supongo ―y se lo digo a mi mamá ― que la fidelidad que muchos le atribuyen a las personas no es más que mero sometimiento; una gran pérdida de tiempo. Si las personas fueran capaces de llevarle la contraria a mi mamá, por mi parte serían liquidadas en el acto. Pienso que posiblemente no tendrían derecho a ningún privilegio, y en este caso, al cariño de mi mamá.

― Sí, claro, demasiada pérdida de tiempo―dice― un poco aturdida.

Entonces mi abuela se asoma por la puerta de la habitación dónde permanecíamos mi mamá y yo. Desde un principio sospechamos que alguien se encontraba afuera del lugar; no nos sorprendía para nada que fuera mi abuela la que se encontraba allí.

― ¿Sabes realmente que es la felicidad?― me pregunta mi abuela con una sonrisa.


 Oyendo la disertación de mi abuela; me pregunto ¿cuál es el verdadero significado de la felicidad? La vida pierde sentido cuando nos disponemos a reflexionar en los últimos momentos de vida. Sin sus metáforas; mi abuela no tendría el don de cambiar al mundo. Pero al final terminé de entender que mi mamá, una mujer completa  hasta el último aliento, sería un grandioso ejemplo para dar a conocer que sencillamente los límites jamás han existido; que son simplemente meros estados de ánimo. 

domingo, 26 de abril de 2015

ORGASMO SENSIBLE, DULCE O FIERAMENTE APASIONADO

Hay reseñas de reseñas, pero ésta es especial... Y la vida es eso... un Orgasmo sensible, dulce o fieramente apasionado. Esa es una de las conclusiones de Manuel Vargas, estudiante de la UPTC luego de leer Ética para Amador de don Fernando Savater.