jueves, 9 de abril de 2015

MI CONDICIÓN... MI DESAFÍO


Por Andrés Paipa


“Mi felicidad consiste en que sé apreciar lo que tengo
y no deseo con exceso lo que no tengo.”

Tolstoi


Esta es la historia de vida de una niña que a pesar de sus discapacidades lucha por salir adelante. Su nombre es Sara Katherine Parra Sánchez; nació el 24 de junio de 1999, día en el cual empieza su lucha por la vida. Para sus padres la noticia de que su hija había nacido con discapacidades fue quizás el golpe más duro que han recibido en sus vidas; no podían creerlo. Luego de muchas lágrimas llegaron a la conclusión de que lo que quedaba era salir adelante y guerrear con mucho coraje; sin embargo seguir una vida relativamente normal no es fácil en este caso, aunque esta familia concluye que el amor les facilita las cosas. 

La madre de Sarita, doña Jacqueline Sánchez es una de las personas más importantes en su vida pues ella es la que está en todo momento pendiente de ella, e incluso ella es una pieza fundamental del cuerpo de Sarita. Quiero agregar que Jacqueline salió de bachiller de nuestro colegio, el Instituto Técnico Santo Tomás de Aquino.

El padre de Sarita, don Raúl Parra, es muy amigo de mi padre, por él conocí el caso de Sarita, ya que sin él no hubiera podido hacer este homenaje; don Raúl trabaja diariamente en su negocio de bicicletas para poder dar el pan de cada día en su casa; también está pendiente de sus hijos; él y el hermano de Sarita, Andrés Felipe Parra Sánchez le brindan apoyo en su aprendizaje y en cualquier situación que se le presente. En el poco tiempo que compartimos juntos me di cuenta que Andrés, aunque con 9 años de edad, y cursando apenas cuarto de primaria, tiene una mente muy madura, y muy dispuesta para cualquier situación, pues con el amor todo se puede. Esto nos demuestra que para el saber no hay restricción de edad. Ellos son los protagonistas de esta crónica; nos enseñan que tenemos que dar lo mejor de nosotros mismos; si ellos no lo hicieran por Sarita, no podría salir adelante. 

Sara tiene 15 años de edad, estudia en el colegio “Gimnasio moderno Santa Sofía”, y cursa el grado octavo. 

Sarita tiene epilepsia y un retraso cerebral leve; fueron causados por una hipoxia (esto quiere decir que en el momento de nacer le faltó oxigeno). Ella es la única persona en su familia con esta discapacidad. 

Doña Jacqueline me cuenta que cada vez que su hija se levanta a ver el sol, ve en su mirada una ilusión, y es que esa lucha diaria la pueda librar sin cansancio. Sólo así, combatiendo diariamente, Sarita podría lograr su gran sueño de ser enfermera. “Ser enfermera” ¡Qué sueño! En las pocas palabras que logra decir, me cuenta que lo haría para ayudar a las personas que están en la misma situación. 




Llevo tres años conversando con ellos, buscando la manera de contar esta historia. En ese transcurso de tiempo me parece que han logrado avances significativos, pues ahora está en la fundación “Superar” que está ubicada en el barrio las Orquídeas. Allí estimulan su aprendizaje con la valoración de los siguientes aspectos: Física, ocupacional, lenguaje, habilidades, motricidad e independencia. Lleva aproximadamente un mes en ella. 

Una de las dificultades que presenta Sarita es que lamentablemente se le dificulta caminar bien por causa de la Neuropatía (que es una enfermedad del sistema nervioso periférico). Me cuentan que se le dificulta poner el pie en el piso de manera correcta, además que su tobillito se está deformando. En la fundación Superar no le tratan este problema porque han dicho que no es avanzado, pero debe aclararse que si fuese más serio, lo harían seguramente. 

Su madre hace todo lo posible para que su hija esté bien y no le falte nada. Antes le ayudaba a estudiar en el salón de clases pero ahora le pagan una profesora adicional para que esté pendiente de ella, porque lamentablemente a Sarita se le olvida al día siguiente lo que aprendió el día anterior. Como ejemplo de esto, todo el mes de marzo trabajó el círculo y el color amarillo, pero en la evaluación no se acordó de lo aprendido. Anteriormente el único número que Sarita reconocía era el número Uno, ahora ya se sabe algunos más, y esto es muestra de una evolución en su aprendizaje. 

Doña Jacqueline la lleva al colegio de 7:00 am a 12:00 m, después, la lleva a la fundación de 2:30 pm a 4:00 pm; allí está pendiente de que no la vayan a empujar porque puede ser peligroso para ella; no la descuida ni un solo momento. Me dice que es duro para ella porque también tiene que estar pendiente de su otro hijo. A mí me sorprende mucho que Sarita se preocupe tanto por aprender pero su discapacidad no lo permite; esto es un gran ejemplo para aquellas personas que tienen una excelente salud y no tienen amor por el estudio. 


La coordinadora del colegio Gimnasio moderno Santa Sofía, Nancy Monroy, me cuenta que en su colegio además de Sara hay más niños con otras discapacidades, por ejemplo síndrome de Down, discapacidad cognitiva, parálisis cerebral, síndrome de Asperger, hipoacusia, etc.

Doña Nancy me cuenta que a todos los tratan por igual para que no se sientan excluidos pero que por supuesto se debe tener en cuenta su discapacidad. No es fácil cargar con esta responsabilidad pensando en todo lo que puede ser peligroso para ellos; a Sarita por ejemplo la tienen en un puesto un poquito apartado para que en caso de que tenga una reacción, no golpee a sus compañeros de curso. A Sarita la evalúan tanto en el colegio como en la fundación pero hay días en los que trabaja y otros en los que no. 

Sarita tal vez tenga pocos amigos, pero tiene el gran apoyo de su familia y de muchas personas que valoran lo que hace. Por mi parte me siento como un amigo más, un amigo orgulloso de haber podido compartir momentos inolvidables con ella y su familia, que muy amablemente me abrió las puertas de su casa y me brindó la oportunidad de rendirles un homenaje porque son personas humildes y luchadoras. 

Es triste escuchar que una persona como Sarita no puede realizar ningún deporte porque tiene neuropatía; obviamente se refleja en su rostro la felicidad al imaginar que está practicando algún deporte. 

Su familia trabaja constantemente en ayudarle para que no le avance la enfermedad y así pueda caminar bien y tener más independencia. Se han propuesto enseñarle a leer y escribir; quizás así tenga una funcionalidad y pueda desempeñarse en algo.


Un día en la vida de Sarita es el siguiente: Jaqueline y Sarita van a estudiar por la mañana y por la tarde van a la fundación; regresan a la casa y Jacqueline le da las pastillas recetadas por el médico; son 2 anti convulsionantes; cada ocho días sedantes, ácido valprohico y oxcarbazepina. Estas drogas son muy fuertes; así que Sarita cae en su cama de lo cansada y agotada que está, y se toma una larga siesta. 

Su padre, don Raúl, trabaja todo el día en su negocio; por la tarde, mientras Sarita descansa, Jacqueline le ayuda a llevar marcos o a realizar diferentes actividades en el negocio; también su madre se encarga de comprar la droga y de todos los cuidados. 

Su hermano Andrés Felipe hace sus deberes y sus tareas; cuando despierta Sarita, juegan; en ocasiones pelean, sin embargo pienso que hasta en esos momentos es una muestra de cariño pelearse con los hermanos. 

Así es su otro pan de cada día. Un trabajo muy duro que sólo puede hacerse con amor. Es satisfactorio que una niña como Sara les dé un ejemplo de vida a aquellas personas que sufren de esta enfermedad, o a aquellos que a veces piensan en quitarse la vida, o a aquellos que andan por la vida vegetando arrastrados por la pereza. Sarita es la muestra que debe lucharse por la vida. 

Lo que ronda en mí en este momento es alegría y orgullo pues es muy agradable haber pasado unos momentos de mi vida con una persona que tiene ese pensamiento tan amplio y entonces de golpe recuerdo que ella lo que me dice hoy quizás ya no lo recuerde mañana, y entonces me arde el corazón pues conocer esta historia me sensibilizó demasiado, y si hay algo en este país que es difícil, es ser sensible. 

Estoy muy agradecido con esta familia que me permitió entrar en su hogar. Quería en mi trabajo dar a conocer un gran ejemplo de vida y así hacerle un homenaje. Si la vida consiste en buscar la felicidad. Ellos nos ponen a pensar en lo que hacemos cada día para conseguirlo. 





martes, 31 de marzo de 2015

DEL LUTHIER


                                                                   Por David Gallo Gómez

La música es sinónimo de libertad, de tocar lo que quieras y como quieras, siempre que sea bueno y tenga pasión, que la música sea el alimento del amor.

Kurt Cobain

Quise hacer un homenaje a uno de esos personajes que dedican su vida a un arte que en los pueblos desaparecerá dentro de poco debido al impacto de la tecnología y del gusto de los habitantes de nuestras ciudades por esos artículos procedentes de otros países. El personaje que elegí es el Luthier Félix Emiro Delgado, quien se ha dedicado a enaltecer nuestra música colombiana, a través del arte de la fabricación de instrumentos musicales de cuerda.



Aunque este luthier no cuenta con mucha maquinaria sofisticada, da lo mejor de él con tal de lograr que el instrumento que está haciendo hoy, sea mejor que el que hizo ayer. Lo que dice es asombroso porque el arte lo habita: “quiero lograr que ese instrumento produzca melodías únicas, nunca antes escuchadas”.

Don Félix Emiro Delgado es un luthier de 73 años de edad. Nació en un pueblo que tiene un nombre de ficción, la Belleza; me cuenta que queda cerca de Vélez en el departamento de Santander.

Pienso que don Félix desafía el arte porque no cualquier persona entrega tanto esfuerzo y dedicación a construir un instrumento con un acabado único y de tanto rigor. Me cuenta que comenzó en este mundo de la luthería cuando contaba con 23 años de edad. En ese entonces comenzó a trabajar en la ciudad de Bogotá con el señor Bernabé Velasco; con él aprendió el proceso de fabricación de los instrumentos de cuerda. Entonces hizo su primer instrumento, una guitarra.  Luego de trabajar con este señor, y aprender un poco de un libro de técnica española, se fue a trabajar con otro señor llamado Moralito Montenegro; allí adquirió un poco más de experiencia.

Su primer instrumento fabricado fue vendido al señor Jaime Blanco, quien pagó $200 que hoy en día, y según sus cálculos, serían algo así como $300.000. El instrumento más fino que fabrica hoy en día tiene un precio de  $2’000.000 ya que está fabricado en maderas 100% importadas. Durante los años que  lleva en este mundo ha preferido dedicarse a la fabricación de instrumentos finos y de muy alta calidad.

Durante un tiempo fabricó instrumentos para el dueto de música colombiana “Garzón y Collazos”, y para un señor de apellido Reyes  quien era un concertista de tiple.

En Bogotá vivió gran parte de su vida dedicándose al arte de la luthería; hace unos 25 años se vino a vivir a la ciudad de Duitama donde encontró un lugar muy acogedor y del que hoy en día no quiere alejarse; la frase que él más suele resaltar en su día a día es: “el instrumento que voy a hacer hoy va ha ser mejor que el hice ayer”.

Cuando le pregunto si canta me dice que interpreta bambucos, pasillos, guabinas, torbellinos, vals, boleros entre otros, y que además proviene de una familia de músicos. De hecho me cuenta que fue a la edad de 15 años cuando sintió atracción por la música y el canto, ya que en ese entonces un hermano le hizo comprar un tiple para que practicara.



Otra de las cosas que él más aprecia además de la música es el arte de hacer amigos, y uno luego de escucharlo se da cuenta de que la amistad es un arte de tanta dedicación como el arte de hacer buena música.

Cuando le pregunto que si le ha enseñado a alguien este oficio; me dice que a don Jaime Castro, a don Sofonías y a don Carmelo Pico. Agrega que para la fabricación de un instrumento de cuerda fino se utilizan alrededor de cinco tipos de madera distintas, y que el tiempo de fabricación es de dos meses aproximadamente.

Don Félix a pesar de los años que tiene aún lucha y luchará porque el instrumento que fabrique hoy sea mejor que el que fabricó ayer.

En la ciudad de Duitama es llamado y reconocido por sus colegas como “Tío” por ser esa persona que les enseñó este bello arte.


Él no ha sido una persona egoísta; al que quiera aprender el arte de la luthería le enseña; tal vez gracias a esto nunca le ha llegado a faltar el trabajo, y mientras tenga salud seguirá con este bello oficio. Construyendo cada día un instrumento mejor, y cultivando amistades como ya lo ha venido haciendo desde años atrás.

FRAGMENTOS DE UNA HISTORIA OLVIDADA


Por Diego Cendales y Laura Trujillo

Unos diseñan y fabrican armas, otros idean formas de lastimar al prójimo... este par de muchachos decidieron componer una canción para disputarle la memoria a la malsana muerte. Discípulos de Orfeo y de las musas recogieron las palabras de otros poetas y le pusieron banda sonora a nuestro Proyecto Lugares de memoria, demostrando que no es posible que calle el cantor porque si calla el cantor calla la vida...



domingo, 22 de marzo de 2015

PONERSE EN LOS ZAPATOS DE UN MINERO


Por Sendy Dayana Zarate 


“Si sintiera deseos de volarme los sesos trabajaría en una mina de carbón o como paparazzi”


Liam Gallagher


“Hoy el suelo pertenece a minorías que impiden al pueblo cultivarlo. Las minas trabajadas por tantas generaciones también pertenecen a unos pocos que limitan la extracción del carbón o lo prohíben. La maquinaria es propiedad de algunos, y si los nietos de su inventor reclamaran los derechos, serian fusilados.


Piotr Kropotkin.


Manos negras en espera de jabón y agua, esa es la triste realidad que se sufre en un país en vía de desarrollo en el cual la mano de obra barata, el desempleo, y la falta de oportunidades, dejan sin opción a centenares de personas que en busca de un futuro mejor, abandonan sus sueños en el camino, y dedican su vida a arrancar del subsuelo cualquier destello de esperanza.

Este artículo se hace con el fin de dar a conocer las labores mineras que se realizan en Colombia teniendo como énfasis el departamento de Boyacá, y es inspirado en la labor de mi más grande héroe, mi padre; se hace necesario profundizar sobre el conocimiento de la labor minera desde una perspectiva humana para llegar a una verdad cruel y opaca que han tratado de ocultar nuestros gobernantes a través de cifras y estadísticas que anualmente publican con orgullo para el beneficio de multinacionales por lo general, extranjeras; sin embargo éstas cifras no reflejan la situación actual que sufre una sociedad que por pensar en guerra, narcotráfico y corrupción, dejan de lado a nuestros campesinos abandonados a su suerte, a un porvenir que no les ofrece más que pobreza, miseria y mala calidad de vida. 



La mala praxis de un gobierno que se ha dedicado por años a adjudicar concesiones mineras a empresas extranjeras ha desplazado a los pequeños microempresarios del país ayudando a arruinar no sólo la población, sino la materia prima, el suelo y subsuelo, y de esta manera acabar con los recursos naturales no renovables de la nación; sin debatir la propuesta de hacer frente con una política drástica, para impedir tantos daños naturales al ecosistema. En este país se premia la destrucción y se la exonera de impuestos; sin embargo si hablamos de impuestos, estos solo son pagados por los microempresarios nacionales.

Muchas personas de cualquier profesión ven en la minería la oportunidad de hacer y crear un capital, aún a costa de su propia seguridad. Esta realidad se ve en nuestros televisores cuando aparecen noticias que involucran accidentes en estas minas; ya sean explosiones, derrumbes o atrapamientos, que se generan principalmente en aquellos socavones de los cuales se extraen los minerales de manera artesanal, dado que por costo beneficio es mejor arriesgar la vida de un trabajador, es decir de una mano de obra barata, a tecnificar y mejorar el sitio de trabajo con maquinaria para disminuir los riesgos laborales. 


La herramienta de trabajo de un minero en busca de riquezas no va más allá de un martillo neumático, un pico, una pala, y un coche o una carretilla que unidos a sus ganas de obtener el mineral para suplir sus necesidades, no se compara con el esfuerzo físico, y la fuerza que debe aplicar a dichos instrumentos para remover no solo la tierra, sino sus sueños y los de su familia. Por esta razón la familia del minero lo ve como un héroe que culmina el día agotado, sudoroso y con las manos negras y encallecidas. Tanto esfuerzo guiado con el deseo de superación; tanto trabajo para esperar una recompensa que a largo plazo no se ve.

Minas como EL SALITRE ubicada en el municipio de Socha al norte del departamento de Boyacá, a 257 Km de la capital nacional, nos dejan apreciar y conocer a través de crónicas contadas por sus protagonistas, la realidad que no nos cuentan o nos la maquillan los medios de comunicación. Nuestros protagonistas, como se ha dicho, en su gran mayoría son personas que no superan una educación básica, jóvenes por lo general ya responsables de un núcleo familiar, cuyas mayores expectativas son mejorar la calidad de vida y brindarles un futuro a sus hijos; muchos de ellos quizás no desean que sus hijos tengan que seguirlos en su sacrificada labor. 

Ellos nos cuentan cómo su día también inicia con la aurora. El día laboral espera. Salen de sus hogares o sus campamentos hacia el socavón. Allí los espera una segunda familia, sus compañeros mineros; aquellos con los que día a día comparten sus experiencias, sus conocimientos, sus problemas y un sin fin de chistes y chanzas, con los cuales amenizan su trabajo; recogen sus herramientas y sus elementos de protección personal y se adentran en un túnel oscuro y riesgoso, en parejas, para protegerse mutuamente; al llegar a su objetivo es decir, al “corte” o “tajo” comienzan a remover y extraer el carbón; oscuro mineral que enriquece esta zona boyacense. 




Los mineros, minuto a minuto se encargan de escoger este producto; buscan el que sea apto para su comercialización; a mitad de jornada tienen un descanso y es la hora del refrigerio; allí comparten lo que en sus casas, sus madres, esposas o hermanas prepararon; comidas típicas como guarapo, mogollas, agua de panela, queso o limonada. Luego continúan con su trabajo hasta completar un jornal, es decir, por 8 horas están dentro de la mina; no sólo sacando carbón sino haciendo de la mina un lugar seguro pues dentro de sus labores está hacer puertas, que dentro de los socavones son muros de madera que sostienen las paredes y el techo de estos enormes túneles; sirven para proteger las vidas de nuestros protagonistas. Al terminar la labor, salen, se lavan, se limpian y guardan sus herramientas de trabajo; lavan sus manos y sus rostros con agua y jabón para retirar el hollín que deja el mineral en su cuerpo. 


Pero no solo nuestros protagonistas trabajan dentro del socavón; algunos están afuera, en las tolvas en las cuales se almacena el mineral, ayudando a escoger el mejor para llevar a la venta, embarcándolo en los vehículos adecuados para tal labor; se encargan de sacar el carbón de la mina por medio de coches que son arrastrados por un motor (malacate), luego lo depositan en las tolvas, para ser llevado a su destino. El malacatero no trabajó en la oscuridad como sus compañeros pero sí bajo la inclemencia del frío, el invierno o del rayo del sol; sin embargo a veces también tienen que entrar. 




Los últimos gobiernos criminalizaron la minería tradicional y la llamaron minería ilegal. Su estrategia consistía en entregar el mineral al capital multinacional y tal vez cobrar por los favores. No se ponen a pensar en el estilo de vida de miles de colombianos que viven de esta forma de empleo. Se debe señalar que si estos políticos fueran justos harían lo posible por comprender estos problemas y dignificar las opciones. Poner tantos “peros” para las licencias y los títulos mineros; trabas, papeleo, tonterías que fomentan la corrupción y afectan al pobre minero. Pero eso es Colombia, un país con tanta riqueza pero para los mismos, se la reparten entre ellos. A los demás nos dejan pobreza, trabas y papeleo. 




Espero que después de leer este corto artículo su perspectiva acerca de la minería en Colombia haya cambiado, aún nos falta mucho por saber, mucho por averiguar pero lo importante es que dentro de nuestro saber tengamos una idea no errónea de la situación actual del país; la minería es una profesión muy riesgosa; ser hijo de minero es una permanente angustia; no sólo nos agobia la guerra con los grupos al margen de la ley, o la corrupción de nuestros gobernantes, o los Tratados Libre Comercio (TLC), también las pocas oportunidades que tiene nuestra población para superarse, para llegar a ser profesional, para tener un mejor futuro; no es fácil ponernos en el lugar de un minero cuando nosotros lo tenemos todo, una familia, educación, un futuro, pero no es difícil comprender que en nuestras manos está el cambio. El peor defecto de la humanidad es la ignorancia y la negación a buscar conocimiento; somos conformistas, si nos dicen blanco aseguramos que es blanco, no vemos más allá de lo que nos dicen, y en ocasiones somos como un rebaño de seres que no piensan. Quizás todo se trate de ser capaces de ponernos en los zapatos del otro. Aprender a hacer esto puede ser el comienzo de una sociedad más justa y equitativa. Yo me puse en los zapatos de un minero, conversé con ellos, y valoro mucho el trabajo de mi padre y el de sus compañeros. Los invito a que hagan lo mismo. 



jueves, 19 de marzo de 2015

UN ANCIANATO, ISLA EN LA CIUDAD


POR EDUARDO NIÑO

La muerte presume y un espejo, que no me gusta,
                                te hace recordar que el tiempo pasa.
                                                                                     
Silvio Rodríguez

Al pasar sus grandes puertas, el visitante siente que una fiera lo arrastra; lo invaden los alrededores y en el fondo una gran casa.




El visitante avanza y al lado derecho contempla la vegetación del lugar; al mirar hacia la copa de los árboles no se dan cuenta que el piso es de piedra o de gravilla y no de cemento como algunos creen; lo cierto es que contrasta con la abundante vegetación del lugar que crece como pasto en un potrero; sin embargo en el lugar se siente que los recuerdos van falleciendo a medida que el tiempo pasa y la vejez continúa.

Se ven dos casas; en una están la Lavandería y la cocina; justo detrás está la piscina sin agua; tal vez esta sin agua para que los  recuerdos no se ahoguen, enseguida queda el patio; en la segunda casa se encuentra la administración, en esta oficina trabaja María Pineda Vivas hace aproximadamente un año; al fondo se encuentran la sala de televisión y la sala de juntas; en los pisos de arriba duermen los 28 adultos que se encuentran en la tercera edad; los 28 viejitos que viven en este Ancianato.




En medio de las dos casas hay una cancha de baloncesto poco utilizada para este deporte; es un sitio en el que se reciben las visitas, me imagino que este es un sitio especial en el que uno puede alejarse de las noticias cotidianas de este país; lo cierto es que cuando uno entra a este recinto se transporta fuera del tiempo.

En la casa donde se encuentra la administración, metros más al fondo se encuentra Rosaura Álvarez; estaba esperando la visita de la familia, ella no es de Duitama; la trajeron de Tunja; me pregunto si estará aquí hasta su muerte.

La rutina en este lugar consiste en esperar a que sean las 8 de la mañana, para salir y socializar con los demás. Este Ancianato se llama Fundación Club Hogar Geriátrico Tundama del Barrio San Antonio Norte. Aquí trabajan 17 empleados; ellos son los encargados de cuidar a os viejitos, y pasar con ellos la mayoría del día. Una habitante del Barrio me había contado que ellos viven muy bien allí, que tienen comodidades y salas de lujo y que seguramente no viven tristes ya que pagan $1.200.000 mensualmente; luego entendí que allí se perciben los recuerdos y la soledad, e incluso la idea de que los familiares se quisieron deshacer de ellos; tal vez en estos instantes ellos se dan cuenta que no pueden tener una almohada llena de dinero para abrazar y tratar de opacar la tristeza que llevan por no ver a sus seres queridos, por no darles el cariño necesario cuando ellos lo necesiten. Luego pienso que quizás simplemente sus hijos o familiares encontraron en este lugar un sitio para dejarlos ahí y que no les causen más problemas o incomodidades como lo llaman algunos. Sin embargo es bueno arrojar la conclusión que nos tranquiliza: aquí están mejor que en otro lado.



Doña María Pineda  me contó que el ancianato fue inaugurado el 17 de noviembre del 2005; agregó que está muy amañada con los viejitos y que ellos están amañados con ella.

He hecho varias visitas al lugar, y me di cuenta que la vanidad se mantiene a esta edad; de los 28 ancianitos, 8 se habían tinturado el pelo; sin embargo de nada les va a servir porque con el tiempo lo tendrán de ese hermoso y brillante color blanco que resalta la chispa de vida y la alegría que manifiestan de vez en cuando.

En este sitio los recuerdos son como un barco fantasma y quizás el único que lo puede recuperar es un detective que esté interesado en las riquezas del barco; pero el detective deber ser consciente de que existe un pequeño problema, la vejez, la vejez ataca como la neblina; pareciera que entre la memoria y el olvido se encuentran las historias. La historia es un  conjunto de recuerdos que solo son tomados por los vencedores; los perdedores también recuerdan, por lo tanto la historia puede ser contada de mil maneras. Lo único que sabemos es que este barco seguirá a la deriva y lo seguro es que existe.

Uno de los relatos interesantes que pude rescatar es el de Santos Vásquez Negro quien fue testigo del Bogotazo del 9 de abril de 1948, don Santos cuenta la historia , tal como la relatan los libros hoy en día; pero agrega un ingrediente: “Fue aterrador”. ¿Esto no es darle vida a la historia? Es fascinante cuando la historia se vuelve un relato que impacta.

Las personas que leerán esto ¿Cuántos vivirán con sus abuelos? ¿Cuántos valoraran tenerlos todavía? ¿Cuántos aprovecharan la oportunidad para darles cariño?



Muchos de estos ancianitos educaron a sus hijos para que fueran personas de bien y para ellos fue más sencillo deshacerse de sus padres o sus abuelos y arrojarlos a estos lugares; por esto creo que un Ancianato debe ser un pretexto para que pensemos en nuestras responsabilidades con los adultos mayores.

Siempre quise saber cuál es la felicidad de un Anciano y luego pensé en cómo podemos ayudar a que estos estén felices en sus últimos días; a eso vine a este lugar de memoria; quizás en 50 años ya sepa la respuesta.


EL ABUELO Y YO


Por Diana Camila  Roldán.
U.P.T.C

 “Si se ve fuego en los ojos de los jóvenes, en los ojos de los  viejos se ve luz”.

Víctor Hugo.

“Espero morir como he vivido, respetándome a mí
 mismo como condición para respetar a los demás
 y sin perder la idea de que el mundo debe
ser otro y no esta cosa infame”

José Saramago.

“La muerte no llega con la vejez sino con el olvido”

 Gabriel García Márquez.


Para nuestra sociedad la vejez es  causa de vergüenza, sinónimo de conflictos. El valor de cada individuo es determinado por su capacidad productiva o los bienes que posea. Reemplazamos los buenos valores y las buenas costumbres por una conducta individualista, consumista, narcisista e incluso banal. Dejando en el olvido a aquellos que no tienen voz, mostramos nuestra cara más fría he indiferente frente a quienes sufren o nos necesitan.

Carmenza Torres, nacida según recuerda en el año de 1926, madre de 4 hijos, es el vivo reflejo de lo dura que puede ser la vida; su memoria no le permite olvidar las últimas palabras de su padre “Esté  tranquila, Dios es buenos y le va a recompensar, todo lo que hizo por su mamita y por Mí”.

El dolor y la tristeza inundan sus ojos y le entrecortan la voz; seguramente de pensar que Dios no existe, y que si existe entonces en ocasiones se olvida de ella; porque siendo ella tan buena y luchadora durante su vida, ahora está condenada a estar sola  y a pedir limosna mientras que otras personas sin mayor esfuerzo y mérito, lo tienen todo ¿Acaso doña Carmenza no merece vivir sus últimos años serena y dignamente? Ya hizo todo lo que pudo por sus padres, sus hijos e incluso sus nietos ¿No merece un reconocimiento toda su labor?

Ser un adulto mayor es quizá una de las mayores proezas que el hombre puede alcanzar; no cualquiera alcanza esta cima; antes tienen que librarse millones de batallas en  contra del tiempo, el destino y las enfermedades; por eso es que nuestros viejos son sinónimo de espiritualidad, fuerza y  sabiduría.

Según la organización mundial de la salud, la vejez es una etapa del desarrollo humano que inicia a los 60 años y que termina en el momento en el que la persona fallece; se caracteriza por ser un periodo de grandes cambios en todas las áreas del funcionamiento del individuo. El progresivo deterioro ocasionado por el proceso de envejecimiento no le permite a los ancianos estar en condiciones de competir con una persona joven; pero en ellos puede fácilmente existir un tipo diferente de competitividad y producción; esta desvinculación se da no porque el abuelo ya no sea capaz de desarrollar ninguna actividad, sino por los estereotipos y prejuicios que en la sociedad existen.

Parece que desconociéramos que en la mejor de las suertes nosotros también llegaremos a esa edad; es tan fácil como preguntarse ¿Qué me gustaría a mí para mi vejez? La respuesta a esta pregunta sería seguramente,  lo mismo que nuestros ancianos merecen, la recompensa por su esfuerzo, el agradecimiento por el mejor de los regalos “la vida”, el bien más preciado que cualquier ser humano pueda tener.

Y es que hoy en día cuanto más alto sea tu estatus, tanto más poder tengas en tus relaciones con los demás, que dependerá de la cantidad de recursos valiosos que estén a tu disposición, más atención te darán, pero tan pronto desaparezca la esperanza de los demás de obtener beneficio neto en la interacción contigo, cesará tal interés y desaparecerá tu poder social. Y cómo no, si nos encontramos inmersos en una sociedad de consumo y por ende la valía del ser humano se establece en base a lo que se produce.

Interesante el hecho de que sea en las culturas denominadas primitivas, en las que el respeto por las costumbres y los valores son la prioridad del pueblo; en ellas el adulto mayor  tiene un papel de gran importancia pues es fuente de sabiduría y memoria cultural; distinto totalmente de las culturas más civilizadas en donde  se ha  convirtiendo la vejez en una condición vergonzosa para el individuo que la vive.

En las culturas primitivas, la longevidad de las personas es motivo de orgullo,  por cuanto son los guardianes del saber y la memoria que los  conecta con sus antepasados. Muchos de ellos se constituyen en verdaderos intermediarios entre el presente y el más allá. No es entonces ajeno el hecho de que los brujos y chamanes sean personas mayores que a través de la sabiduría que otorgan los años ejerzan  labores de sanación, de jueces y de educadores.

Hace  4 años que Carmencita sufrió un accidente, al regresar de una cita médica, un conductor imprudente que iba a gran velocidad, la atropelló dejándola prácticamente moribunda; esta abuelita sufrió múltiples fracturas en sus piernas, hombro y cadera; sin embargo la vida le dio la oportunidad de seguir viviendo; tal vez esto le permitió perdonar a su verdugo, tanto así que no levantó ningún cargo en su contra.

Ella sacó fuerzas desde lo más profundo de su ser  para recuperarse; hoy en día se puede mover con la ayuda de un caminador; “es difícil”, asegura, pero ella asiste juiciosamente a sus citas médicas e incluso va de casa en casa haciendo un llamado a las personas de buen corazón, para que le colaboren como dice ella “con cualquier moneda o alguito de mercado”.

Doña Carmenza  no se rinde; asume sus últimos días con dignidad y autonomía; ella sabe que si no se ayuda nadie más va a hacerlo por ella; pero no le importa, porque su corazón y su memoria se alimentan día a día de los buenos recuerdos de su juventud.

Para su familia parece que se volvió invisible,  el gobierno en su país asegura estar cumpliendo con sus deberes, incluso existe un programa llamado ( Colombia mayor), el presidente de la republica sale defendiendo su gobierno al asegurar que se preocupa por los abuelitos y abuelitas del país, pero Carmencita sabe que es otra mentira, asegura que lo que el gobierno les da, más parece una limosna que otra cosa, pues a los abuelos en completo desamparo el estado les asigna la irrisoria suma de $40.000 pesos al mes. Sí, cuarenta mil pesos para pagar comida, vivienda y salud; claro ejemplo de que vivimos en uno de los países más desiguales del planeta.

El adulto mayor es amparado como ser humano igual en derechos a todas los demás integrantes de la sociedad, por la Declaración Universal de los Derechos Humanos (art. 25, numeral 1), el Plan de Acción Internacional de Viena sobre el Envejecimiento, la Resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas No. 40/30 de 29-11-85, la Resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas No. 44/77 de 8-12-89, y la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo en su Informe Final (Doc. A/CONF.17/13 de 18-10-94), 

La Declaración Universal de los Derechos del Adulto Mayor  se proclama como ideal común por el cual todos los pueblos y Estados deben orientar sus esfuerzos dirigidos a lograr que la importante y creciente porción de la población global constituida por personas de edad, pueda disfrutar en el futuro de los derechos del bienestar y del reconocimiento social que le corresponden no sólo por sus servicios pasados, sino también por los que todavía está en capacidad y en disposición de prestar.

Dentro de estos reconocimientos está el derecho de ser tratado como ciudadano digno y autónomo. A recibir el apoyo familiar y social necesario para garantizarle una vida saludable, segura, útil y agradable, el derecho al cuidado de su salud, a través de una atención médico-asistencial integral y permanente, preventiva o curativa. También está el derecho a una alimentación sana, suficiente y adecuada para las condiciones de su edad; el derecho a una vivienda segura, higiénica, agradable y de fácil acceso físico. El derecho de ser tenido en cuenta como fuente de experiencia y de conocimientos útiles para el conjunto de la sociedad.  Debe aprovecharse su potencialidad como instructor o asesor en el aprendizaje y desarrollo de oficios, profesiones, artes y ciencias. El derecho a la más plena protección de su seguridad física y su integridad moral contra todo tipo de violencia, de ofensas, de discriminación y de extorsión.   

Pero estos derechos no se respetan, hay muchos abuelos en estado de desnutrición; abandonados en asilos o durmiendo en las calles; hemos subestimado su conocimiento y experiencia, ignorándolos y condenándolos al olvido. La culpa no es entonces únicamente del gobierno; la culpa la tenemos todos como individuos fríos y excluyentes; la culpa es de todos como sociedad, y eso que supuestamente somos individuos actuantes y pensantes.

Aunque existan leyes e instituciones que se preocupan por atender de la mejor forma posible al adulto mayor, es necesario concientizar y educar a nuestra población para que entienda que el abuelo es una persona digna y capaz de aportar a su sociedad; ellos solo buscan el afecto y el reconocimiento por parte de los suyos; hagamos que los últimos días de nuestros abuelitos tengan un sentido, démosles el valor que se merecen; la compañía y el cariño son un buen comienzo. Es muy conmovedor ver la realidad de nuestros abuelos en la actualidad; pero, no podemos seguir lamentándonos por ello, es hora de tomar conciencia e informarnos sobre cómo ayudarlos.

Este escrito tiene por nombre “el abuelo y yo” como una invitación a reconocer la situación actual de nuestros abuelitos y reflexionar sobre el papel que podemos hacer cada uno para cambiar esta realidad atendiendo al hecho de que seremos nosotros viejos algún día

Bibliografía

-         Constitución Política de Colombia de 1991, Actualizada con todos los Actos Legislativos expedidos hasta el 2004. Edición 2005.BIBLIOTECA ENRIQUE LOW MURTRA – BELM 
Resolución 7020 de 1992, Colombia.
-         Ley 100 de 1993 Sistema General de Seguridad Social. Libro IV Servicios Complementarios. Edición 2008.13.Ley 687 de 2001, Colombia.
-         Decreto 3039 de 2007 “Plan Nacional de Salud Pública (PNSP) 2007 –2010”, Colombia.
-         Carta de las Naciones Unidas (1945)
-         Woolf, L. M. (1998) Effects of Age and Gender on Perceptions of Younger and
-         Older Adults. http://www.webster.edu/~woolflm/ageismwoolf.html



jueves, 5 de marzo de 2015

SALUD AL OLVIDO

Por Juan José Garcés Rodríguez y por Juan David Cuevas Santisteban 


“No está marcada en ningún mapa: los sitios de verdad no lo están nunca”

HERMAN MELVILLE

Este artículo tiene como fin relatar parte de la historia y el estado actual del hospital San Vicente, ubicado en la carrera 18#22-1, predecesor del ahora Hospital Regional de Duitama.

El doctor Manuel María Prada en su testamento otorgado en la notaria 4° de Bogotá, con fecha 21 de septiembre de 1914, dice pues más o menos lo siguiente: “luego… para la fundación en Duitama de un asilo para sacerdotes o de un hospital”.- no dejó normas ningunas sobre la fundación de la junta directiva, ni sobre la constitución de los estatutos. Lo anterior está escrito en el libro de actas de dicho hospital. Según el libro de actas, el hospital comenzó a funcionar alrededor del año de 1940 y cerró aproximadamente en el año 1975.



El hospital estaba constituido por habitaciones para hombres y para mujeres, también había un laboratorio de cirugías de menor riesgo y para leves lesiones; una sala de parto, una sala de cremación, un cuarto de rayos x, un cuarto para que los doctores se hospedaran, y también un convenio con una botica (una droguería o establecimiento donde se vendían medicamentos).

Según nos cuenta uno de nuestros entrevistados había una pareja de empleados que trabajaron durante muchos años en el hospital San Vicente; no les pagaron durante los años de servicio de vigilancia, a tal punto que hoy se adueñaron de estas instalaciones, asegurando que no van a desalojar hasta que no les remuneren por todo su trabajo.




Como nos cuenta Don Reinaldo Bohada (Fiscal De La Contraloría Nacional) el padre Suárez le donó al padre Guarín las instalaciones para que funcionara el hospital San Vicente. Siendo Hipólito Fonseca, empleado del Fondo Nacional Hospitalario, compró el lote del nuevo hospital Regional De Duitama y se trasladó allí.

Una vez trasladado todos los equipos quirúrgicos al nuevo hospital, el Fondo Nacional Hospitalario, en ese entonces manejado por Jorge Mojica, ordenó demoler el viejo hospital San Vicente para convertirlo en lote y darle una utilidad al servicio de la salud, pero  Monseñor Corredor evitó que lo derrumbara por completo para dar alojamiento a las personas de las calles y familias desamparadas; acordaron suspender la demolición con la condición de que no dejaran alojar a estas personas.




Quien donó este lote  lo hizo únicamente para el servicio de salud, con una cláusula que dice: “solo se pondrá vender mientras se restaure y se preste al servicio de salud”, por eso no se ha podido vender el lote; una parte se vendió para el Seguro Social Seccional Duitama; el área libre del terreno es de fanegada y media (9600m2).

El señor Jorge Mojica gestionó y consiguió equipos de alta gama y laboratorio con lo que el hospital quedaría en categoría de tercer nivel; se supo que los equipos llegaron a la ciudad de Cartagena con destino al hospital San Vicente; pasó el tiempo y no hubo quien adecuara las instalaciones para que instalaran los equipos. Se supo que fueron trasladados para la Secretaría de Salud  del departamento y desde ahí se desconoce el paradero de dichos instrumentos; debido a esta razón el hospital San Vicente se catalogó de segundo nivel.




El director del hospital de ese entonces fue remplazado por el gobernador de turno y a éste lo nombraron secretario de salud del departamento.

En algunos testimonios, varias personas aseguran que hubo mucha gente que donó elementos quirúrgicos, camillas, y que Acerías Paz Del Río organizó basares, fiestas, rifas, entre otras cosas, para recaudar dinero para la adecuación del centro hospitalario. Cuando el hospital se edificó, las monjas de la presentación  se encargaron de atender a los pacientes enfermos y colaboraron con instrumentos y con dineros, porque el hospital no tenía fondos para comprarlos.

El hospital fue construido con el fin de prestarles ayuda a las personas con diferentes problemas tanto de salud como económicos, pero es evidente que tuvo poca colaboración de parte del gobierno.



Después de 25 años aproximadamente de cerrado, por la construcción del nuevo hospital, el estado actual del sitio del hospital San Vicente, no ha dejado memoria de las personas que trabajaron o nacieron o estuvieron allí. Sobreviven las ruinas. La idea de demolerlo quedó a medias y el clima y el tiempo hacen de las suyas en ese mínimo territorio donde se aliviaron o se quejaron o fallecieron habitantes de esta región del departamento.

Aquí nació el hospital de Duitama. Pero no nos fue posible encontrar un registro visual que rescate la memoria de este lugar. Estos sitios no deberían pasar al olvido ya que representan parte de nuestra cultura y por tanto tienen valor para las futuras generaciones.

San Vicente fue un santo torturado de manera terrible por los romanos por negarse a adorar al emperador como si fuera un dios. Su nombre significa “Vencedor en el combate de la fe”. De manera sorprendente enseguida del desaparecido hospital San Vicente, hay una iglesia, y este viejo hospital yace muerto en uno de sus costados, vencido en el combate contra la capacidad de la ruina de desechar lo valioso.