domingo, 12 de junio de 2016

CARTA DE NAGASAKI


CARTA DE NAGASAKI

Nagasaki, 1945
Por Takashi Nagai

Tomado de Antología de El Correo. 40º aniversario de la Unesco. 1986.

Tomado de
http://www.nippon.com/es/features/c02301/

INMEDIATAMENTE después de la explosión de la bomba, los que aun podían moverse formaron dos grupos: el de los que se quedaron allí donde los había sorprendido la deflagración y el de los emprendieron al punto la huida.

Quienes se quedaron, bien fuera para acudir en socorro de los amigos heridos o para tratar de salvar su piso, su oficina o su fábrica, se vieron rápidamente rodeados por las llamas y perecieron junto con aquellos a quienes querían salvar.

Al aproximarse las llamas, nosotros nos refugiamos en la colina que se eleva cerca de nuestro hospital, y así fue como, por milagro, mis vecinos y yo pudimos escapar de la muerte…

Al huir hacia la colina, era como si nos abriéramos camino a través de una jungla incandescente. Altísimas llamas silbaban en torno nuestro: se elevaban por encima de nuestras cabezas, oscilaban y cambiaban de dirección con el viento, haciendo que una lluvia de chispas cayera sobre nosotros.

Acá y acullá encontrábamos estudiantes y enfermeras caídos. Los recogíamos y los trasladábamos un poco más arriba, donde el fuego no podía ya alcanzarlos.

Yo estaba herido en la sien derecha y perdía mucha sangre. Al final no pude más y me derrumbé. Durante unos instantes perdí el conocimiento. Cuando volví en mí, me vi tumbado en la hierba. El profesor Shirade, de la sección de cirugía, me curó la herida y la cosió lo mejor que pudo. Cuando volví en mí, me vi tumbado en la hierba, bajo el agitado torbellino de la nube atómica. La herida me dolía horriblemente; tuve que apretar los dientes para poder soportarlo. Pensé luego en mi mujer y me dije que, de estar aún con vida, se me habría unido.

Al día siguiente, desde la colina situada detrás de la clínica pude ver las ruinas de mi casa. De Urakami sólo quedaba un montón de cenizas blancas. Bajo la clara luz de la mañana no se percibía el menor movimiento.

Para nosotros la bomba atómica fue algo perfectamente imprevisible. En el momento de la explosión me encontraba en la sala del radio. En ese preciso instante tuve la clarísima impresión de que no sólo el presente se volatilizaba sino también de que el pasado quedaba abolido para siempre y el futuro totalmente destruido.

Mi querida facultad, con todos sus estudiantes por los que yo sentía tan vivo afecto, desapareció en medio de las llamas, ante mis ojos, en pocos segundos.

Mi mujer no era más que un montoncito de huesos carbonizados que fui recogiendo uno a uno entre las ruinas de la casa. Todos juntos no pesaban más que un simple paquete postal. La muerte le sobrevino en la cocina.

En lo que a mí respecta, a la larga enfermedad que me produjeron mis investigaciones sobre los rayos X se ha añadido ahora la enfermedad atómica en su forma más aguda, lo que, unido a mi herida en el costado derecho, me ha dejado reducido al estado de inválido.

Sólo pensar en el número considerable de personas afectadas por la enfermedad atómica, en los síntomas sobremanera variados del mal y en los fallecimientos que se sucedían unos tras otros era para mí una auténtica tortura; buena parte de mi tiempo lo pasaba trazando planes para poner remedio a tan terribles males.

Nunca antes había sentido tan dolorosamente mi vocación de hombre de ciencia. Apoyándome en un bastón, con el cuerpo cubierto de heridas que entorpecían mis movimientos, me puse, a costa de grandes esfuerzos, a escalar montañas y a atravesar ríos durante dos meses, para visitar a mis pacientes. Al final tuve yo también un violento ataque de la enfermedad atómica y hube de renunciar a toda actividad profesional.

Ahora tengo ya que pedir a los demás que me pasen una a una las hojas de este manuscrito. Ni siquiera me quedan fuerzas para examinar algo al microscopio. Es una suerte que el objeto de mis investigaciones lo lleve en mi propio cuerpo.

El mundo entero sufrió un gran choque cuando en Hiroshima y Nagasaki estallaron las primeras bombas atómicas.

Creo incluso que para quienes sólo de oídas conocieron el bombardeo el choque fue aún más violento que para los que nos vimos directamente expuestos a sus consecuencias.

De golpe, sin estar ni mucho menos preparados para ello, la gente se enteraba de que era posible reducir a cenizas en un abrir y cerrar de ojos una gran ciudad. Tal perspectiva tenía que suscitar en todos un gran espanto.

Si en el futuro semejante arma se utilizara en gran escala, la raza humana y la civilización se verían condenadas a desaparecer.

Por otro lado, los que habíamos sufrido directamente el bombardeo no teníamos la más ligera idea de qué podía ser una bomba atómica. Tampoco yo había pensado un solo instante que esa bomba representara algo tan insólito y terrible, y ello a pesar de que hube de sufrir la tremenda explosión bajo el hongo atómico.

Para mí se trataba de una superbomba o de algo por el estilo. Sólo cuando el hongo se hubo ensanchado para finalmente disiparse, dejando pasar de nuevo la luz, y cuando la claridad fue suficiente para poder ver algo, me dije mientras miraba en torno mío: «Es el fin del mundo».


El mundo entero gritó: «La bomba atómica no debe utilizarse nunca más.» Y, sin embargo, me entero de que a la bomba no se la considera tan terrible ni tan inutilizable: «A una ciudad no se la destruye nunca completamente… Siempre hay supervivientes… Con el tiempo la radioactividad desaparece… Se trata sólo de un arma nueva más eficaz que las utilizadas hasta ahora.» Más eficaz… ¿Qué saben quiénes así hablan?

Para saber más puedes visitar: http://www.nippon.com/es/features/c02301/ 

domingo, 7 de febrero de 2016

MNEMOSINE QUEBEC: PLEBISCITO POR LA PAZ


Imagen de Mnemósine. Diseñada por el Maestro Neil Avella
MNEMÓSINE QUEBEC

PLEBISCITO POR LA PAZ[1]


La paz no es que resuelva los problemas
sino que los hace visibles
Diana Uribe

Lo más importante que está pasando en América Latina
es la tentativa de construir la paz en Colombia

José “Pepe” Mujica
 (Expresidente de Uruguay)

1.      Palabras liminares

Desde nuestra bella y humilde Escuela llamada Quebrada de Becerras (Quebec) ubicada en el área rural de Duitama, les proponemos un reto. Ojala llegue a oídos receptivos que sepan asumirlo, y que encuentren la manera de taladrar la rutina o la indiferencia o la pereza, y encauzar la importancia del Saber que debe formar a los ciudadanos del mañana.

Somos conscientes de que en términos legales el concepto de ciudadanía se ejerce cuando se cumplen los 18 años de edad; sin embargo se tiene que aceptar que si bien la ciudadanía es producto de un saber que se ejerce desde esa edad, se origina en los procesos educativos y culturales que el niño recibe en su núcleo familiar y que deben ser potenciados en la Escuela.

La Escuela es un espacio de construcción de sentido en el que los niños se forman como seres autónomos en un escenario político que lo valora como ser humano y como futuro ciudadano; es un escenario que le señala al estudiante una función primordial, que consiste en defender los valores democráticos en los que puede realizarse como individuo. Ahora, en un país en guerra, es lógico que la Escuela se asuma como un espacio de reflexión sobre el conflicto, en el que se proponen ejercicios didácticos y pedagógicos en torno a lo que significa valorar la vida y los DDHH.

Por estas y otras razones, en el Centro educativo Quebrada de Becerras (Quebec), de la ciudad de Duitama, se ha elaborado un proyecto transversal que busca que la Escuela reflexione sobre las causas y los efectos del conflicto armado interno en Colombia. Una de las primeras actividades de nuestro proyecto es la realización de un plebiscito por la paz, que en nuestra institución se desarrollará en el marco de las elecciones en las que se elegirá a los representantes de nuestro Gobierno Escolar, pero que en otros planteles podría realizarse en el mes de marzo.

En la coyuntura actual (diálogos de paz), llegar a dimensionar el potencial de esta sencilla actividad, podría permitir una reflexión sobre lo que significa la paz en los entornos familiares y escolares de nuestros estudiantes. Y si a esto le sumamos la tesis de que el cambio se hace poco a poco, a lo mejor podamos, poco a poco, lograr cuestionar el afán de guerra y de muerte que ya se ha naturalizado en millones de colombianos que ven la paz como un espejismo demasiado superfluo frente a las primitivas posibilidades de la guerra, que le permiten a los violentos lucrarse de los numerosos negocios de la muerte. 

Nuestra Escuela quiere compartir con las demás Escuelas y Colegios de Duitama, Boyacá y el país, esta sencilla iniciativa. En el marco de la elección del Gobierno Escolar proponemos realizar nuestro plebiscito por la paz. Se trata de un ejercicio didáctico y pedagógico que se propone como ejemplo para el resto de la sociedad. La escuela no sirve de nada si no intentamos llevar el saber a la calle; esa ha sido una de las conclusiones de nuestro proyecto Mnemosine (la Diosa de la memoria), que ha buscado diseñar y desarrollar actividades que le permitan a los estudiantes asumir autonomía luego de procesos de elucubración de sentido sobre lo que significa educarse en un país con tantos problemas como el nuestro, pero a la vez, un país con un futuro con mucho potencial, si logra sobrevivir al presente.

Hacemos un llamado a la Ministra de Educación y demás funcionarios del Ministerio, Gobernadores, Alcaldes, Concejales, Funcionarios de las Secretarías de Educación, Directivos, Rectores, Directores, Coordinadores, Maestros, Padres de familia, Estudiantes, Bibliotecarios, periodistas, etc., para que propongan esta iniciativa en los planteles educativos, lideren el proceso y lo lleven a cabo, según las alternativas que presente cada establecimiento escolar.

Les ofrecemos esa idea y a cambio, les pedimos que nos envíen un par de evidencias de estos procesos: una fotografía y un texto anexo (un par de párrafos)  en los que nos cuenten las actividades realizadas, las analicen y nos cuenten los respectivos resultados. Esta información la utilizaremos para elaborar un artículo y presentarlo a la comunidad educativa. El correo es losabajofirmantes@gmail.com   

Desde nuestra humilde Escuela, ubicada en el área rural de Duitama, les proponemos este reto. Ojala llegue a oídos receptivos que sepan asumirlo, y que encuentren la manera de taladrar la rutina o la pereza o la indiferencia, y encauzar la importancia de la Educación que existe para formar ciudadanos democráticos que sepan ejercer la ciudadanía cuando les llegue el momento. A veces el momento ocurre antes de los 18 años de edad, y eso señoras y señores, es lo que se llama pedagogía.

2.      Justificación
UN VOTO POR LA PAZ

Un voto por la paz es una lección que se da a los adictos a la guerra, a quienes se niegan a comprender que la historia de un país debería estar por encima de las armas y de la muerte. Entre ellos están los movimientos guerrilleros y paramilitares, y los políticos que están de acuerdo con sus actuaciones. Entre ellos están los militares que han equivocado el uso legítimo de la fuerza con la posibilidad de garantizar sus intereses personales por encima de la vida de los pobres, quienes por lo general son los que tienen que poner el pecho en esta guerra. Entre ellos están las personas que repiten discursos que promulgan la violencia sin que se hayan detenido a pensar en las razones que motivan estos discursos, que por lo general se relacionan con intereses económicos personales.  

Un voto por la paz es un llamado a la lucidez, al pensamiento, a la capacidad de los hombres para dialogar. Es una oportunidad de detener las balas para conversar sobre los efectos de la catástrofe y del hartazgo que nos produce tanta muerte. La paz es una oportunidad para la complejidad y la belleza de lo que significan nuestras creencias religiosas: amar a los enemigos: respetar y valorar la oportunidad de su existencia. Reconocernos en el enemigo, humanizarnos a través de él. Utilizar nuestra capacidad de odiar para descubrir que somos capaces de sobreponernos a esa emoción que llama a la muerte y que nos desgasta poco a poco, como individuos y como país.

Un voto por la paz es escuchar el susurro de la historia y del desarraigo; es pensar en lo que han tenido que soportar nuestros abuelos y nuestros padres, y sus abuelos y sus padres, y nuestros hijos y sus hijos; ya es hora de que nuestros nietos tengan la posibilidad de despojarse de esa carga atroz de lo que significa la venganza. Es la oportunidad de que los que han visto la guerra a través de la pantalla, piensen un poco en los que la han tenido que vivir en carne propia, algunos de ellos tan golpeados que fueron contagiados por ese impulso de la guerra de sobrevivir para contagiar con el odio y la venganza, a los que quedan vivos.

Un voto por la paz es la posibilidad de que los gobernantes comprendan lo que sucede cuando las personas a quienes gobiernan, se ponen a pensar, porque proponemos que los altos presupuestos para la guerra pueden dedicarse a solucionar los problemas que impiden que haya paz, y que son el incendio aparente de la guerra: es una exigencia de que al fin comiencen a cumplirse los dictámenes del Estado Social de Derecho; es una exigencia para que se reconozca la dignidad de las personas; es la gran oportunidad de desandar y retomar otros caminos que nos permitan ser la gran nación que estábamos destinados a ser.

3.      A propósito de un marco legal:

Un país culto y educado no tendría por qué consultarse si prefiere la paz o la guerra; por tanto  validamos para nuestro ejercicio didáctico, otra de las acepciones de la palabra plebiscito, cuando refiere que es un apoyo masivo de un pueblo a una causa, aunque de la mano vaya el término jurídico, que en Colombia se asume como un mecanismo de participación ciudadana.

El artículo 40 de la Constitución de 1991 refiere el derecho que tiene todo ciudadano de participar en los asuntos políticos del país, y una de las formas de participar es a través del plebiscito que se encuentra cobijado en el artículo 103 de la Constitución de 1991, como parte de otros mecanismos de participación.

La Ley 134 de 1994 reglamenta estos mecanismos y  “establece las normas fundamentales por las que se regirá la participación democrática de las organizaciones civiles”. Esta ley en su artículo 7 señala que “el plebiscito es el pronunciamiento del pueblo convocado por el Presidente de la República, mediante el cual apoya o rechaza una determinada decisión del Ejecutivo”.

Sin embargo esta ley también señala que el plebiscito no se debe hacer a la par de otro tipo de elecciones. Interpretamos este dictamen de la ley en el sentido en el que debido a la politiquería, podrían utilizarse dignas expectativas populares para hacer proselitismo político barato; sin embargo en la Escuela no se presentan esas prácticas enquistadas de la política tradicional, y por tanto se enaltece la importancia de la elección del Gobierno Escolar con una iniciativa juvenil que refresque la posibilidad del sufragio, y a la vez sirva de lección para las generaciones de la guerra que parecieran no querer vivir de otra manera. 

La ley 1622 del 2013 establece las disposiciones para la consolidación de la ciudadanía juvenil, y garantiza su ejercicio pleno en todos los ámbitos. Esta ley reconoce el liderazgo de los jóvenes en el desarrollo de nuestro país. En el artículo 3 esta ley señala que se debe “Garantizar la participación, concertación e incidencia de las y los jóvenes sobre decisiones que los afectan en los ámbitos social, económico, político, cultural y ambiental de la Nación”, y la ley no se puede quedar solo en el papel, se la debe asumir como una vivencia cotidiana para que aprendamos a respetarla y valorarla. Esta es una de las formas que tiene la Escuela de acercar al niño al concepto de Democracia Participativa. 

En su artículo 4 la ley establece que se debe “Posibilitar y propender el desarrollo de las capacidades, competencias individuales y colectivas desde el ejercicio de derechos y deberes orientados a la construcción de lo público”, y pensamos que uno de los bienes públicos que fortalece el concepto de democracia participativa, es la posibilidad de la Paz.

4.      Metodología:

Cada Plantel educativo es libre de desarrollar la iniciativa, pero imaginamos la elaboración de una activa campaña que apoye la paz frente a los discursos que apoyan a la guerra. Carteles, iniciativas musicales, artísticas, filosóficas, etc., que nos eduquen en la necesidad de comprender el sentido de la paz como soporte de una sociedad democrática que debe proponer un digno proyecto de nación.

Sin embargo estas ideas se refrendarán a través de un voto que se depositará en una urna o que se seleccionará en una pantalla porque en muchos colegios las elecciones se hacen ya de manera electrónica.

Nuestro objetivo entonces no es elaborar un tarjetón en el que se plantee la pregunta de si validamos o no los acuerdos que se logren durante los diálogos entre las FARC y el Gobierno, en La Habana… Pensamos que nuestra pregunta debe girar en torno  a la necesidad de reflexionar en las Escuelas de una manera transversal, interdisciplinaria y democrática, sobre las implicaciones de la guerra y las posibilidades de la paz. La pregunta que proponemos es un ejercicio didáctico que busca impactar en la visión de mundo de las comunidades educativas, y se planteará con la idea de que los resultados sean un mandato para todos los frentes en conflicto:

¿Está de acuerdo en ordenarle a todos los políticos, y a todos los frentes de violencia que tiene nuestro país, que cesen las hostilidades y los enfrentamientos, y se sienten a dialogar hasta que logren llegar a acuerdos que nos permitan vivir en paz?

SI      NO


Estamos de acuerdo con Diana Uribe en que la paz permitiría que comenzáramos a ver los demás problemas que tiene nuestro país, y esto es grandioso porque podríamos al fin, empezar a resolverlos, y esto quizás nos permita con el tiempo, construir una nación digna y moderna.

Esperamos que cada plantel nos envíe un par de evidencias sobre el proceso para poder ofrecer a la comunidad política y académica un balance de esta iniciativa.

Es hora de hacer un alto en la Escuela. Cada uno de los maestros debe pensar en la coyuntura histórica de lo que implican los diálogos de paz. Es hora de recordarnos una vez más las implicaciones que tiene nuestra función social y política. Debemos educar y proponer Saber para lograr un país digno y en paz. Nuestra función consiste en hacerle resistencia al discurso de la muerte. En Colombia esa es parte de la magia de la pedagogía: proponer que pensar es irse en contra de la naturalización de la guerra. Los maestros somos la resistencia a todos los procesos que violentan la dignidad y la democracia. Visite nuestro blog: www.mnemosinesantoto.blogspot.com    

Algunos referentes bibliográficos que podrían utilizar los docentes:
-         
Gamboa Santiago (2014). La guerra y la paz. Debate: Bogotá. Es un bello ensayo sobre una provocación de Tolstoi.
-          García Ángel Antonio (2015). Breviario de la paz. Bogotá: IDARTES. Una de esas joyas publicadas como parte de Libro al viento.
-          Pacifista: un manifiesto contra la guerra. www. Pacifista.co Recomiendo los documentales sobre la relación del Arte y la Violencia.
-          Artículo 22 de la Constitución de 1991.  Es el epígrafe de toda iniciativa que busque hacerle comprender a los colombianos que merecemos un país en paz para luego ponernos a construir un país digno.
-          http://www.centrodememoriahistorica.gov.co/ Todos los informes del CNMH permiten la sensibilización. A este respecto se puede comenzar por el informe BASTA YA! A la par del documental NO HUBO TIEMPO PARA LA TRISTEZA.
-          https://www.youtube.com/watch?v=_xJN_eKq0Ow es una entrevista a la historiadora Diana Uribe en la que expone sus opiniones sobre procesos de paz.
-          http://mnemosinesantoto.blogspot.com.co/2015/11/antes-de-arrancarlo-lealo.html Es la conclusión de un maestro sobre parte de un proyecto didáctico que buscaba reflexionar sobre la relación de la memoria y la ciudadanía.
-          Toda bala es perdida Es un álbum de César López que vale la pena escuchar. Recomiendo especialmente la canción Los helicópteros: https://www.youtube.com/watch?v=7-spdO_PKsE


















[1] Idea producto del desarrollo de los proyectos de creación adelantados dentro del semillero de creación en Ciencias sociales MNEMÓSINE, que comienza su etapa de realización en el Colegio QUEBEC de la ciudad de Duitama (Boyacá) dirigido por el profesor MIYER FERNANDO PINEDA. 

domingo, 29 de noviembre de 2015

UNIVERSIDAD A LA CALLE

UNIVERSIDAD A LA CALLE

A veces uno se encuentra en la Universidad con estudiantes universitarios. Este semestre tuve la fortuna de encontrar a algunos de ellos. Este fue alguna de las actividades que realizó como parte de la idea Universidad a la calle: Proyecto realizado por el estudiante Bryam Danilo Hernández Hernández en la Cátedra Universitaria. Ver el vídeo y pues que si alguien quiere debatir que lo haga...

https://www.youtube.com/watch?v=9a-GFgR7hao





sábado, 7 de noviembre de 2015

ANTES DE ARRANCARLO, LÉALO

Ponencia presentada en el foro de filosofía organizado por el profesor del Colegio Nacionalizado la Presentación, Félix Pérez, el 25 de septiembre del 2015. Las fotografías son de Jessika Pineda, estudiante del ITSTA de Duitama.


ANTES DE ARRANCARLO, LÉALO


Por Miyer Pineda


“La bala es la polilla de la humanidad; como microbio tenaz roe y pudre las entrañas de los hombres y convierte en polvo la carne”

Luis Tejada

De la canción de la bala.



Para dar cuenta del tema del coloquio, quisiera contar tres experiencias didácticas, mientras planteo algunas conclusiones que arrojaron las mismas, y que propongo como ejes de una posible discusión.




La primera consiste en contar cómo ha sido la experiencia del proyecto Lugares de memoria: los hombres sin historia son la historia que vengo desarrollando desde hace aproximadamente unos 8 años en el colegio Santo Tomás de Aquino, entre cuyos objetivos estaba la posibilidad de analizar el problema de lo que he llamado: los espejismos discursivos en la Escuela, y que por supuesto, también son síntomas de lo que pasa en nuestro país.

Si hay algo que hoy en día debe ser analizado con mucho cuidado, es el problema de los simulacros discursivos que amparan o encubren procesos fraudulentos en la sociedad. Uno de ellos es precisamente el espejismo que se impone desde las cumbres del poder sobre el problema de la ciudadanía, y que encaja en el esfuerzo por poner de moda ciertos tópicos; algunos de estos son la educación, el matoneo, el posconflicto, la seguridad, el emprenderismo, la paz, las competencias ciudadanas, laborales, etc. 




Yo creo que esto evidencia serios problemas de comunicación que comprueban a su vez el precario nivel de análisis simbólico de las personas, quienes terminan haciendo parte del circo de la simulación. Ejemplo: es un hecho que el problema de la corrupción y del clientelismo son elementos que han desprestigiado a los practicantes de la política en Colombia. Y esto se puede entender de dos formas posibles, -por ahora-. La primera: casi todos nosotros hemos escuchado que nuestros familiares se quejan de los políticos. Que son unas “alimañas”, unos “parásitos”, unas “ratas”, una “porquería”, unos “ladrones”, etc. Pero casi todas estas personas que se quejan, cada cuatro años asisten a reuniones de políticos en campaña, pegan en los ventanales de sus casas afiches y publicidad de estos políticos, y es evidente que lo hacen como posibilidad de sumarse a una clientela que como una gavilla parasitaria solo quiere llevar a un politiquero a un cargo porque es una posibilidad de “vivir de la teta del Estado”, al menos durante 4 años. Sé que esto suena un poco duro pero es la realidad, y quiero que mi discurso no haga parte de ese fraude. También sé que con la ausencia de fuentes de empleo, lamentablemente el clientelismo es una opción; pero esta opción también debe tolerar mi crítica, y tendrá que reconocer que si estas clientelas manejarán los recursos públicos, quizás deberían hacerlo de manera transparente y pública. 


  
Pero vean el simulacro discursivo: por un lado, el politiquero miente descaradamente; posa como adalid de la ética y de la transparencia ciudadana, y por el otro, el habitante de la ciudad sabe que el politiquero miente pero aun así lo apoya y lo sigue. El politiquero sabe que el habitante sabe que le miente. Los dos son un fraude que se necesita. Por eso la conclusión es atroz: cada sociedad tiene los políticos que se merece.




Ahora vamos a la Escuela. El docente pone a leer al estudiante pero el docente no lee. El docente pone a escribir al estudiante pero el docente no escribe. El docente pone a pensar al estudiante pero el docente no piensa. El docente solo quiere cobrar su salario a fin de mes y esforzarse poco. Por supuesto esto se escribe sin el ánimo de generalizar, pero todos sabemos que son pocos los “docentes” que merecen ser llamados Maestros, así como son pocos los habitantes de nuestra polis, que merecen ser llamados Ciudadanos, y que pocos son los políticos que merecen ser llamados así; tampoco es un secreto que son pocos los colombianos que votan éticamente.



Pero ahora vayamos de lado del estudiante: El estudiante no lee, no escribe, no piensa. Todos sabemos que son pocos los niños con uniforme que merecen ser llamados Estudiantes. En el Santoto de Duitama hicieron un mural del Ché Guevara y al lado escribieron una de esas máximas adjudicadas a Paulo Freire, pero que igual sirven como síntesis de lo que debiera ser la educación: “Lucho por una educación que nos enseñe a pensar no a obedecer”, y esto es genial.

Sin embargo cuando a los estudiantes se les pone a pensar, son muy pocos los que lo hacen. Lo demás es un culto a la estupidez (y recuerden por favor la etimología de esa palabra: patear los libros, es decir, los símbolos, el pensamiento etc.) o a la idiotez; son al decir de Pedro Juan Gutiérrez, “piedras perfectas para la gran pirámide”. Alguna vez leí que estadísticamente en un curso de 35 estudiantes, solo 7 están asumiendo el reto de pensar. Y eso cuando el docente comprende que el problema es ese: poner a pensar a los estudiantes. Porque cuando el docente es regular, pobres estudiantes. Sin embargo aquí también se puede sacar una conclusión: cada estudiante tiene el docente que se merece, porque señoras y señores, uno de los elementos más hermosos de la Escuela (entiéndase colegio y universidad), es la autoformación, un concepto que se opone a esa complicidad entre el docente mediocre y el estudiante mediocre.



Pero, ¿se detecta el espejismo? Analizando la experiencia de varios colegas y la mía, es que en un colegio el Maestro es el que toma su profesión en serio aunque tarde o temprano sea señalado por quienes no lo hacen. El Maestro es el que sabe que su oficio es político y que lo que haga debiera tener una incidencia política en su espacio vital. El Maestro tiene, por lo general, una concepción distinta de los malestares de la educación tradicional, y concibe el aula como un espacio dialógico en el que el lenguaje, el asombro y la indignación van de la mano, de manera que quizás se pueda motivar, a uno que otro estudiante, a elucubrar el sentido de su función social. El Maestro sabe que esta concepción de la educación pondrá en evidencia a los colegas y directivos que no asumen de esta manera la Escuela, así que por consiguiente será aplastado.

Ya sabemos que nuestra tradición viene del señalamiento a los maestros: A Sócrates se lo obliga a elegir entre la muerte o el exilio de su polis, mientras que a Jesús, se lo crucifica.




En el colegio el problema de la educación integral es un discurso que se enuncia hasta la saciedad pero que no se concreta. Es un discurso que no es posible en la educación tradicional. Ese ideal es utópico. Incluso me atrevería a decir que la educación integral se combate. Por ejemplo: la estética y las ciencias sociales son ninguneadas. Las ciencias sociales refieren el problema de la objeción de conciencia o el del libre desarrollo de la personalidad, y la estética te enseña que quizás se trata de combatir la vocación de servidumbre. Por tanto serán aplastadas: ellas señalarán que no hay un espacio más represivo que la escuela. La escuela te uniforma y te enseña a obedecer, no a pensar. Bajo el sofisma de distracción de unos puntos mínimos atados al fetiche normativo para que el estudiante se forme, aplastan a las minorías. Y ese discursito de lo que yo llamo, las “frivolidades” (uniforme, aretes, cabello, etc.), se vuelve el caballito de batalla de quienes no están comprometidos con problemas que van más allá del salario o de la estupidez.




Personalmente me niego a discutir con un estudiante si el uniforme, el cabello, los aretes, el género, etc., son importantes en mi clase, pero mis estudiantes podrán dar fe de que me pongo de mal genio si no traen las lecturas para la clase. Yo no soy un juez de la moda, y no me interesa que mi clase sea una pasarela; me interesa la discusión de unos problemas fundamentales que aquejan a nuestro país, por ejemplo –y a propósito de este coloquio-, el problema de la juventud a merced de la banalización. Sé que esto puede resultar incómodo para muchos, pero no olviden que yo podría ser parte de una minoría que existe, y a la que se la tiene que respetar.

Creo que se debe retomar una idea que esbocé anteriormente y que permite la existencia de los discursos espejismo. La educación integral desterró la Estética encarnada: el arte, la música, la danza, la poesía y el teatro fueron expulsados de la Escuela. También se destierra a la filosofía y comienzan a ser estigmatizadas las ciencias sociales. La razón es comprensible: eran esas partes del saber que tenían por función ponernos a pensar. Ahora en la Escuela se debe reprimir no provocar. Nos negamos a comprender que si se enseñara a pensar en lugar de obedecer a ciegas, el estudiante reflexionaría sobre el sentido de las cosas sencillas que se le exigen.




Pero vuelvo al proyecto: Lugares de memoria: los hombres sin historia son la historia, nace cuando vislumbro esos problemas. ¿Cómo hacer para que algunos de mis estudiantes se salgan de ese círculo de la simulación y asuman, encarnen, se apropien del problema de la ciudadanía, que es imposible de construir sin el esfuerzo de pensamiento que les permita entender la importancia y el sentido de ese concepto? ¿Ven lo que pasa? De manera intuitiva, y como precomprensión, sabía que se trata de un problema de ciudadanía el asunto este de los simulacros discursivos. Si soy un verdadero ciudadano desarmo el discurso del político y voto por otro, o voto en blanco (se hace necesario todo un movimiento ciudadano que reivindique el poder del voto en blanco: En Duitama hasta el arte y la filosofía sucumbieron a la tesis del menos peor de los males); si soy un verdadero ciudadano, como político ejerzo la ética como estandarte de mi quehacer político. Como docente me esforzaría por hacer que mi estudiantes, al menos esos 7 de 35, llegasen a comprender la importancia del sentido de discutir estos problemas, y a lo mejor con el tiempo lograría subir el porcentaje a 8 o a 9. Así es como el proyecto evoluciona. En un comienzo se llamó Descanse en paz la guerra, y nos enfocamos a analizar el problema del conflicto en plena época uribista; luego se llamó, Lugares de memoria, cuando advertimos que en la ciudad existía un vacío entre las concepciones de ciudadanía y de memoria: Duitama es llamada “la ciudad cívica del departamento” pero carece de un centro histórico, lo desmanteló y lo creó artificialmente en lo que se conoce como Pueblito boyacense; el centro histórico se acerca al modelo de la ciudad vitrina; luego el proyecto pasó a llamarse Lugares de memoria: los hombres sin historia son la historia, cuando logramos comprobar que la memoria va de la mano de los sujetos y no de la historia oficial tan cercana a la simulación. Finalmente consolidamos un semillero denominado Mnemosine, desde donde intentamos quebrar esos espejismos. Con el tiempo concluí que todo esto se enmarca en lo que los especialistas en pedagogía llaman Didáctica que no es más que el intento de un profesor por intentar ser Maestro, es decir, el intento de un Maestro de provocar asombro e indignación en sus estudiantes.  




Algunas de las conclusiones sobre esta experiencia, son, primera: Se hace urgente la necesidad de establecer una relación entre los conceptos de ciudadanía, dignidad, indignación y memoria. Segunda: Es preciso que se intente a través de ciertas experiencias estéticas (otros las denominarán didácticas), llevar el colegio a la calle, o mejor, llevar el sentido del saber a la calle. Y esto lo explico contando la segunda experiencia:   

El sábado 29 de agosto de este año, un grupo de estudiantes de grado 11 del santoto, madrugaron para pegar en los postes de la ciudad, aproximadamente unos 460 volantes en los que se podían leer desde estadísticas sobre el conflicto armado interno en Colombia, hasta poemas o citas tomadas de crónicas de Luis Tejada. Según mis cálculos, se debieron empapelar aproximadamente unos 230 postes en la ciudad. ¿La idea cuál era? Sensibilizar al peatón. Pensábamos lo siguiente: así como el transeúnte es agredido por una desmedida publicidad, ¿Por qué no cuestionarlo con ciertos datos o ciertos aforismos? ¿Por qué no darle ciertas píldoras sobre la infamia que aqueja a buena cantidad de la población colombiana? Si en los postes se orinan los perros y los borrachos; si en ellos se pegan toda clase de anuncios, ¿Por qué no informar sobre ciertas realidades miserables? Les debo contar que han sido arrancados un buen número de estos avisos, y eso nos motivó a concluir lo siguiente:

Ajados, destruidos, maltrechos, grumosos y esperando por la lluvia, por los ojos del lector adecuado, por las manos que desgarran porque sus dueños no soportaron el espejo. Algunos pilos estudiantes del santoto, madrugaron el sábado 29 de agosto del 2015 (la fecha se extraviará en el tiempo) y pegaron más de 450 hojitas en los postes de la zona centro de la ciudad, en las calles que rodean los espacios cotidianos, y cerca del colegio.



Allí habían estadísticas, fragmentos de los libros publicados por el CNMH, poemas, citas de lecturas y otras tantas provocaciones para el peatón desprevenido, para el transeúnte lector y para el intolerante que ya no soporta el país real que se opone al país oficial, de chisme y zancadilla al que trabaja, ese país mentiroso que no se da cuenta de sus muertos ni de su capacidad para dañar al prójimo. Si el colegio sirve para algo que sirva para mostrar ese país real, el de las víctimas, el de los desplazados, el de la filosofía del rebusque, el de la necesidad de la esperanza inteligente. El de la necesidad de construir país esquivando la idea de que se trata de enriquecerse sin trabajar, o lesionando la dignidad del prójimo.

Hacía frío ese sábado. El engrudo lo prepararon en un lote. Las brochas las prestó otro compañero. Los baldes estaban por ahí tirados. La olla fue prestada. La cita fue en el terminal de la ciudad. Se dividieron los muchachos y a pegar. Curioso: muchos peatones soportan los avisos de conciertos de esas músicas patéticas que creemos que nos gustan; muchos peatones soportan los avisos de los politiqueros de ocasión que son más parásitos que políticos; muchos peatones soportan avisos de otras cosas, pero estas hojitas con el símbolo de la diosa Memoria, se tornaron insoportables para algunos, así que no esperaron a que las inclemencias del tiempo los arrancaran… fueron las inclemencias de la intolerancia. Por eso ahora el lema será: ANTES DE ARRANCARLO, LÉALO.



Ojala las hojitas que sobreviven por ahí en algún poste, sirvan para que algunos buenos ciudadanos comprendan que este país se construye cuando cada uno de nosotros comprenda que pensar es irse en contra de ciertas expresiones de nuestra idiosincrasia, como esa de negarse a leer o de negarse a respetar el pensamiento del otro.


La última experiencia: el jueves 10 de septiembre de este año, hace 15 días. Los estudiantes de grado 11 del santoto, uno de grado décimo, y uno de grado noveno, nos tomamos la plaza de Los Libertadores y la volvimos un museo de la memoria (La idea nació luego de que volvimos el colegio un museo en el año 2014: la idea era hacerle un homenaje a las víctimas del conflicto armado interno en Colombia). Allí mis estudiantes expusieron libros del CNMH entre los que estaban los informes sobre las masacres de El Salado, Bojayá, Trujillo, El Tigre, La comuna 13, El Placer, etc. Además se sumó la Fundación Pedagógica Rayuela. Mis estudiantes llegaron desde las 6:30 de la mañana y comenzaron a disponer el lugar, a asearlo, a armar sus stands  y demás dispositivos que buscaban exponerle a la comunidad duitamense esta realidad que no le interesa.

Pero pasó algo interesante ese día. Ese 10 de septiembre del año 2015 también llegaba a la ciudad el ilustre senador Álvaro Uribe. Les cuento que desde las 7:00 am ya había gente atacando a mis estudiantes. En el transcurso de la mañana muchos de ellos fueron llamados guerrilleros, ineptos, mediocres, etc. Sí señores, en la ciudad cívica de Boyacá. Una mujer descendió de una camioneta acompañada por un militar y les dijo a algunas de mis estudiantes encargadas de exponer las problemáticas que rodeaban a las poblaciones del río Atrato, que resultaba el colmo que sabotearan al Presidente Uribe de esa manera. No entendimos y quedamos asombrados; hasta ese momento no teníamos ni idea que el honorable senador visitaría la ciudad y que pensaba dirigirse a sus lucidos seguidores en la Plaza en la que estábamos. Con el transcurso de las horas llegaron soldados, policías, perros que buscaban bombas. Hombres de civil que nos miraban extraño. Algunos soldados en una esquina de la plaza les dijeron a un par de estudiantes que tendrían que portarse bien porque de lo contrario tendrían que utilizar “estos”, mientras señalaban sus fusiles. ¿Ven el choque? Ese país maravilloso y patriótico del discurso uribista, fue rodeado por el halo de violencia e intolerancia que proyecta el discurso uribista, y que nos rozó ese día provocándonos miedo. Así como en 1984 o en tantas regiones de ese país real que no se parece al país oficial de la simulación.

Luego llegó uno de los encargados de la seguridad del honorable senador Álvaro Uribe. Conversamos. Le hice ver que se trataba de una actividad exclusivamente académica. Convenimos en que le dejaríamos libre un sector de la Plaza de Los Libertadores, y que sería interesante que el Doctor Uribe conversara con mis estudiantes. Pero que si la cuestión se tornaba incómoda, abandonaríamos la Plaza hasta que el ilustre Senador se fuera del lugar. Al final la comitiva del Senador que hacía campaña en esta ciudad, decidió que se dirigirían al parque Solano, a unas cuantas cuadras de allí, y nosotros pudimos seguir tranquilos hasta el mediodía, cuando Inspector de policía, Secretaria de Gobierno y esos abogaditos que son sus asesores, nos cancelaron el sonido. Curioso, la ley 1448 del 2011 protege las incitativas de memoria: pero la ley sirve para aplastar estas iniciativas.

¿Ven el problema? En el aula o en el colegio ese discurso de la dignidad de las víctimas queda bien y es “aparentemente” necesario. En comerciales de televisión es un discurso que funciona, y a veces en algunos noticieros como notas que alivian la conciencia. Pero cuando intentamos sacar ese saber a la calle, es silenciado y se utiliza el fetiche de la norma para aplastarlo. La pregunta entonces sería ¿Cómo encaja aquí el concepto de ciudadanía? Pero si quedaban dudas sobre el sabotaje, hacia las 4:00 pm la policía cuestionó nuestra labor, advirtiéndonos que ellos tan sólo seguían las directrices de la secretaria de gobierno de la ciudad.  

Entonces, ¿Ven la importancia de la resignificación del concepto de ciudadanía? Una cosa es el peatón del común que solo es capaz de repetir el discurso de la simulación que rechaza la memoria y que pregona la muerte. Y otra muy distinta, ver cómo esos funcionarios públicos se prestan para desconocer la realidad del país, y frustran expresiones que exigen el reconocimiento de la existencia de ese país real, el de la pobreza, el de los muertos, y el de las víctimas de una guerra infame que se quiere mantener a toda costa porque da mucho dinero, da votos y sirve de desahogo para los habitantes de este país adicto a la sangre y al sufrimiento del otro.





Fue histórica la jornada del 10 de septiembre. Sin un tomate, sin un grito, sin una grosería… el discurso neopopulista de la guerra se alejó de unos argumentos y de unas imágenes que lo pondrían en evidencia, mínimo frente a los expositores. Por cuestiones del azar o de la divinidad, al frente de la Alcaldía, a la izquierda de la estatua de Bolívar, un grupo de estudiantes diseñó la Comuna 13, y en seguida La Escombrera. Uribe habría tenido que hablar a la comunidad, y a mis estudiantes, al lado de La Escombrera. Uribe habría tenido que entrar a nuestra aula-museo y nos hubiera dado una clase espectacular sobre por qué él ha sido lo mejor que le ha podido suceder a nuestro país, como sostienen muchos colombianos. Lo curioso es que nosotros lo hubiéramos escuchado en silencio y con respeto. Y en verdad esperábamos que nos hubiera escuchado (las imágenes de la jornada se encuentran en http://mnemosinesantoto.blogspot.com.co/p/videos.html)

Creo que un buen porcentaje de mis estudiantes se van del colegio con una visión del concepto de ciudadanía muy distinto al del simulacro discursivo, que asume al ciudadano como un sujeto obediente y que niega el pensamiento. Y estoy seguro que más de un habitante de la ciudad de Duitama reconoce ese esfuerzo. Y esto es algo que debe resaltarse: En los buzones que pusimos para que los visitantes a nuestro museo sobre el conflicto dejaran sus observaciones, encontramos cientos de mensajes de felicitación, de tristeza, de solidaridad y de apoyo a nuestro proyecto. Incluso muchas personas que han vivido la violencia se acercaron a contarnos sus historias. Se sumaron a nuestra iniciativa varios estudiantes de la UPTC, y estudiantes de algunos colegios de la ciudad. También se vinculó el trovador Jazz Arenas, ya amigo de la casa, quien le puso banda sonora a la jornada mientras nos quitaban el sonido.

En las emisoras hubo notas de protesta y de apoyo. Hubo peatones conscientes de la necesidad de la comprensión de nuestra historia, de la necesidad de resignificar el concepto de ciudadanía desde el arte, desde la palabra e incluso desde la memoria. La conclusión es que en Colombia el concepto de ciudadanía no puede escindirse de la memoria, ni de la responsabilidad con las víctimas de nuestras guerras. La conclusión es que la indignación es una herramienta para que el país real cuestione al país oficial, y una de las formas más efectivas para combatir la simulación en la Escuela. Para terminar, déjenme recordarles dos de las frases que mis estudiantes seleccionaron para poner en los postes de la Memoria. Elemento simbólico porque el poste permite la luz en la oscuridad, entonces ¿por qué no iluminar esta sombría realidad que nos tocó vivir? La primera es tomada de “La canción de la bala” de Luis Tejada y dice: “La bala es la polilla de la humanidad; como microbio tenaz roe y pudre las entrañas de los hombres y convierte en polvo la carne”, y la segunda es una de mis conclusiones a lo largo de ocho años de reflexión sobre el problema: “un estudiante (y debe entenderse, un ciudadano), es aquel individuo con la capacidad de indignarse y de llevar conciencia social a su comunidad”. Visiten nuestro blog y si pueden comenten nuestros trabajos: www.mnemosinesantoto.blogspot.com