jueves, 19 de marzo de 2015

UN ANCIANATO, ISLA EN LA CIUDAD


POR EDUARDO NIÑO

La muerte presume y un espejo, que no me gusta,
                                te hace recordar que el tiempo pasa.
                                                                                     
Silvio Rodríguez

Al pasar sus grandes puertas, el visitante siente que una fiera lo arrastra; lo invaden los alrededores y en el fondo una gran casa.




El visitante avanza y al lado derecho contempla la vegetación del lugar; al mirar hacia la copa de los árboles no se dan cuenta que el piso es de piedra o de gravilla y no de cemento como algunos creen; lo cierto es que contrasta con la abundante vegetación del lugar que crece como pasto en un potrero; sin embargo en el lugar se siente que los recuerdos van falleciendo a medida que el tiempo pasa y la vejez continúa.

Se ven dos casas; en una están la Lavandería y la cocina; justo detrás está la piscina sin agua; tal vez esta sin agua para que los  recuerdos no se ahoguen, enseguida queda el patio; en la segunda casa se encuentra la administración, en esta oficina trabaja María Pineda Vivas hace aproximadamente un año; al fondo se encuentran la sala de televisión y la sala de juntas; en los pisos de arriba duermen los 28 adultos que se encuentran en la tercera edad; los 28 viejitos que viven en este Ancianato.




En medio de las dos casas hay una cancha de baloncesto poco utilizada para este deporte; es un sitio en el que se reciben las visitas, me imagino que este es un sitio especial en el que uno puede alejarse de las noticias cotidianas de este país; lo cierto es que cuando uno entra a este recinto se transporta fuera del tiempo.

En la casa donde se encuentra la administración, metros más al fondo se encuentra Rosaura Álvarez; estaba esperando la visita de la familia, ella no es de Duitama; la trajeron de Tunja; me pregunto si estará aquí hasta su muerte.

La rutina en este lugar consiste en esperar a que sean las 8 de la mañana, para salir y socializar con los demás. Este Ancianato se llama Fundación Club Hogar Geriátrico Tundama del Barrio San Antonio Norte. Aquí trabajan 17 empleados; ellos son los encargados de cuidar a os viejitos, y pasar con ellos la mayoría del día. Una habitante del Barrio me había contado que ellos viven muy bien allí, que tienen comodidades y salas de lujo y que seguramente no viven tristes ya que pagan $1.200.000 mensualmente; luego entendí que allí se perciben los recuerdos y la soledad, e incluso la idea de que los familiares se quisieron deshacer de ellos; tal vez en estos instantes ellos se dan cuenta que no pueden tener una almohada llena de dinero para abrazar y tratar de opacar la tristeza que llevan por no ver a sus seres queridos, por no darles el cariño necesario cuando ellos lo necesiten. Luego pienso que quizás simplemente sus hijos o familiares encontraron en este lugar un sitio para dejarlos ahí y que no les causen más problemas o incomodidades como lo llaman algunos. Sin embargo es bueno arrojar la conclusión que nos tranquiliza: aquí están mejor que en otro lado.



Doña María Pineda  me contó que el ancianato fue inaugurado el 17 de noviembre del 2005; agregó que está muy amañada con los viejitos y que ellos están amañados con ella.

He hecho varias visitas al lugar, y me di cuenta que la vanidad se mantiene a esta edad; de los 28 ancianitos, 8 se habían tinturado el pelo; sin embargo de nada les va a servir porque con el tiempo lo tendrán de ese hermoso y brillante color blanco que resalta la chispa de vida y la alegría que manifiestan de vez en cuando.

En este sitio los recuerdos son como un barco fantasma y quizás el único que lo puede recuperar es un detective que esté interesado en las riquezas del barco; pero el detective deber ser consciente de que existe un pequeño problema, la vejez, la vejez ataca como la neblina; pareciera que entre la memoria y el olvido se encuentran las historias. La historia es un  conjunto de recuerdos que solo son tomados por los vencedores; los perdedores también recuerdan, por lo tanto la historia puede ser contada de mil maneras. Lo único que sabemos es que este barco seguirá a la deriva y lo seguro es que existe.

Uno de los relatos interesantes que pude rescatar es el de Santos Vásquez Negro quien fue testigo del Bogotazo del 9 de abril de 1948, don Santos cuenta la historia , tal como la relatan los libros hoy en día; pero agrega un ingrediente: “Fue aterrador”. ¿Esto no es darle vida a la historia? Es fascinante cuando la historia se vuelve un relato que impacta.

Las personas que leerán esto ¿Cuántos vivirán con sus abuelos? ¿Cuántos valoraran tenerlos todavía? ¿Cuántos aprovecharan la oportunidad para darles cariño?



Muchos de estos ancianitos educaron a sus hijos para que fueran personas de bien y para ellos fue más sencillo deshacerse de sus padres o sus abuelos y arrojarlos a estos lugares; por esto creo que un Ancianato debe ser un pretexto para que pensemos en nuestras responsabilidades con los adultos mayores.

Siempre quise saber cuál es la felicidad de un Anciano y luego pensé en cómo podemos ayudar a que estos estén felices en sus últimos días; a eso vine a este lugar de memoria; quizás en 50 años ya sepa la respuesta.


EL ABUELO Y YO


Por Diana Camila  Roldán.
U.P.T.C

 “Si se ve fuego en los ojos de los jóvenes, en los ojos de los  viejos se ve luz”.

Víctor Hugo.

“Espero morir como he vivido, respetándome a mí
 mismo como condición para respetar a los demás
 y sin perder la idea de que el mundo debe
ser otro y no esta cosa infame”

José Saramago.

“La muerte no llega con la vejez sino con el olvido”

 Gabriel García Márquez.


Para nuestra sociedad la vejez es  causa de vergüenza, sinónimo de conflictos. El valor de cada individuo es determinado por su capacidad productiva o los bienes que posea. Reemplazamos los buenos valores y las buenas costumbres por una conducta individualista, consumista, narcisista e incluso banal. Dejando en el olvido a aquellos que no tienen voz, mostramos nuestra cara más fría he indiferente frente a quienes sufren o nos necesitan.

Carmenza Torres, nacida según recuerda en el año de 1926, madre de 4 hijos, es el vivo reflejo de lo dura que puede ser la vida; su memoria no le permite olvidar las últimas palabras de su padre “Esté  tranquila, Dios es buenos y le va a recompensar, todo lo que hizo por su mamita y por Mí”.

El dolor y la tristeza inundan sus ojos y le entrecortan la voz; seguramente de pensar que Dios no existe, y que si existe entonces en ocasiones se olvida de ella; porque siendo ella tan buena y luchadora durante su vida, ahora está condenada a estar sola  y a pedir limosna mientras que otras personas sin mayor esfuerzo y mérito, lo tienen todo ¿Acaso doña Carmenza no merece vivir sus últimos años serena y dignamente? Ya hizo todo lo que pudo por sus padres, sus hijos e incluso sus nietos ¿No merece un reconocimiento toda su labor?

Ser un adulto mayor es quizá una de las mayores proezas que el hombre puede alcanzar; no cualquiera alcanza esta cima; antes tienen que librarse millones de batallas en  contra del tiempo, el destino y las enfermedades; por eso es que nuestros viejos son sinónimo de espiritualidad, fuerza y  sabiduría.

Según la organización mundial de la salud, la vejez es una etapa del desarrollo humano que inicia a los 60 años y que termina en el momento en el que la persona fallece; se caracteriza por ser un periodo de grandes cambios en todas las áreas del funcionamiento del individuo. El progresivo deterioro ocasionado por el proceso de envejecimiento no le permite a los ancianos estar en condiciones de competir con una persona joven; pero en ellos puede fácilmente existir un tipo diferente de competitividad y producción; esta desvinculación se da no porque el abuelo ya no sea capaz de desarrollar ninguna actividad, sino por los estereotipos y prejuicios que en la sociedad existen.

Parece que desconociéramos que en la mejor de las suertes nosotros también llegaremos a esa edad; es tan fácil como preguntarse ¿Qué me gustaría a mí para mi vejez? La respuesta a esta pregunta sería seguramente,  lo mismo que nuestros ancianos merecen, la recompensa por su esfuerzo, el agradecimiento por el mejor de los regalos “la vida”, el bien más preciado que cualquier ser humano pueda tener.

Y es que hoy en día cuanto más alto sea tu estatus, tanto más poder tengas en tus relaciones con los demás, que dependerá de la cantidad de recursos valiosos que estén a tu disposición, más atención te darán, pero tan pronto desaparezca la esperanza de los demás de obtener beneficio neto en la interacción contigo, cesará tal interés y desaparecerá tu poder social. Y cómo no, si nos encontramos inmersos en una sociedad de consumo y por ende la valía del ser humano se establece en base a lo que se produce.

Interesante el hecho de que sea en las culturas denominadas primitivas, en las que el respeto por las costumbres y los valores son la prioridad del pueblo; en ellas el adulto mayor  tiene un papel de gran importancia pues es fuente de sabiduría y memoria cultural; distinto totalmente de las culturas más civilizadas en donde  se ha  convirtiendo la vejez en una condición vergonzosa para el individuo que la vive.

En las culturas primitivas, la longevidad de las personas es motivo de orgullo,  por cuanto son los guardianes del saber y la memoria que los  conecta con sus antepasados. Muchos de ellos se constituyen en verdaderos intermediarios entre el presente y el más allá. No es entonces ajeno el hecho de que los brujos y chamanes sean personas mayores que a través de la sabiduría que otorgan los años ejerzan  labores de sanación, de jueces y de educadores.

Hace  4 años que Carmencita sufrió un accidente, al regresar de una cita médica, un conductor imprudente que iba a gran velocidad, la atropelló dejándola prácticamente moribunda; esta abuelita sufrió múltiples fracturas en sus piernas, hombro y cadera; sin embargo la vida le dio la oportunidad de seguir viviendo; tal vez esto le permitió perdonar a su verdugo, tanto así que no levantó ningún cargo en su contra.

Ella sacó fuerzas desde lo más profundo de su ser  para recuperarse; hoy en día se puede mover con la ayuda de un caminador; “es difícil”, asegura, pero ella asiste juiciosamente a sus citas médicas e incluso va de casa en casa haciendo un llamado a las personas de buen corazón, para que le colaboren como dice ella “con cualquier moneda o alguito de mercado”.

Doña Carmenza  no se rinde; asume sus últimos días con dignidad y autonomía; ella sabe que si no se ayuda nadie más va a hacerlo por ella; pero no le importa, porque su corazón y su memoria se alimentan día a día de los buenos recuerdos de su juventud.

Para su familia parece que se volvió invisible,  el gobierno en su país asegura estar cumpliendo con sus deberes, incluso existe un programa llamado ( Colombia mayor), el presidente de la republica sale defendiendo su gobierno al asegurar que se preocupa por los abuelitos y abuelitas del país, pero Carmencita sabe que es otra mentira, asegura que lo que el gobierno les da, más parece una limosna que otra cosa, pues a los abuelos en completo desamparo el estado les asigna la irrisoria suma de $40.000 pesos al mes. Sí, cuarenta mil pesos para pagar comida, vivienda y salud; claro ejemplo de que vivimos en uno de los países más desiguales del planeta.

El adulto mayor es amparado como ser humano igual en derechos a todas los demás integrantes de la sociedad, por la Declaración Universal de los Derechos Humanos (art. 25, numeral 1), el Plan de Acción Internacional de Viena sobre el Envejecimiento, la Resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas No. 40/30 de 29-11-85, la Resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas No. 44/77 de 8-12-89, y la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo en su Informe Final (Doc. A/CONF.17/13 de 18-10-94), 

La Declaración Universal de los Derechos del Adulto Mayor  se proclama como ideal común por el cual todos los pueblos y Estados deben orientar sus esfuerzos dirigidos a lograr que la importante y creciente porción de la población global constituida por personas de edad, pueda disfrutar en el futuro de los derechos del bienestar y del reconocimiento social que le corresponden no sólo por sus servicios pasados, sino también por los que todavía está en capacidad y en disposición de prestar.

Dentro de estos reconocimientos está el derecho de ser tratado como ciudadano digno y autónomo. A recibir el apoyo familiar y social necesario para garantizarle una vida saludable, segura, útil y agradable, el derecho al cuidado de su salud, a través de una atención médico-asistencial integral y permanente, preventiva o curativa. También está el derecho a una alimentación sana, suficiente y adecuada para las condiciones de su edad; el derecho a una vivienda segura, higiénica, agradable y de fácil acceso físico. El derecho de ser tenido en cuenta como fuente de experiencia y de conocimientos útiles para el conjunto de la sociedad.  Debe aprovecharse su potencialidad como instructor o asesor en el aprendizaje y desarrollo de oficios, profesiones, artes y ciencias. El derecho a la más plena protección de su seguridad física y su integridad moral contra todo tipo de violencia, de ofensas, de discriminación y de extorsión.   

Pero estos derechos no se respetan, hay muchos abuelos en estado de desnutrición; abandonados en asilos o durmiendo en las calles; hemos subestimado su conocimiento y experiencia, ignorándolos y condenándolos al olvido. La culpa no es entonces únicamente del gobierno; la culpa la tenemos todos como individuos fríos y excluyentes; la culpa es de todos como sociedad, y eso que supuestamente somos individuos actuantes y pensantes.

Aunque existan leyes e instituciones que se preocupan por atender de la mejor forma posible al adulto mayor, es necesario concientizar y educar a nuestra población para que entienda que el abuelo es una persona digna y capaz de aportar a su sociedad; ellos solo buscan el afecto y el reconocimiento por parte de los suyos; hagamos que los últimos días de nuestros abuelitos tengan un sentido, démosles el valor que se merecen; la compañía y el cariño son un buen comienzo. Es muy conmovedor ver la realidad de nuestros abuelos en la actualidad; pero, no podemos seguir lamentándonos por ello, es hora de tomar conciencia e informarnos sobre cómo ayudarlos.

Este escrito tiene por nombre “el abuelo y yo” como una invitación a reconocer la situación actual de nuestros abuelitos y reflexionar sobre el papel que podemos hacer cada uno para cambiar esta realidad atendiendo al hecho de que seremos nosotros viejos algún día

Bibliografía

-         Constitución Política de Colombia de 1991, Actualizada con todos los Actos Legislativos expedidos hasta el 2004. Edición 2005.BIBLIOTECA ENRIQUE LOW MURTRA – BELM 
Resolución 7020 de 1992, Colombia.
-         Ley 100 de 1993 Sistema General de Seguridad Social. Libro IV Servicios Complementarios. Edición 2008.13.Ley 687 de 2001, Colombia.
-         Decreto 3039 de 2007 “Plan Nacional de Salud Pública (PNSP) 2007 –2010”, Colombia.
-         Carta de las Naciones Unidas (1945)
-         Woolf, L. M. (1998) Effects of Age and Gender on Perceptions of Younger and
-         Older Adults. http://www.webster.edu/~woolflm/ageismwoolf.html



jueves, 5 de marzo de 2015

SALUD AL OLVIDO

Por Juan José Garcés Rodríguez y por Juan David Cuevas Santisteban 


“No está marcada en ningún mapa: los sitios de verdad no lo están nunca”

HERMAN MELVILLE

Este artículo tiene como fin relatar parte de la historia y el estado actual del hospital San Vicente, ubicado en la carrera 18#22-1, predecesor del ahora Hospital Regional de Duitama.

El doctor Manuel María Prada en su testamento otorgado en la notaria 4° de Bogotá, con fecha 21 de septiembre de 1914, dice pues más o menos lo siguiente: “luego… para la fundación en Duitama de un asilo para sacerdotes o de un hospital”.- no dejó normas ningunas sobre la fundación de la junta directiva, ni sobre la constitución de los estatutos. Lo anterior está escrito en el libro de actas de dicho hospital. Según el libro de actas, el hospital comenzó a funcionar alrededor del año de 1940 y cerró aproximadamente en el año 1975.



El hospital estaba constituido por habitaciones para hombres y para mujeres, también había un laboratorio de cirugías de menor riesgo y para leves lesiones; una sala de parto, una sala de cremación, un cuarto de rayos x, un cuarto para que los doctores se hospedaran, y también un convenio con una botica (una droguería o establecimiento donde se vendían medicamentos).

Según nos cuenta uno de nuestros entrevistados había una pareja de empleados que trabajaron durante muchos años en el hospital San Vicente; no les pagaron durante los años de servicio de vigilancia, a tal punto que hoy se adueñaron de estas instalaciones, asegurando que no van a desalojar hasta que no les remuneren por todo su trabajo.




Como nos cuenta Don Reinaldo Bohada (Fiscal De La Contraloría Nacional) el padre Suárez le donó al padre Guarín las instalaciones para que funcionara el hospital San Vicente. Siendo Hipólito Fonseca, empleado del Fondo Nacional Hospitalario, compró el lote del nuevo hospital Regional De Duitama y se trasladó allí.

Una vez trasladado todos los equipos quirúrgicos al nuevo hospital, el Fondo Nacional Hospitalario, en ese entonces manejado por Jorge Mojica, ordenó demoler el viejo hospital San Vicente para convertirlo en lote y darle una utilidad al servicio de la salud, pero  Monseñor Corredor evitó que lo derrumbara por completo para dar alojamiento a las personas de las calles y familias desamparadas; acordaron suspender la demolición con la condición de que no dejaran alojar a estas personas.




Quien donó este lote  lo hizo únicamente para el servicio de salud, con una cláusula que dice: “solo se pondrá vender mientras se restaure y se preste al servicio de salud”, por eso no se ha podido vender el lote; una parte se vendió para el Seguro Social Seccional Duitama; el área libre del terreno es de fanegada y media (9600m2).

El señor Jorge Mojica gestionó y consiguió equipos de alta gama y laboratorio con lo que el hospital quedaría en categoría de tercer nivel; se supo que los equipos llegaron a la ciudad de Cartagena con destino al hospital San Vicente; pasó el tiempo y no hubo quien adecuara las instalaciones para que instalaran los equipos. Se supo que fueron trasladados para la Secretaría de Salud  del departamento y desde ahí se desconoce el paradero de dichos instrumentos; debido a esta razón el hospital San Vicente se catalogó de segundo nivel.




El director del hospital de ese entonces fue remplazado por el gobernador de turno y a éste lo nombraron secretario de salud del departamento.

En algunos testimonios, varias personas aseguran que hubo mucha gente que donó elementos quirúrgicos, camillas, y que Acerías Paz Del Río organizó basares, fiestas, rifas, entre otras cosas, para recaudar dinero para la adecuación del centro hospitalario. Cuando el hospital se edificó, las monjas de la presentación  se encargaron de atender a los pacientes enfermos y colaboraron con instrumentos y con dineros, porque el hospital no tenía fondos para comprarlos.

El hospital fue construido con el fin de prestarles ayuda a las personas con diferentes problemas tanto de salud como económicos, pero es evidente que tuvo poca colaboración de parte del gobierno.



Después de 25 años aproximadamente de cerrado, por la construcción del nuevo hospital, el estado actual del sitio del hospital San Vicente, no ha dejado memoria de las personas que trabajaron o nacieron o estuvieron allí. Sobreviven las ruinas. La idea de demolerlo quedó a medias y el clima y el tiempo hacen de las suyas en ese mínimo territorio donde se aliviaron o se quejaron o fallecieron habitantes de esta región del departamento.

Aquí nació el hospital de Duitama. Pero no nos fue posible encontrar un registro visual que rescate la memoria de este lugar. Estos sitios no deberían pasar al olvido ya que representan parte de nuestra cultura y por tanto tienen valor para las futuras generaciones.

San Vicente fue un santo torturado de manera terrible por los romanos por negarse a adorar al emperador como si fuera un dios. Su nombre significa “Vencedor en el combate de la fe”. De manera sorprendente enseguida del desaparecido hospital San Vicente, hay una iglesia, y este viejo hospital yace muerto en uno de sus costados, vencido en el combate contra la capacidad de la ruina de desechar lo valioso.





















jueves, 12 de febrero de 2015

ESCOMBROS DE UNA GUERRA SIN FIN


                                Por Ángela Marcela Cuyamón Amaya


“La guerra es el arte de destruir a los hombres; la política es el arte de engañarlos”

Parménides de Elea

“La guerra es una masacre entre gentes que no se conocen; para provecho de gentes que si se conocen pero que no se masacran”

Paul Valéry


Una visita de unas cuantas horas, un corto viaje al pueblo que me vio crecer. Pensar  y recordar cuántas cosas ha tenido que vivir esta población sumergida entre montañas negras.  Socha es un pequeño pueblo situado en el nororiente del departamento de Boyacá; a dos horas de Duitama y a tres horas de la capital del departamento.  Con una población de 7.364 habitantes de los cuales el 20% son analfabetas o cuentan con un grado de escolaridad mínima.  Su economía está basada en la minería aunque en la actualidad debido a la recesión económica y la baja que tuvo el costo del carbón tanto a nivel nacional como internacional,  empresas tales como London Mining, multinacional de origen Polaco, ha tenido que reducir la planta de personal al mínimo, dejando a gran parte de la población desempleada. 

La población se caracteriza por ser de gente trabajadora, honesta, hospitalaria y muy creyente; ellos piensan que gracias a eso es que Dios los ha librado y los ha ayudado durante los atentados terroristas de las FARC que esta población ha tenido que afrontar.

Para la realización de mi trabajo hice alrededor de quince entrevistas entre familiares y vecinos de la estación de policía, con la intención de rememorar el atentado terrorista del 31 de julio del 2003 por parte del frente 28 de las FARC; acto que aunque no dejó muertos si dejó heridos y una marca de horror que hasta el momento no ha sido totalmente superada.

Aunque han pasado once años, los habitantes del sector y otras personas de la población no han olvidado totalmente esos momentos de zozobra; confían en que Dios siempre los seguirá protegiendo; esto teniendo en cuenta que la situación del país cada día va de mal en peor.

He estructurado mi proyecto por estaciones así:

Ø Recolección de Escombros

Jueves 31 de julio de 2003; en Colombia es presidente Álvaro Uribe Vélez; en Socha es un día normal para muchos; es una tarde soleada pero al pasar los minutos se convertirá en una oscura  y quizás interminable tarde.

  Primera Estación: Martha Isabel Abril recuerda aquel jueves como una tarde normal, tomaba café y escuchaba desde la casa el sonido de las campañas que anunciaba el inicio de la misa de las cinco de la tarde; su hija y su sobrina eran unas de las niñas que jugaban en la calle a las muñecas, las señoras subían hacia la iglesia, todo transcurría normal, decía. 
  
  María Eugenia Amaya Abril; prima y vecina (pues las casa de la familia Amaya Abril y Abril Joya están ubicadas en la misma cuadra una seguida de la otra) se encontraba en Duitama; alistaba a su hija par viajar a su pueblo después de una semana de descanso; al transcurrir dos horas de viaje, llegó a su pueblo hacia las cinco de la tarde con su hija de seis años. 

      Segunda Estación:   para María todo transcurría normal;  saludó a sus primas, preguntó por su hermano que trabajaba y aún trabaja en cerrajería; no recibió respuesta alguna del lugar en donde se encontraba; su hija estudiaba en un colegio de propiedad de otros familiares el cual estaba ubicado a la vuelta de la casa por lo que fue a preguntar las tareas que tenía pendiente la niña y saludar sin antes comentarle a sus primas que era hora de entrar a las niñas.

Inicia el calvario: Ya era tarde; alzó a su hija y se dirigió hacia el colegio; al llegar saludó a sus familiares y les expresó que no se demoraría pues uno de sus clientes, el abogado y ex personero municipal  Cesar Tulio Carvajal, no demoraba en llegar a su casa a trabajar en unos documentos que ella le estaba ayudando a redactar.

Se sentaron a tomar café y hablar un poco; su pequeña se dirigió hacia una de las ventanas mientras tanto; frente al colegio se encontraba una iglesia cristiana, a la niña le llamaba la atención ver cantar aquellos creyentes por lo que se quedó allí.

El reloj marcaba las seis y quince, era hora de irse pero al no haber terminado de revisar las tareas que su hija debería adelantar decidió quedarse un poco más, la niña abrió la ventana; el cielo ya se observaba algo oscuro; a los pocos minutos una gran explosión azotó aquel pueblo escuchándose el grito de la niña, y no solo sus gritos sino los gritos de dolor y desesperación de los que transitaban por las calles aledañas, pues aquel atentado terrorista dejaba demasiadas víctimas;  los techos caían, la gente corría, fuego y humo asechaban en centro de aquel pueblo.

En aquel momento María salió preocupada del colegio pues le inquietaba saber de la suerte de su hermano y de sus primas;  desesperación total pues al llegar a la esquina observó las casas prácticamente destruidas en su totalidad; entró a la casa de sus primas con la grata sorpresa de que a pesar de que el carro-bomba había detonado a pocos metros, todos sus familiares estaban ilesos… luego se enteró de que su hermano no se encontraba en casa.

Al volver a salir a la calle fue aterrador enterarse que uno de los heridos más graves había sido el cliente con el que trabajaría, pues él se dirigía en su vehículo a trabajar con María y precisamente en el momento en el que pasaba junto al carro-bomba detonó, causándole quemaduras en todo su cuerpo, especialmente en su rostro. 

En ese momento era imposible creer que sobreviviría; todo había colapsado y era casi imposible transportarlo hacia el Hospital de Duitama.

Las familias afectadas no solamente tuvieron que ver sus casas reducidas a escombros; también sus enseres. Hacia las 10 pm, comienza a llover. Atmósfera apropiada para que llegue la calma y se puedan mirar a las caras llenas de hollín. En sus lágrimas se reflejaban la impotencia, el dolor y la desesperación.

Mucha gente decidió irse hacia sus fincas para buscar algo de tranquilidad y refugio. María y su familia tuvieron que dormir aquella noche bajo los escombros y el frío inclemente; se escuchaban rezos y llantos; se podía percibir el terror; aún no salían de su impresión, pues la vida les había dado una mala sorpresa. No sabían cómo enfrentar lo que pasaba; los agobiaban el miedo y la desesperación.

Hoy, años después, más del cincuenta por ciento de las víctimas aún permanecen allí; asumen su pueblo como una tradición. Sus ancestros lo habían hecho así. Cuentan que aún tienen que soportar las llamadas “vacunas”  por parte de las FARC, con el fin de que los dejen trabajar. Soportan todo tipo de abusos, aunque ya con el pasar de los años se ha convertido en el pan de cada día. Ningún gobierno ha logrado hacer algo. Triste realidad frente a la que se resignan. Solo silencio e impunidad.

Junio de 2014,  Colombia está por elegir el nuevo presidente quien los gobernará y quizás arreglará la situación del país; en Socha esta clase de procesos dejó de tener importancia, pues así voten por el candidato de las mejores propuestas siempre quedan en el olvido; el destino es estar a merced de los bárbaros, y luego recoger escombros. Luego la tragedia, esa que significa aprender a vivir con esta guerra incesante e infinita.


domingo, 11 de enero de 2015

EL BARRIO DEL OLVIDO


Por Andrés Mendivelso

“La música urbana consiste
En que en cada encrucijada
Cada una de mis rimas
Quedan inmortalizadas”

René (Calle 13 “Que lloren”)

Existen varias maneras para habitar un barrio, una casa, un apartamento o una ciudad, pero sin duda, la desfragmentación que existe en el barrio San José Obrero es inexorable.

El barrio que quedó al olvido de transeúntes y de la ciudad, se convirtió en el mayor muladar de recuerdos de sus habitantes, que sin querer, tuvieron que seguir su vida cotidiana con el impedimento de un mal que acecha.

Entre sus fauces que abrió sin querer este barrio, existen aproximadamente 35 espacios de venta de licor donde se mezclan universitarios, gente común, revoltosa, calmada y otra que sin duda es la bestia más terrible que domina el barrio, y que vamos a denominar con una palabra común en estos tiempos, la “gaminería”.

Sin embargo, esta “gaminería” no es del  mismo barrio, son forasteros que llegan como ratas oliendo su  presa, y son astutos; el  que no se dé cuenta de su presencia y le siga el juego, la lleva con él. Sus madrigueras: los bares más reconocidos del barrio, como son “Procheli”, “La Caza Bar” y “Santa Aleja”.

En ellos reina la sevicia, no hay cómo controlarlos; la policía, -no se sabe si en realidad hay policía o solo son un grupo de parásitos verdes que están allí solo por moda- no hace nada. “Mucha policía poca diversión, un error”; esta es sin duda una de las grandes canciones del gran grupo de punk “Eskorbuto”, en la cual se demarca la problemática de esta institución, tampoco las sucesivas administraciones municipales.

Sí, esta es la realidad; la nueva generación que cambió todo. “No sé cómo te atreves a vestirte de esa forma y salir, así, en mis tiempos todo era alegría y confort”; letra de “Pachuco” de los artistas de “La maldita Vecindad”. Ejemplo  de esa generación que se abastece de consumo y de innovación.

Pero bueno, volviendo al tema; explicaré cómo son los fines de semana  en estos bares que tan solo dejan desilusiones, desconfianza y desahucios.

El jueves es un día que toman los universitarios para descansar del fatigante látigo de los trabajos. Eligieron este día porque muchos se van a sus casas y no pueden compartir con sus amigos. El jueves es un día tranquilo sin peleas y muy bueno para disfrutar.

Un jueves casi no viene “gaminería” y si hay peleas (que son muy pocas) son entre estudiantes, y estas peleas son (a veces) por chicas o quien sabe, que tal sea por una nota o por un trabajo.

El viernes la “gaminería” descansa para un sábado agitado. El viernes es para las personas que trabajan la larga semana y quienes quisieran que su descanso fuera eterno. Este día es especialmente para las personas maduras que cuentan sus ocurrencias laborales con sus camaradas de trabajo. El viernes casi no hay peleas.

El sábado (llegamos a la parte más fascinante de este trabajo) es el día privilegiado para la “gaminería”; lo único que impide su fiesta sangrienta es la lluvia, la ley seca que se da gracias a un paro agrario o a la farsa de elecciones, o a las fiestas en ciudades aledañas. Pero sin lugar a dudas este día es uno de los más horrendos de la larga historia del barrio.

Con otros de los habitantes del barrio reconstruimos el siguiente diario sabatino:

“Son las 4 de la tarde, todo está en silencio, solo se escucha el parpadear de los carros y el latido de los árboles; de repente, llega el dueño del bar con todos sus maleantes; lo primero que hace es poner esa música de la juventud post-basura (reggaetón, vallenato, el “serrucho” y demás) a un nivel exagerado. La “gaminería” husmea esta música porque esto es lo que los atrae, llegan aproximadamente entre las 10:30 pm y las 12:00 am; se da uno cuenta cuando ellos llegan, pues son numerosos sus grupos que no se bajan de los 5 integrantes; cuando son astutos suben unos pocos al bar y los otros se quedan al acecho; mientras tanto, los de arriba usan su olfato para las víctimas que estén solas y les empiezan a formar bonche o pelea; si la persona está borracha es peor, si por el contrario no lo está, esperan, buscan la manera de sacarlo del bar; cuando su operativo es exitoso, empieza el cruce de disparos de botellas; la adrenalina sube a su máximo tope, comienzan a decirse palabras grotescas y vulgares, -Me dio en una pierna ese hijue… (Se omite la palabra por haber niños pequeños o que aún no conocen, si se está leyendo se puede hacer el piiiiii de las películas), -Métale la puñalada, -Métale un puño a ese malp…, -Sáquele la plata a ese piro…. Uno viendo estas riñas callejeras queda exhausto, aterrorizado, dan ganas de vomitar hasta las lágrimas, el cruce de puños galácticos y de puñaladas con fuerza  bruta son terroríficos, sus listas sangrientas de víctimas siguen extendiéndose y no se puede hacer nada para acabar con esto”.

Pero en ese momento, uno se pregunta: ¿Y la policía?, ¿No es su deber velar por la seguridad de sus habitantes? No, ellos están durmiendo o en el baño; quién sabe; que tal estén pintando todo de rosado gracias a nuestra querida alcaldesa, pero mientras hacen estas cosas sin importancia, las luchas campales que se dan en este sector siguen dejando tasas muy altas de lesiones en riñas, y estoy casi seguro, que elevan las tasas de mortalidad.

Al otro día, hay sangre en la arena y no es del asesino; se convirtió en algo tan paradójico, que es imposible salir a la calle con la tranquilidad que se sentía antes; reina el miedo, reinan los sobrevivientes camuflados para no ser vistos.
Ahora, la mejor leyenda contada después de “La llorona” y otras leyendas más, da el premio Nobel de Literatura en ficción (debió superar a “Gabo” y sus “Cien años de soledad”), al bar “San Aleja” con su espectacular leyenda “La chica y el Diablo”.

-“La historia comenzó cuando una joven entró al establecimiento dicho, la joven se sentó con sus amigos a tomar y a conversar.

De repente llegó un hombre muy elegante que empezó a brindar trago a todos los que estaban en ese momento en el bar, después sacó a bailar a la mencionada joven. Ella gustosa aceptó, pero el hombre le hizo una advertencia que sería la última que iba a escuchar: “No me mires los pies”. Ella, por supuesto, no aguantó las ganas, le miró los pies,  y lo que vio fueron unas patas de caballo con fuego, ella asustada miró a su alrededor y las personas se habían convertido en monstruos. La chica se desmayó y entró en coma, del cual no despertó llevándose a la tumba toda la verdad.”

Este es el testimonio de uno de los habitantes del barrio, y es un relato que puede ser narrado por casi todos los habitantes de la ciudad. Sobre todo si se tiene en cuenta que la chica entró en coma y murió. ¿Quién iba a saber lo que ella vio al desobedecer la sugerencia del hombre?, ¿Qué pasó con el hombre? Según el testimonio del dueño de “Santa Aleja”,  en las cámaras la joven sale bailando sola. Pero lo paradójico es, que para estas fechas, el bar mencionado no contaba con cámaras.

Otro testimonio de los habitantes, es que la chica murió de una sobredosis de droga, lo cual se está investigando si la expenden en el dicho bar. Lo único cierto es que a la “Santa Aleja” no le luce el Santa.  Y así tenemos un barrio destruido por la ineficacia de las autoridades. Vecinos desesperados para quienes la justicia no funciona. Ni derechos de petición ni tutelas. Y mientras tanto el ruido inaudito que no deja dormir a nadie, y las riñas, y el consumo de tantas sustancias, han hecho que el barrio pase a ser considerado como la zona rosa de la ciudad. Esta debe ser la razón por la cual la alcaldesa no ha hecho nada al respecto; le gusta el rosado.





LAS SORPRESAS DE LA VIDA


 POR GERMÁN EDUARDO SANTAMARÍA HURTADO


Mi texto busca contar partes de la historia de vida de mi padre José Isaac Santamaría Montenegro. Él nació el 28 de abril de 1955 en la ciudad de Villavicencio, y allí vivía junto con su padre José Lucas Santamaría Rodríguez. Lo que más recuerda de su infancia es la pobreza; una bicicleta o un radio no eran un lujo que se pudieran dar. No tuvo muchas oportunidades de estudio; cursó hasta el grado tercero de primaria  en un colegio religioso dirigido por un cura. La alimentación no era muy buena;  vendía periódicos a los 8 años;  andaba con pantalones cortos, sin zapatos y una camisa de botones; dormía en una cama dura y usaban leña para cocinar; sin embargo él dice que extraña la niñez porque fue la etapa donde  podía jugar sin preocupaciones de ningún tipo. Su adolescencia fue aún más difícil, vivía y trabajaba en una finca junto con su padre.


A los veinte años trabajó en el Molino el Sol; compraba trigo; allí conoció a un señor que lo invitó a trabajar en el montaje de un molino de trigo. En Duitama estaba parte de su familia; se conoció con mi mamá Olga Lucía Hurtado Suárez por medio de su hermana, y al poco tiempo se hicieron pareja. Trabajó en una fábrica de carrocerías “Carrocerías Muisca” en la cual pintaba autos su jefe, Álvaro Gutiérrez. Trabajaba duro para poder vivir bien. En esos días vino un primo de Estados Unidos; su nombre era Germán Santamaría y se hospedó en un hotel de categoría en Duitama y lo invitó a cenar; le recomendó que se fuera a Estados Unidos para dejar de trabajar tanto y por tan poco; mi papá lo pensó y decidió que no tenía dinero para el viaje; sólo tenía una moto que compró años atrás; entonces decidió venderla y preparar su viaje.

El pasaporte lo sacó en el año 1986; compró ropa y acomodó a la familia en un mejor lugar; ese año nació su tercer hijo; preparó la maleta y solicitó la visa a México pero como eran demasiados requisitos para tramitarla, la solicitó para Guatemala y se la dieron; debía viajar el 4 de febrero de 1987; se despidió de su familia y viajó a Guatemala.

Cuando llegó a ese país el 4 de febrero hizo un larga travesía de 4 días; visitó muchos lugares en Guatemala; llegó a un pueblito que limitaba la frontera con México llamado la Mesilla y pasó la frontera ilegalmente; llegó al estado de Chiapas y viajó por la capital que se llama Tuxtla-Gutiérrez; hizo muchas amistades; en Rizo de Oro un pueblito, se trasladó en un tráiler hasta ciudad de México, de allí viajó a Guadalajara y de allí se trasladó a Culiacán.

Se hospedó en un hotel; el señor del hotel le recomendó que se fuera al medio día porque al pasar por los retenes en Sonora lo detenían y lo deportaban; él se fue del hotel y lo detuvieron en un retén en Sonora, pero el oficial que lo requisó lo dejó ir al ver su situación, sin embargo, le dio un consejo “quédate en Culiacán no vayas a Tijuana porque te tuercen”. Él tenía el pasaje a Tijuana, llegó a Culiacán y se dio cuenta que tenía que pasar por aduana y migración; se estuvo a un lado para que no lo detectaran; regresó al bus y se dirigieron a Tijuana; en Tijuana tuvo que pasar por la migración para revisar el equipaje y los documentos; alistó 20 dólares, y cuando el oficial de migración le pidió los documentos, le ofreció los 20 dólares y lo dejó ir; de allí se fue para Tijuana.

Se fue en un bus hasta el centro de la ciudad; el señor los llevó a diferentes destinos; mi padre pidió que lo llevara al hotel La Mesa; en una conversación con su hermana le dijo que se hospedara allá mientras miraban cómo hacían para traerlo a Estados Unidos; el conductor le aconsejó “si acaso te agarra la migra di que eres Mexicano no que eres Colombiano porque te deportan, si te preguntan en donde naciste di que en Acapulco, allí hablan parecido”. Mi padre se dirigió al hotel, se acercó y preguntó por el valor de una noche. Le dijeron que 30 mil pesos. El hotel tenía piscina. Sin embargo era todo el dinero que tenía, así que le tocó buscar uno más económico. Consiguió uno de 10 mil pesos.

Al siguiente día fue a recorrer Tijuana y en el recorrido llamó a Estados Unidos. Le dijeron que estuviera listo porque un coyote lo iba a pasar. Le dieron instrucciones de ir a un lugar específico. Fue hasta ese lugar y le dijeron que se prepara porque lo pasarían esa misma noche a Estados Unidos. El coyote iba con una mujer embarazada, también un mexicano con su esposa, y un pandillero nicaragüense con el que tuvo que hacer pareja porque debían ir en grupos de dos personas a las dos de la mañana. El 17 de febrero de 1987 cruzaron la frontera a Estados Unidos. Llegó a San Isidro California en donde estuvieron escondidos tres días en una casa; luego fueron a un pequeño aeropuerto en el cual abordaron una avioneta que los llevaría  al centro de California.

En los Ángeles lo recogió su primo y lo llevó a donde su hermana en un apartamento; él estaba muy prevenido por el tema de la migración, sin embargo ya estaba más tranquilo.

Ya en Estados Unidos trabajó por un tiempo con su primo que era plomero, pero con el tiempo lo ayudó a conseguir trabajo en una fábrica de fundición. A  los 8 días llamaron a la casa en dónde vivían y preguntaron por el colombiano; se dirigió a la fábrica y comenzó a trabajar; aprendió rápidamente. El trabajo consistía en coger partes de cera para fundirlas en forma de moldes, y así se hacían partes de autos, armas, palos de golf y partes de avión; su jefe se llamaba Christopher Tobar. Mi padre me dice que tuvo mucha suerte porque él no conocía nada sobre la fundición  y se le facilitó, así que el jefe notó que era un muy  buen empleado y lo empezó a tener en cuenta.

En su estadía en Estados Unidos trabajó 2 años y medio en la fábrica de fundición; conoció muchos lugares; y con el tiempo pudo comprarse un carro para desplazarse; un día el jefe llegó con un vendedor de autos; el auto que vendían costaba 300 dólares, era un Chevrolet Impala clásico; ese era el dinero que mi padre ganaba en una semana. El jefe le prestó el dinero. Sin embargo tuvo que venderlo porque se recalentaba. Se compró una moto de 650 cm3 que también tuvo que vender. Compró un Chevette que le costó mil dólares. Lo vendió cuando ya se iba a regresar a Colombia. Mientras estuvo allá envió dinero a su familia.


Ya a su regreso mi padre se consolidó como comerciante, y abrió un pequeño hotel llamado Hotel Sander, y con los ingresos que produce mantiene a su familia.

No me queda más que decir; la vida es una continua caja de sorpresas.  Quizás otro día cuente cómo una tarde llegó una hermana de mi padre de quien no había sabido nada en 25 años. Son historias que nos sorprenden en el transcurso de nuestra vida. Cómo esas historias de mi padre. Imaginármelo en todos esos países, con ese temor, con esas ganas de salir adelante. Un día estás en un país subdesarrollado, otro en una potencia, al siguiente con un negocio que pudo montar con sus ahorros, y así mantener a la familia estando con ella. Mi padre me ha comentado que ha pensado en volver a los Estados Unidos pero esta vez lo quiere hacer legalmente; está en continuo contacto con su hermana para tramitar los papeles  y la visa para vivir legalmente; ahora solo queda esperar que sorpresas nos depara la vida.