jueves, 5 de marzo de 2015

SALUD AL OLVIDO

Por Juan José Garcés Rodríguez y por Juan David Cuevas Santisteban 


“No está marcada en ningún mapa: los sitios de verdad no lo están nunca”

HERMAN MELVILLE

Este artículo tiene como fin relatar parte de la historia y el estado actual del hospital San Vicente, ubicado en la carrera 18#22-1, predecesor del ahora Hospital Regional de Duitama.

El doctor Manuel María Prada en su testamento otorgado en la notaria 4° de Bogotá, con fecha 21 de septiembre de 1914, dice pues más o menos lo siguiente: “luego… para la fundación en Duitama de un asilo para sacerdotes o de un hospital”.- no dejó normas ningunas sobre la fundación de la junta directiva, ni sobre la constitución de los estatutos. Lo anterior está escrito en el libro de actas de dicho hospital. Según el libro de actas, el hospital comenzó a funcionar alrededor del año de 1940 y cerró aproximadamente en el año 1975.



El hospital estaba constituido por habitaciones para hombres y para mujeres, también había un laboratorio de cirugías de menor riesgo y para leves lesiones; una sala de parto, una sala de cremación, un cuarto de rayos x, un cuarto para que los doctores se hospedaran, y también un convenio con una botica (una droguería o establecimiento donde se vendían medicamentos).

Según nos cuenta uno de nuestros entrevistados había una pareja de empleados que trabajaron durante muchos años en el hospital San Vicente; no les pagaron durante los años de servicio de vigilancia, a tal punto que hoy se adueñaron de estas instalaciones, asegurando que no van a desalojar hasta que no les remuneren por todo su trabajo.




Como nos cuenta Don Reinaldo Bohada (Fiscal De La Contraloría Nacional) el padre Suárez le donó al padre Guarín las instalaciones para que funcionara el hospital San Vicente. Siendo Hipólito Fonseca, empleado del Fondo Nacional Hospitalario, compró el lote del nuevo hospital Regional De Duitama y se trasladó allí.

Una vez trasladado todos los equipos quirúrgicos al nuevo hospital, el Fondo Nacional Hospitalario, en ese entonces manejado por Jorge Mojica, ordenó demoler el viejo hospital San Vicente para convertirlo en lote y darle una utilidad al servicio de la salud, pero  Monseñor Corredor evitó que lo derrumbara por completo para dar alojamiento a las personas de las calles y familias desamparadas; acordaron suspender la demolición con la condición de que no dejaran alojar a estas personas.




Quien donó este lote  lo hizo únicamente para el servicio de salud, con una cláusula que dice: “solo se pondrá vender mientras se restaure y se preste al servicio de salud”, por eso no se ha podido vender el lote; una parte se vendió para el Seguro Social Seccional Duitama; el área libre del terreno es de fanegada y media (9600m2).

El señor Jorge Mojica gestionó y consiguió equipos de alta gama y laboratorio con lo que el hospital quedaría en categoría de tercer nivel; se supo que los equipos llegaron a la ciudad de Cartagena con destino al hospital San Vicente; pasó el tiempo y no hubo quien adecuara las instalaciones para que instalaran los equipos. Se supo que fueron trasladados para la Secretaría de Salud  del departamento y desde ahí se desconoce el paradero de dichos instrumentos; debido a esta razón el hospital San Vicente se catalogó de segundo nivel.




El director del hospital de ese entonces fue remplazado por el gobernador de turno y a éste lo nombraron secretario de salud del departamento.

En algunos testimonios, varias personas aseguran que hubo mucha gente que donó elementos quirúrgicos, camillas, y que Acerías Paz Del Río organizó basares, fiestas, rifas, entre otras cosas, para recaudar dinero para la adecuación del centro hospitalario. Cuando el hospital se edificó, las monjas de la presentación  se encargaron de atender a los pacientes enfermos y colaboraron con instrumentos y con dineros, porque el hospital no tenía fondos para comprarlos.

El hospital fue construido con el fin de prestarles ayuda a las personas con diferentes problemas tanto de salud como económicos, pero es evidente que tuvo poca colaboración de parte del gobierno.



Después de 25 años aproximadamente de cerrado, por la construcción del nuevo hospital, el estado actual del sitio del hospital San Vicente, no ha dejado memoria de las personas que trabajaron o nacieron o estuvieron allí. Sobreviven las ruinas. La idea de demolerlo quedó a medias y el clima y el tiempo hacen de las suyas en ese mínimo territorio donde se aliviaron o se quejaron o fallecieron habitantes de esta región del departamento.

Aquí nació el hospital de Duitama. Pero no nos fue posible encontrar un registro visual que rescate la memoria de este lugar. Estos sitios no deberían pasar al olvido ya que representan parte de nuestra cultura y por tanto tienen valor para las futuras generaciones.

San Vicente fue un santo torturado de manera terrible por los romanos por negarse a adorar al emperador como si fuera un dios. Su nombre significa “Vencedor en el combate de la fe”. De manera sorprendente enseguida del desaparecido hospital San Vicente, hay una iglesia, y este viejo hospital yace muerto en uno de sus costados, vencido en el combate contra la capacidad de la ruina de desechar lo valioso.





















jueves, 12 de febrero de 2015

ESCOMBROS DE UNA GUERRA SIN FIN


                                Por Ángela Marcela Cuyamón Amaya


“La guerra es el arte de destruir a los hombres; la política es el arte de engañarlos”

Parménides de Elea

“La guerra es una masacre entre gentes que no se conocen; para provecho de gentes que si se conocen pero que no se masacran”

Paul Valéry


Una visita de unas cuantas horas, un corto viaje al pueblo que me vio crecer. Pensar  y recordar cuántas cosas ha tenido que vivir esta población sumergida entre montañas negras.  Socha es un pequeño pueblo situado en el nororiente del departamento de Boyacá; a dos horas de Duitama y a tres horas de la capital del departamento.  Con una población de 7.364 habitantes de los cuales el 20% son analfabetas o cuentan con un grado de escolaridad mínima.  Su economía está basada en la minería aunque en la actualidad debido a la recesión económica y la baja que tuvo el costo del carbón tanto a nivel nacional como internacional,  empresas tales como London Mining, multinacional de origen Polaco, ha tenido que reducir la planta de personal al mínimo, dejando a gran parte de la población desempleada. 

La población se caracteriza por ser de gente trabajadora, honesta, hospitalaria y muy creyente; ellos piensan que gracias a eso es que Dios los ha librado y los ha ayudado durante los atentados terroristas de las FARC que esta población ha tenido que afrontar.

Para la realización de mi trabajo hice alrededor de quince entrevistas entre familiares y vecinos de la estación de policía, con la intención de rememorar el atentado terrorista del 31 de julio del 2003 por parte del frente 28 de las FARC; acto que aunque no dejó muertos si dejó heridos y una marca de horror que hasta el momento no ha sido totalmente superada.

Aunque han pasado once años, los habitantes del sector y otras personas de la población no han olvidado totalmente esos momentos de zozobra; confían en que Dios siempre los seguirá protegiendo; esto teniendo en cuenta que la situación del país cada día va de mal en peor.

He estructurado mi proyecto por estaciones así:

Ø Recolección de Escombros

Jueves 31 de julio de 2003; en Colombia es presidente Álvaro Uribe Vélez; en Socha es un día normal para muchos; es una tarde soleada pero al pasar los minutos se convertirá en una oscura  y quizás interminable tarde.

  Primera Estación: Martha Isabel Abril recuerda aquel jueves como una tarde normal, tomaba café y escuchaba desde la casa el sonido de las campañas que anunciaba el inicio de la misa de las cinco de la tarde; su hija y su sobrina eran unas de las niñas que jugaban en la calle a las muñecas, las señoras subían hacia la iglesia, todo transcurría normal, decía. 
  
  María Eugenia Amaya Abril; prima y vecina (pues las casa de la familia Amaya Abril y Abril Joya están ubicadas en la misma cuadra una seguida de la otra) se encontraba en Duitama; alistaba a su hija par viajar a su pueblo después de una semana de descanso; al transcurrir dos horas de viaje, llegó a su pueblo hacia las cinco de la tarde con su hija de seis años. 

      Segunda Estación:   para María todo transcurría normal;  saludó a sus primas, preguntó por su hermano que trabajaba y aún trabaja en cerrajería; no recibió respuesta alguna del lugar en donde se encontraba; su hija estudiaba en un colegio de propiedad de otros familiares el cual estaba ubicado a la vuelta de la casa por lo que fue a preguntar las tareas que tenía pendiente la niña y saludar sin antes comentarle a sus primas que era hora de entrar a las niñas.

Inicia el calvario: Ya era tarde; alzó a su hija y se dirigió hacia el colegio; al llegar saludó a sus familiares y les expresó que no se demoraría pues uno de sus clientes, el abogado y ex personero municipal  Cesar Tulio Carvajal, no demoraba en llegar a su casa a trabajar en unos documentos que ella le estaba ayudando a redactar.

Se sentaron a tomar café y hablar un poco; su pequeña se dirigió hacia una de las ventanas mientras tanto; frente al colegio se encontraba una iglesia cristiana, a la niña le llamaba la atención ver cantar aquellos creyentes por lo que se quedó allí.

El reloj marcaba las seis y quince, era hora de irse pero al no haber terminado de revisar las tareas que su hija debería adelantar decidió quedarse un poco más, la niña abrió la ventana; el cielo ya se observaba algo oscuro; a los pocos minutos una gran explosión azotó aquel pueblo escuchándose el grito de la niña, y no solo sus gritos sino los gritos de dolor y desesperación de los que transitaban por las calles aledañas, pues aquel atentado terrorista dejaba demasiadas víctimas;  los techos caían, la gente corría, fuego y humo asechaban en centro de aquel pueblo.

En aquel momento María salió preocupada del colegio pues le inquietaba saber de la suerte de su hermano y de sus primas;  desesperación total pues al llegar a la esquina observó las casas prácticamente destruidas en su totalidad; entró a la casa de sus primas con la grata sorpresa de que a pesar de que el carro-bomba había detonado a pocos metros, todos sus familiares estaban ilesos… luego se enteró de que su hermano no se encontraba en casa.

Al volver a salir a la calle fue aterrador enterarse que uno de los heridos más graves había sido el cliente con el que trabajaría, pues él se dirigía en su vehículo a trabajar con María y precisamente en el momento en el que pasaba junto al carro-bomba detonó, causándole quemaduras en todo su cuerpo, especialmente en su rostro. 

En ese momento era imposible creer que sobreviviría; todo había colapsado y era casi imposible transportarlo hacia el Hospital de Duitama.

Las familias afectadas no solamente tuvieron que ver sus casas reducidas a escombros; también sus enseres. Hacia las 10 pm, comienza a llover. Atmósfera apropiada para que llegue la calma y se puedan mirar a las caras llenas de hollín. En sus lágrimas se reflejaban la impotencia, el dolor y la desesperación.

Mucha gente decidió irse hacia sus fincas para buscar algo de tranquilidad y refugio. María y su familia tuvieron que dormir aquella noche bajo los escombros y el frío inclemente; se escuchaban rezos y llantos; se podía percibir el terror; aún no salían de su impresión, pues la vida les había dado una mala sorpresa. No sabían cómo enfrentar lo que pasaba; los agobiaban el miedo y la desesperación.

Hoy, años después, más del cincuenta por ciento de las víctimas aún permanecen allí; asumen su pueblo como una tradición. Sus ancestros lo habían hecho así. Cuentan que aún tienen que soportar las llamadas “vacunas”  por parte de las FARC, con el fin de que los dejen trabajar. Soportan todo tipo de abusos, aunque ya con el pasar de los años se ha convertido en el pan de cada día. Ningún gobierno ha logrado hacer algo. Triste realidad frente a la que se resignan. Solo silencio e impunidad.

Junio de 2014,  Colombia está por elegir el nuevo presidente quien los gobernará y quizás arreglará la situación del país; en Socha esta clase de procesos dejó de tener importancia, pues así voten por el candidato de las mejores propuestas siempre quedan en el olvido; el destino es estar a merced de los bárbaros, y luego recoger escombros. Luego la tragedia, esa que significa aprender a vivir con esta guerra incesante e infinita.


domingo, 11 de enero de 2015

EL BARRIO DEL OLVIDO


Por Andrés Mendivelso

“La música urbana consiste
En que en cada encrucijada
Cada una de mis rimas
Quedan inmortalizadas”

René (Calle 13 “Que lloren”)

Existen varias maneras para habitar un barrio, una casa, un apartamento o una ciudad, pero sin duda, la desfragmentación que existe en el barrio San José Obrero es inexorable.

El barrio que quedó al olvido de transeúntes y de la ciudad, se convirtió en el mayor muladar de recuerdos de sus habitantes, que sin querer, tuvieron que seguir su vida cotidiana con el impedimento de un mal que acecha.

Entre sus fauces que abrió sin querer este barrio, existen aproximadamente 35 espacios de venta de licor donde se mezclan universitarios, gente común, revoltosa, calmada y otra que sin duda es la bestia más terrible que domina el barrio, y que vamos a denominar con una palabra común en estos tiempos, la “gaminería”.

Sin embargo, esta “gaminería” no es del  mismo barrio, son forasteros que llegan como ratas oliendo su  presa, y son astutos; el  que no se dé cuenta de su presencia y le siga el juego, la lleva con él. Sus madrigueras: los bares más reconocidos del barrio, como son “Procheli”, “La Caza Bar” y “Santa Aleja”.

En ellos reina la sevicia, no hay cómo controlarlos; la policía, -no se sabe si en realidad hay policía o solo son un grupo de parásitos verdes que están allí solo por moda- no hace nada. “Mucha policía poca diversión, un error”; esta es sin duda una de las grandes canciones del gran grupo de punk “Eskorbuto”, en la cual se demarca la problemática de esta institución, tampoco las sucesivas administraciones municipales.

Sí, esta es la realidad; la nueva generación que cambió todo. “No sé cómo te atreves a vestirte de esa forma y salir, así, en mis tiempos todo era alegría y confort”; letra de “Pachuco” de los artistas de “La maldita Vecindad”. Ejemplo  de esa generación que se abastece de consumo y de innovación.

Pero bueno, volviendo al tema; explicaré cómo son los fines de semana  en estos bares que tan solo dejan desilusiones, desconfianza y desahucios.

El jueves es un día que toman los universitarios para descansar del fatigante látigo de los trabajos. Eligieron este día porque muchos se van a sus casas y no pueden compartir con sus amigos. El jueves es un día tranquilo sin peleas y muy bueno para disfrutar.

Un jueves casi no viene “gaminería” y si hay peleas (que son muy pocas) son entre estudiantes, y estas peleas son (a veces) por chicas o quien sabe, que tal sea por una nota o por un trabajo.

El viernes la “gaminería” descansa para un sábado agitado. El viernes es para las personas que trabajan la larga semana y quienes quisieran que su descanso fuera eterno. Este día es especialmente para las personas maduras que cuentan sus ocurrencias laborales con sus camaradas de trabajo. El viernes casi no hay peleas.

El sábado (llegamos a la parte más fascinante de este trabajo) es el día privilegiado para la “gaminería”; lo único que impide su fiesta sangrienta es la lluvia, la ley seca que se da gracias a un paro agrario o a la farsa de elecciones, o a las fiestas en ciudades aledañas. Pero sin lugar a dudas este día es uno de los más horrendos de la larga historia del barrio.

Con otros de los habitantes del barrio reconstruimos el siguiente diario sabatino:

“Son las 4 de la tarde, todo está en silencio, solo se escucha el parpadear de los carros y el latido de los árboles; de repente, llega el dueño del bar con todos sus maleantes; lo primero que hace es poner esa música de la juventud post-basura (reggaetón, vallenato, el “serrucho” y demás) a un nivel exagerado. La “gaminería” husmea esta música porque esto es lo que los atrae, llegan aproximadamente entre las 10:30 pm y las 12:00 am; se da uno cuenta cuando ellos llegan, pues son numerosos sus grupos que no se bajan de los 5 integrantes; cuando son astutos suben unos pocos al bar y los otros se quedan al acecho; mientras tanto, los de arriba usan su olfato para las víctimas que estén solas y les empiezan a formar bonche o pelea; si la persona está borracha es peor, si por el contrario no lo está, esperan, buscan la manera de sacarlo del bar; cuando su operativo es exitoso, empieza el cruce de disparos de botellas; la adrenalina sube a su máximo tope, comienzan a decirse palabras grotescas y vulgares, -Me dio en una pierna ese hijue… (Se omite la palabra por haber niños pequeños o que aún no conocen, si se está leyendo se puede hacer el piiiiii de las películas), -Métale la puñalada, -Métale un puño a ese malp…, -Sáquele la plata a ese piro…. Uno viendo estas riñas callejeras queda exhausto, aterrorizado, dan ganas de vomitar hasta las lágrimas, el cruce de puños galácticos y de puñaladas con fuerza  bruta son terroríficos, sus listas sangrientas de víctimas siguen extendiéndose y no se puede hacer nada para acabar con esto”.

Pero en ese momento, uno se pregunta: ¿Y la policía?, ¿No es su deber velar por la seguridad de sus habitantes? No, ellos están durmiendo o en el baño; quién sabe; que tal estén pintando todo de rosado gracias a nuestra querida alcaldesa, pero mientras hacen estas cosas sin importancia, las luchas campales que se dan en este sector siguen dejando tasas muy altas de lesiones en riñas, y estoy casi seguro, que elevan las tasas de mortalidad.

Al otro día, hay sangre en la arena y no es del asesino; se convirtió en algo tan paradójico, que es imposible salir a la calle con la tranquilidad que se sentía antes; reina el miedo, reinan los sobrevivientes camuflados para no ser vistos.
Ahora, la mejor leyenda contada después de “La llorona” y otras leyendas más, da el premio Nobel de Literatura en ficción (debió superar a “Gabo” y sus “Cien años de soledad”), al bar “San Aleja” con su espectacular leyenda “La chica y el Diablo”.

-“La historia comenzó cuando una joven entró al establecimiento dicho, la joven se sentó con sus amigos a tomar y a conversar.

De repente llegó un hombre muy elegante que empezó a brindar trago a todos los que estaban en ese momento en el bar, después sacó a bailar a la mencionada joven. Ella gustosa aceptó, pero el hombre le hizo una advertencia que sería la última que iba a escuchar: “No me mires los pies”. Ella, por supuesto, no aguantó las ganas, le miró los pies,  y lo que vio fueron unas patas de caballo con fuego, ella asustada miró a su alrededor y las personas se habían convertido en monstruos. La chica se desmayó y entró en coma, del cual no despertó llevándose a la tumba toda la verdad.”

Este es el testimonio de uno de los habitantes del barrio, y es un relato que puede ser narrado por casi todos los habitantes de la ciudad. Sobre todo si se tiene en cuenta que la chica entró en coma y murió. ¿Quién iba a saber lo que ella vio al desobedecer la sugerencia del hombre?, ¿Qué pasó con el hombre? Según el testimonio del dueño de “Santa Aleja”,  en las cámaras la joven sale bailando sola. Pero lo paradójico es, que para estas fechas, el bar mencionado no contaba con cámaras.

Otro testimonio de los habitantes, es que la chica murió de una sobredosis de droga, lo cual se está investigando si la expenden en el dicho bar. Lo único cierto es que a la “Santa Aleja” no le luce el Santa.  Y así tenemos un barrio destruido por la ineficacia de las autoridades. Vecinos desesperados para quienes la justicia no funciona. Ni derechos de petición ni tutelas. Y mientras tanto el ruido inaudito que no deja dormir a nadie, y las riñas, y el consumo de tantas sustancias, han hecho que el barrio pase a ser considerado como la zona rosa de la ciudad. Esta debe ser la razón por la cual la alcaldesa no ha hecho nada al respecto; le gusta el rosado.





LAS SORPRESAS DE LA VIDA


 POR GERMÁN EDUARDO SANTAMARÍA HURTADO


Mi texto busca contar partes de la historia de vida de mi padre José Isaac Santamaría Montenegro. Él nació el 28 de abril de 1955 en la ciudad de Villavicencio, y allí vivía junto con su padre José Lucas Santamaría Rodríguez. Lo que más recuerda de su infancia es la pobreza; una bicicleta o un radio no eran un lujo que se pudieran dar. No tuvo muchas oportunidades de estudio; cursó hasta el grado tercero de primaria  en un colegio religioso dirigido por un cura. La alimentación no era muy buena;  vendía periódicos a los 8 años;  andaba con pantalones cortos, sin zapatos y una camisa de botones; dormía en una cama dura y usaban leña para cocinar; sin embargo él dice que extraña la niñez porque fue la etapa donde  podía jugar sin preocupaciones de ningún tipo. Su adolescencia fue aún más difícil, vivía y trabajaba en una finca junto con su padre.


A los veinte años trabajó en el Molino el Sol; compraba trigo; allí conoció a un señor que lo invitó a trabajar en el montaje de un molino de trigo. En Duitama estaba parte de su familia; se conoció con mi mamá Olga Lucía Hurtado Suárez por medio de su hermana, y al poco tiempo se hicieron pareja. Trabajó en una fábrica de carrocerías “Carrocerías Muisca” en la cual pintaba autos su jefe, Álvaro Gutiérrez. Trabajaba duro para poder vivir bien. En esos días vino un primo de Estados Unidos; su nombre era Germán Santamaría y se hospedó en un hotel de categoría en Duitama y lo invitó a cenar; le recomendó que se fuera a Estados Unidos para dejar de trabajar tanto y por tan poco; mi papá lo pensó y decidió que no tenía dinero para el viaje; sólo tenía una moto que compró años atrás; entonces decidió venderla y preparar su viaje.

El pasaporte lo sacó en el año 1986; compró ropa y acomodó a la familia en un mejor lugar; ese año nació su tercer hijo; preparó la maleta y solicitó la visa a México pero como eran demasiados requisitos para tramitarla, la solicitó para Guatemala y se la dieron; debía viajar el 4 de febrero de 1987; se despidió de su familia y viajó a Guatemala.

Cuando llegó a ese país el 4 de febrero hizo un larga travesía de 4 días; visitó muchos lugares en Guatemala; llegó a un pueblito que limitaba la frontera con México llamado la Mesilla y pasó la frontera ilegalmente; llegó al estado de Chiapas y viajó por la capital que se llama Tuxtla-Gutiérrez; hizo muchas amistades; en Rizo de Oro un pueblito, se trasladó en un tráiler hasta ciudad de México, de allí viajó a Guadalajara y de allí se trasladó a Culiacán.

Se hospedó en un hotel; el señor del hotel le recomendó que se fuera al medio día porque al pasar por los retenes en Sonora lo detenían y lo deportaban; él se fue del hotel y lo detuvieron en un retén en Sonora, pero el oficial que lo requisó lo dejó ir al ver su situación, sin embargo, le dio un consejo “quédate en Culiacán no vayas a Tijuana porque te tuercen”. Él tenía el pasaje a Tijuana, llegó a Culiacán y se dio cuenta que tenía que pasar por aduana y migración; se estuvo a un lado para que no lo detectaran; regresó al bus y se dirigieron a Tijuana; en Tijuana tuvo que pasar por la migración para revisar el equipaje y los documentos; alistó 20 dólares, y cuando el oficial de migración le pidió los documentos, le ofreció los 20 dólares y lo dejó ir; de allí se fue para Tijuana.

Se fue en un bus hasta el centro de la ciudad; el señor los llevó a diferentes destinos; mi padre pidió que lo llevara al hotel La Mesa; en una conversación con su hermana le dijo que se hospedara allá mientras miraban cómo hacían para traerlo a Estados Unidos; el conductor le aconsejó “si acaso te agarra la migra di que eres Mexicano no que eres Colombiano porque te deportan, si te preguntan en donde naciste di que en Acapulco, allí hablan parecido”. Mi padre se dirigió al hotel, se acercó y preguntó por el valor de una noche. Le dijeron que 30 mil pesos. El hotel tenía piscina. Sin embargo era todo el dinero que tenía, así que le tocó buscar uno más económico. Consiguió uno de 10 mil pesos.

Al siguiente día fue a recorrer Tijuana y en el recorrido llamó a Estados Unidos. Le dijeron que estuviera listo porque un coyote lo iba a pasar. Le dieron instrucciones de ir a un lugar específico. Fue hasta ese lugar y le dijeron que se prepara porque lo pasarían esa misma noche a Estados Unidos. El coyote iba con una mujer embarazada, también un mexicano con su esposa, y un pandillero nicaragüense con el que tuvo que hacer pareja porque debían ir en grupos de dos personas a las dos de la mañana. El 17 de febrero de 1987 cruzaron la frontera a Estados Unidos. Llegó a San Isidro California en donde estuvieron escondidos tres días en una casa; luego fueron a un pequeño aeropuerto en el cual abordaron una avioneta que los llevaría  al centro de California.

En los Ángeles lo recogió su primo y lo llevó a donde su hermana en un apartamento; él estaba muy prevenido por el tema de la migración, sin embargo ya estaba más tranquilo.

Ya en Estados Unidos trabajó por un tiempo con su primo que era plomero, pero con el tiempo lo ayudó a conseguir trabajo en una fábrica de fundición. A  los 8 días llamaron a la casa en dónde vivían y preguntaron por el colombiano; se dirigió a la fábrica y comenzó a trabajar; aprendió rápidamente. El trabajo consistía en coger partes de cera para fundirlas en forma de moldes, y así se hacían partes de autos, armas, palos de golf y partes de avión; su jefe se llamaba Christopher Tobar. Mi padre me dice que tuvo mucha suerte porque él no conocía nada sobre la fundición  y se le facilitó, así que el jefe notó que era un muy  buen empleado y lo empezó a tener en cuenta.

En su estadía en Estados Unidos trabajó 2 años y medio en la fábrica de fundición; conoció muchos lugares; y con el tiempo pudo comprarse un carro para desplazarse; un día el jefe llegó con un vendedor de autos; el auto que vendían costaba 300 dólares, era un Chevrolet Impala clásico; ese era el dinero que mi padre ganaba en una semana. El jefe le prestó el dinero. Sin embargo tuvo que venderlo porque se recalentaba. Se compró una moto de 650 cm3 que también tuvo que vender. Compró un Chevette que le costó mil dólares. Lo vendió cuando ya se iba a regresar a Colombia. Mientras estuvo allá envió dinero a su familia.


Ya a su regreso mi padre se consolidó como comerciante, y abrió un pequeño hotel llamado Hotel Sander, y con los ingresos que produce mantiene a su familia.

No me queda más que decir; la vida es una continua caja de sorpresas.  Quizás otro día cuente cómo una tarde llegó una hermana de mi padre de quien no había sabido nada en 25 años. Son historias que nos sorprenden en el transcurso de nuestra vida. Cómo esas historias de mi padre. Imaginármelo en todos esos países, con ese temor, con esas ganas de salir adelante. Un día estás en un país subdesarrollado, otro en una potencia, al siguiente con un negocio que pudo montar con sus ahorros, y así mantener a la familia estando con ella. Mi padre me ha comentado que ha pensado en volver a los Estados Unidos pero esta vez lo quiere hacer legalmente; está en continuo contacto con su hermana para tramitar los papeles  y la visa para vivir legalmente; ahora solo queda esperar que sorpresas nos depara la vida.








martes, 11 de noviembre de 2014

LA EXTINCIÓN DE LA MEMORIA


Por Cristian Joaquín Botía Romero


Me propuse hacer un recuento de las casas antiguas de la ciudad que ya han desaparecido y que desaparecerán debido a múltiples razones. Muchas de ellas fueron fabricadas con barro, y se constituyen en parte de la memoria desaparecida de la ciudad.

Para su realización hicimos entrevistas a algunos de los propietarios de estas viviendas, y recorrimos la ciudad cartografiando su ubicación y fotografiando las casas.

La ciudad de Duitama los últimos años ha estado derrumbando las casas antiguas dando paso a la modernización sin pensar que estas viviendas están hechas con barro, caña brava, tamo y agua y que por lo tanto son la verdadera memoria de la ciudad en el sentido en que son vestigio de épocas pasadas.

Pensamos que estas casas son de mucho valor histórico para la ciudad y que además debería exigirse por lo menos una foto antes de ser derrumbadas; así podríamos hacer la memoria de la ciudad.




Una de las entrevistas se la hicimos a don Josué Martínez quien  cuenta que su casa que queda en la dirección Cra 20-11-15, fue construida aproximadamente hace 72 años, y varias veces se la arrendó a familias humildes sin problemas, pero los dueños actuales dicen que es muy incómoda por el frío y la humedad acumulada, por lo cual las condiciones  de vida son muy difíciles de llevar  y por estos motivos se hace necesaria la opción de venderla para situarse en un mejor lugar; lamentablemente será otra casa antigua que desaparecerá.


Otra propiedad que está a punto de desaparecer es la antigua casa que queda en la cra 9 con 11 que perteneció a don Juan Pablo Higuera pero que ahora pasó a manos de su hija como herencia; ella nos contó que la casa es ya una estructura demasiado dañada por lo cual no sabe qué hacer pues quisiera mantenerla por respeto a su padre pero que el arreglo es demasiado costoso.

Es importante que los integrantes de Duitama conozcan la importancia de su legado; incluso no es mala idea poner a pensar a la gente sobre el significado de lo que se conoce como patrimonio histórico,  y a partir de ahí relacionar el concepto con lo que se llama civismo, que se pregona pero que a veces no se aplica. Como ciudadanos tendríamos que generar alternativas de colaboración que permitan hacer entender a la comunidad la importancia de nuestro patrimonio, porque nadie puede defender lo que no conoce.

Otra casa que está en el olvido es una antigua casona que desapareció en el barrio San Juan Bosco y que fue derrumbada para construir una antena de recepción celular, que de todas maneras no se construyó debido a la presión de la comunidad.  

No encontramos ninguna fotografía de la casa, sin embargo queda en la memoria de las personas vecinas del sector.  Esta casa fue construida con un molde especial que tenía 15 cm de ancho, 25 cm de largo y 6 cm de fondo. Así fue construida  la casa de doña Lucrecia Torres. Fue levantada sobre seis pilares que tenían la función de soportar la casa por un costado. La casa tenía  estufa de carbón, 4 piezas de 4x4 metros cuadrados, una huerta, un patio, y un pozo de agua. Muchas de estas casas no contaban con agua potable, y no tenían servicio de alcantarillado. Incluso muchas eran muy húmedas.  

Otra casa antigua está en el sector de San Juan Bosco que queda en la cra 22 – con 88 y fue derrumbada totalmente para poder construir un edificio de apartamentos.

Debemos tener en cuenta los recuerdos que traen estas casas para las personas mayores, ya que ellos vivieron en ellas toda su vida. En estas casas y en estos lugares tienen todos sus recuerdos de infancia y juventud; toda su vida se ve frustrada al ver cómo lo que ellos consideran parte de sí mismos pronto pasará a ser un montón de escombros.


Buscando la definición de Patrimonio cultural para poderla compartir con ustedes, encontré la siguiente: “El patrimonio cultural es la herencia cultural propia del pasado de una comunidad, con la que esta vive en la actualidad y que transmite a las generaciones presentes y futuras”. Sé que es complejo el problema de pensar que estas casas antiguas hacen parte de nuestro patrimonio, sin embargo ver cómo las derrumban sin que exista al menos una fotografía hace que el problema de transmitir algo a las futuras generaciones como señala el concepto, sea discutible.

Las casas coloniales o de barro son el mejor recuerdo que tenemos de una sociedad sana, llena de pequeños detalles y con corazón, con ganas de salir adelante, de trabajar por lo que se quiere y demostrar que los sueños de tener algo propio y luchar por lo nuestro, sí vale la pena y tiene la mejor recompensa que es el amor y el recuerdo de lo propio.

Podemos concluir que con este trabajo pedimos  recordar  las casa antiguas de barro como una forma visual de recordar una Duitama antigua y de mantenernos en equilibrio con nuestro pasado. Ahora, debo agregar que las fotografías las tomé con mi celular… y que he ubicado en el mapa de mi proyecto casi 150 casas…

















lunes, 10 de noviembre de 2014

MI ABUELO UNO DE ESOS MUCHOS HÉROES Y SIN EMBARGO UN ANCIANO MÁS


 Para Martín David Rincón

Por Jhon Sebastian Suarez Rincón





Un anciano olvidado es como un libro viejo sin leer. Por eso quiero contar algunos rasgos de la vida de mi abuelo. Una persona que tuvo que salir del campo para enfrentarse con la ciudad, una gran mole que para una persona que viene del campo es más difícil de llevar; también narro parte de su vida y todo lo que tuvo que pasar aunque hoy en día él no se acuerde de lo que hizo el día anterior y así vaya a suceder por el resto de sus días.


El 5 de julio de 1949 nació mi abuelo Martin David Rincón en el pequeño pueblo de Santa Rosa de Viterbo; sus padres se llamaban Rosendo Rincón y Evangelina Rincón y tuvo que vivir con 7 hermanos. Todos  dormían en una sola pieza; solo cursó hasta segundo de primaria en una escuela de Santa Rosa de Viterbo.

Santa Rosa es un pequeño pueblo muy tranquilo con su iglesia y su parque. Cuando mi abuelo era un niño, el parque estaba rodeado de casas de adobe y barro.

En ese entonces las personas no tenían Facebook ni existían los teléfonos inteligentes que hoy en día nos facilitan nuestra vida diaria; no todos los niños tenían la posibilidad de estudiar por falta de recursos. Esto es curioso porque hoy en día cuando el estudio es gratis lo único que hacen los jóvenes es meterse en su celular a chatear porque eso es lo único que les gusta leer.

Mi abuelo es un hombre que no tuvo la posibilidad de estudiar por falta de recursos. A sus doce años tuvo que dejar su niñez atrás y comenzar a enfrentarse a un mundo lleno de obstáculos; dejando su hogar y a sus padres  aprendió que solo luchando y trabajando podría llegar a ser alguien en la vida.

Debido a su corta edad pudo trabajar como ayudante de un camión vendiendo comida en diferentes ciudades como Duitama, Tunja y Bucaramanga.

Mi abuelo fue una persona que logró encontrar su propia forma de trabajo; y yo creo que se trata de un arte mítico, eso digo yo, porque no creo que esto se vea  frecuentemente en la sociedad; para sacar a su familia adelante se desempeñó como comerciante y conductor de su propio camión con el cual llevaba mercancía (cotiza) a diferentes lugares de Arauca y el Tolima; con este trabajo logró comprar su casa, y darle educación a su hija, algo que a él no le dieron

Cuando pregunto cómo hizo mi abuelo para aprender a manejar; la respuesta se dirige a la infancia de mi abuelo. Luego de salir muy joven de la casa paterna porque no estaban bien económicamente con lo poco que cultivaban y podían vender en la plaza de mercado, se fue a trabajar con su tío Juan, quien le daba la alimentación y un lugar para dormir; también le enseñó a manejar, le ayudó a sacar el pase y así fue como comenzó.

Después de esto se fue a Venezuela a echar machete en una platanera; estuvo una año y siete meses en una hacienda que estaba muy alejada del pueblo (Estado Táchira); en este trabajo ganaba ocho bolívares diarios, en un mes eran doscientos  cuarenta bolívares; pero se devolvió porque extrañaba a su esposa y a su hija quien ya tenía un año y ocho meses de nacida.

Después comenzó a ahorrar para comprar su camión y ya no depender de los demás, y en este transcurso conoció a un señor llamado Pedro García en el pueblo de Santa Rosa de Viterbo. Éste señor le habría enseñado a  elaborar  una alpargata y con é empezó a viajar a Tame, Saravena y Arauquita. Mi abuelo me cuenta que al comienzo le daba miedo viajar porque había guerrilla y los podían bajar del camión y quemarlo; él decía que después de un tiempo no le daba miedo porque ya lo conocían y sabían que lo único que él hacía era transportar la cotiza también; me dice que cuando hacían retenes él se bajaba del carro y les gastaba un tinto a los guerrilleros que ya lo conocían.


Esto fue así durante unos trece años, hasta cuando lo robaron en un restaurante en la vía Tame - Saravena porque sabían que llevaba más o menos unos quince millones de pesos de ganancia; él dice que tal vez le pudieron dar una sustancia en la sopa porque empezó a sentir mucho sueño y tuvo que parar en un hotel más adelante y ahí fue donde lo robaron; también sé que el lugar donde ocurrió esto ya no existe; cuando despertó estaba en un hospital porqué lo había llevado su amigo Alfonso Niño.

Después amenazaron con matarlo si volvía a ir a estos lugares, así que no volvió y como sus únicos clientes estaban en estas ciudades dejó de fabricar la cotiza y se dedicó a trabajar con su camión ya viejo, en Duitama.

Con el tiempo se enfermó de sus rodillas y sus brazos, y pronto tuvo que dejar de trabajar por el dolor que le causaba; los médicos le aconsejaron que se jubilara y pues él se resignó y tuvo que vender su camión; además cuando lo vendió lo robaron porque no le dieron todo el dinero; y el viejo camión lo vendieron por partes y por chatarra; eso es lo que me contaba mi abuelo con dolor.

Hace poco más o menos un año él había empezado a vender comida (cochinitos) en la calle con un canasto; él iba de taller en taller y pues así él estaba volviendo a sentir útil y podía volver a contribuir con los gastos de la casa; todo iba bien hasta que el 28 de diciembre de 2013 él tuvo un A.C.V (accidente cerebro vascular).


Nos dijeron que él ya había tenido tres episodios anteriores; duró varios días en el hospital y en este transcurso olvidó quien era, o qué era lo que hacía, o quién fue en el pasado; lo único que recordaba era a su familia; hace un mes nos dieron la noticia de que él iba a olvidar las cosas y de que él no se iba a recuperar y que lo único que podíamos hacer era pasar con mi abuelo, el mayor tiempo posible, hasta que se fuera…

Por eso lo único que digo es que hay que aprovechar a estos héroes que nos pueden sorprender con sus historias que parecen algunas veces de ficción pero que son ciertas.